Balonmano

La locura de Granada en la Liga ASOBAL

Julio Muñoz se dispone a lanzar a meta en un encuentro del Huétor Granada./IDEAL
Julio Muñoz se dispone a lanzar a meta en un encuentro del Huétor Granada. / IDEAL

El Huétor Tájar protagonizó un accidentado paso por la máxima categoría nacional en la campaña 1994/95 | Su precariedad motivó impagos, huelgas, la amenaza de la retirada, dos dimisiones del técnico y el descenso con una jornada de antelación

Sergio Yepes
SERGIO YEPESGranada

Que el Grupo SGT Bus de Maracena figure como segundo clasificado del grupo G de la Primera Estatal y así esté postulándose para lograr el ascenso a la segunda categoría nacional -la División Honor de Plata- permite evocar que en la principal -la Liga ASOBAL- llegó a existir una caótica representación de la provincia. Una 'delegación' tan condicionada que su periplo llegó a ser sonado y fugaz. El 1 de mayo de 1994 el Huétor Tájar Granada culminó su tercera temporada en la extinta Primera A logrando saldar con una exitosa segunda plaza la fase de ascenso disputada en el propio Palacio Municipal de Deportes.

Lo cierto es que así firmaba el capítulo más brillante desde su creación en 1975. Pero la planificación en precario con que finamente despejó las dudas de su participación en la élite trascendió en una crisis institucional tan acentuada que hizo inevitable que el 1 de abril de 1995 acabara consumándose su descenso con una jornada de antelación. La acumulación de impagos, un par de huelgas de la plantilla con amago de retirada e incluso la descomposición de la directiva que presidía Fernando Calle motivaron que se viviera una temporada «de pesadilla», dijo el técnico Juan Antón. El cuadro iliberitano acabó vendiendo sus derechos a Eresa Valencia como triste punto y final a un ejercicio que en contraste deparó la explosión del canterano Julio Muñoz. Sin lugar a dudas, la estrella de un plantel que se apuntaló con los metas Miguel Herrero (Conquense) y Juan López (Alcalá), el central Mike Novakovic (Metaloplástica), los laterales Pedro Bago (Seguros Solís) y Eugenie Doudkine (Iberdrola) y el extremo Héctor Umbert (Granollers).

Que fuese el 19 de agosto de 1994, a sólo nueve días del inicio de competición, cuando el entrenador alicantino renovara el contrato que le ligaba por una temporada más al equipo al que había llegado en 1991 fue sólo el punto de partida del cúmulo de despropósitos acaecidos. «Es la mayor locura de mi vida, pero no puedo abandonar, porque si no esto ya no tiene solución», dijo el estratega para justificar su continuidad y aludir a la falta de planificación que ya por entonces atenazaba al equipo. Al principal doliente de los descuadres económicos que arrastraba del pasado.

El equipo acabó último con tres victorias y seis empates y al final vendió sus derechos

El presupuesto elaborado ascendía a 43 millones de pesetas que no se llegaban a cubrir con las aportaciones anunciadas por Diputación (10), el Ayuntamiento de Huétor (5) y el de la capital (5). Y el hecho de que pronto quedara en evidencia esto, y también sus consecuencias, ya motivó que el propio Antón presentara la dimisión el 20 de septiembre de 1994. El Huétor Granada era penúltimo tras las cuatro primeras jornadas -saldadas con derrotas ante Valladolid (30-24), Teucro (22-35) y Elgorriaga (28-32) y un empate intercalado en Alcalá (26-26)-, pero en el plano organizativo estaba aún peor.

Ahora bien, que la directiva se comprometiera a comprar material deportivo y crear una infraestructura, así como liquidar deudas con los componentes del plantel, hizo que Antón reconsiderase su postura un día después. Y que así siguiera al frente de un colectivo en el que renovaron el central 'Peri' Carmona, los laterales Julio Muñoz e Israel Pérez, los pivotes Justo Rodríguez y Fran Pérez y los extremos Rubén Peña, Ignacio Chirosa y Antonio Borregón.

Pero nada fue a mejor. El 26 de octubre Antón explotó nuevamente y después de que se hubieran producido otras cinco derrotas contra Barcelona (36-15), Gáldar (32-35), Granollers (32-27), Teka (19-30) y Octavio (36-32), lo que se seguía traduciendo en la ocupación de la décimo quinta plaza. Las palabras del preparador fueron elocuentes para radiografiar la situación que existía. «La directiva nos falta el respeto a mí y a los jugadores. Mi condición para seguir era que me pagaran la deuda anterior. Me dijeron que aceptara un talón y como un gilipollas acepté. Cuando venció no tenía fondos». Sin duda, todo un cisma que Calle no pudo maquillar -«el entrenador no engaña»- pero que era sólo el preludio de una mayor tormenta. Porque el presidente también dijo que «aquí está el club por si alguien piensa que puede hacerlo mejor». De este modo dejó claro que no tenía soluciones para el equipo que había nacido con ideas formativas y en sus orígenes llegó a jugar en una nave de espárragos.

Así, desde el 7 al 10 de noviembre la plantilla se puso en huelga por debérsele algo más de dos nóminas. Pero el orgullo de los jugadores propició que el final de la primera vuelta fuera decorosa. El primer triunfo cosechado -ante Ademar (20-19) el 29 de octubre- espoleó al Huétor hasta el segundo -Alzira (25-24)- y a tres empates seguidos -Conquense (16-16), Guadalajara (23-23) y Soliss (30-30)-. Eso le hizo culminar la primera vuelta en la antepenúltima plaza con 8 puntos, a tres del fatídico farolillo rojo que obligaba a bajar directamente.

Comisión gestora

Lo triste fue que aquello sólo tuviera el efecto de una 'aspirina'. El 6 de febrero Juan Antón dijo nuevamente que se iba. El equipo era colista tras empatar con Valladolid (23-23) y perder con Teucro (31-24), Alcalá (24-28), Elgorriaga (22-17), Barça (23-32), Galdar (39-31) y Granollers (24-20). Pero lo grave era que el club tendía a la desaparición. Eso es algo que incluso propició que un día después fuese el alcalde de Huétor Tájar, Manuel Molina, quien creara un gestora para hacerse cargo de la entidad a la deriva por la espantada de la directiva. Antón reculó y rezó, pues pese a que el plantel dio fin a otro paro en los entrenos, aún se necesitaban quince millones para acabar el curso.

Cierto es que la nueva derrota ante el Teka (33-30) dio paso a un último triunfo contra Octavio (31-30) que alimentó el sueño de la salvación. Pero el tropiezo ante Ademar (30-22) y sobre todo un empate ante otro rival directo como Maristas Málaga (23-23) en el Palacio resultaron claves. Más si cabe que los posteriores fracasos ante Alzira (31-30) y Conquense (27-23). Ante el Guadalajara el Huétor necesitaba ganar y que Maristas pinchara para aspirar a la promoción por la salvación. Pero perdió por 25-27 y así hizo intrascendente el duelo ante Soliss (33-31). Su saldo como colista fue de 3 triunfos y 6 empates en 30 choques. La venta de sus derechos al club de Valencia que compitió en ASOBAL por diferentes circunstancias, el bálsamo para tapar deudas.

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