Estamos jugando, respétanos

Los futbolistas de la UD Monachil lanzan esta temporada un mensaje muy claro a quienes enturbian los partidos: "No al racismo. Respeto"

José, que ya se ha estrenado como goleador esta temporada, agarra la red de la portería junto a sus compañeros del equipo alevín. / ALFREDO AGUILAR
CÉSAR GUISADO GRANADA

Cuando Asnake pitó el final del partido y se recluyó junto a sus auxiliares de línea en el vestuario de árbitros, reconoció que el encuentro de la liga asturiana que había dirigido se había convertido en un auténtico infierno desde el primer minuto. A él, que es de origen africano, lo insultaron muy gravemente por el color de su piel y a Sonia, su ayudante en la banda, por ser mujer. Aser, el otro asistente, también recibió una buena dosis de violencia verbal, sólo por estar haciendo su trabajo, como sus compañeros.

Parece mentira, pero aún en pleno Siglo XXI, menospreciar a cualquier persona por su sexo, su condición sexual o por el color de su piel, adquiere una normalidad asombrosa siempre que tengamos un escenario deportivo de fondo. A nadie se le ocurriría cuando va paseando por la calle y al cruzarse con un chaval de 14 años, decirle: «eres más negro que la carne de perro». Pero a Frank se lo dijeron hace dos temporadas cuando jugaba al fútbol en el Armilla y harto de la situación, decidió no seguir participando en ese partido. Sus compañeros lo comprendieron y se dispusieron a apoyarlo con una medida excepcional, que llamara la atención. No salieron del vestuario al finalizar el descanso.

Por aquello, la federación les acabó dando el partido por perdido y además fueron sancionados. A veces no hay que irse a casos muy extremos para darnos cuenta de que, como sociedad, algo está fallando cuando a José Manuel, la FIFA no le deja jugar en el Numancia al no contemplar la figura del refugiado político en sus normas. A veces, tampoco necesitamos mirar muy lejos para descubrir a un xenófobo. O a un racista. En definitiva, a un violento. Moisés, que es juvenil y juega en el Monachil, dice que la pasada jornada recibió insultos en Iznalloz, por el color de su piel. En este caso, le pareció tan ridículo aquel tipo, aquel racista, que prefirió continuar jugando y demostrarle, que no iba a poder con él. Cada uno, lo afronta a su manera. Cada uno, manda en su propio umbral del dolor.

Una idea original

Precisamente la Unión Deportiva Monachil ha tenido una idea muy original esta temporada. Como no ha conseguido encontrar un patrocinador esta temporada, se les ocurrió lanzar un mensaje muy claro, diáfano: ‘No to racism. Respect’. Es el lema de la UEFA que precede a los partidos de la Champions League. No al racismo, respeta.

En definitiva es una forma de plantar cara a los violentos del fútbol, que también los hay en el modesto, el de la cantera. Se le ocurrió a Frank, el papá del portero Lucas. Juanma Fernández es el Coordinador de la Unión Deportiva Monachil y cuenta cómo emergió la idea: «se le ocurrió a Frank, que es alemán y en su país existe cierta cultura por este tipo de mensajes en el deporte. Y la verdad es que es llamativo porque el día que estrenamos la camiseta, en diciembre, los niños salieron del vestuario y se hizo el silencio en la grada. Los padres se dieron cuenta del mensaje. Es algo llamativo y diferente que también hacer ver a los niños que nuestro juego debe reflejar lo que dice nuestra camiseta. Por eso, es una herramienta que podemos utilizar para trabajar valores», explica.

En el equipo juvenil de la UD juegan algunos futbolistas extranjeros. Uno de ellos es Moisés, de la República Dominicana, central del equipo y todo un baluarte para su entrenador Adolfo Reyes, quien ha encontrado en su jugador a un defensor comprometido y de notable poderío físico. Otros, como Omar, son granadinos aunque de padres foráneos. En su caso, su madre es marroquí. Y también ha tenido que lidiar con algún que otro burro de graderío.

Omar es el delantero y toda una referencia no sólo para el equipo sino en la categoría. Esta temporada ha hecho once goles siendo el máximo tercer goleador del grupo en la Cuarta juvenil. Además, su discurso deja entrever a un futbolista distinto. De los que no abundan. Capaz de lanzar un mensaje nítido, cargado de madurez y de razón, sostenido de buenos argumentos. «Con el racismo no cabe otra que aislarlo y para eso lo que debemos de hacer como civiles es señalar al que insulta cuando lo escuchemos y así denunciar para que no lo vuelva a hacer. Y si tenemos que jugar los partidos sin público, no me parece una mala idea», explica rotundo.

A Moisés le parece que «para ver o jugar al fútbol, tienes que venir educado desde tu casa» y que muy a su pesar todavía «hay mentes muy cerradas, que tendrán que abrirse poco a poco. No sé si será porque sus padres no los han educado, que por eso ellos siguen insultando», se pregunta.

Una reflexión

Fue Moisés el futbolista al que un espectador insultó hace unos días en Iznalloz. Y quizá de su experiencia nazca una reflexión que contagia «no entiendo por qué los aficionados quieren que sus equipos paguen millones por futbolistas de otras razas que juegan muy bien, pero cuando ven a otros jugar en el fútbol modesto, sin cobrar igual ni ser tan famosos, los insultan», dice, apuntando posiblemente al clasismo, fuente en la sociedad de las conductas xenófobas.

«También sucede en el campo y es algo que da pena. Algunos jugadores te insultan por tu raza para hacerte sentir peor persona e intentar ganarte una batalla psicológica», dice Omar. Por eso, al racismo, hay que combatirlo dentro y fuera del terreno de juego como hace esta temporada la UD Monachil. «Y si para ello tenemos que abandonar un partido, lo haremos. O si tenemos que dejar de jugar y sentarnos en el césped hasta que se solucione, también lo haremos», le refrenda su coordinador.

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