Tenis

El granadino que alza la voz a Federer y Nadal

El granadino que alza la voz a Federer y Nadal

Sobre el asiento dirigió en Campeonatos de España o en ATP Challengers, mientras que como juez de línea en Wimbledon o en el US Open. Javier Estévez es árbitro nacional y juez de silla internacional chapa blanca

SERGIO YEPES GRANADA

Javier Estévez, traductor e intérprete en inglés que también se defiende en francés o en italiano, se define como una persona tranquila, apacible, pero no como intolerante. Tampoco como autoritario, pero puede presumir de ser el único granadino que ha alzado la voz a gigantes de talla mundial. A auténticas figuras, algunas reconvertidas en leyendas, a las que incluso puso 'falta' cuando igualmente se lo exigió el cumplimiento de sus obligaciones.

En noviembre de 2006, y tras derramarse su gusto por ser responsable de una competición, se convirtió a los 16 años en árbitro nacional de tenis. Ahora que cumple 28 lleva a gala haber dado buen uso a esa titulación que le convirtió «en el colegiado más joven del país», pero también a aquella otra que acredita desde 2013 su especialización como juez de silla internacional con chapa blanca.

Sobre el soporte con asiento comenzó dirigiendo partidos del Campeonato de España Absoluto para pasar a simultanearlos tras la última graduación con los de hasta cuartos de ATP Challengers o incluso con la totalidad del ITF Futures. Pero valiéndose igualmente de su acceso original al arbitraje, se fue prodigando como juez de línea en «todos los campeonatos del mundo», en encuentros correspondientes a torneos del World Tour Masters 1000 o incluso del Grand Slam. Con la acumulación de competencias, no sólo quedaron bajo su 'jurisdicción' figuras patrias como «Garbiñe Muguruza, Roberto Bautista y Pablo Carreño» o emergentes de todo el planeta, sino que además una constelación de estrellas entre las que brillan con luz propia el suizo Roger Federer y el español Rafa Nadal -en categoría masculina- y la rumana Simona Halep y la danesa Caroline Wozniacki -femenina-, que son precisamente a quienes llegó a gritar sin complejos «out» cuando sus bolas se marcharon fuera.

Hasta llegar a ese momento que «siempre gusta» de «entrar en partidos con tenistas que son 'top'» pero a los que levantar la voz no le representa «ningún placer especial», Javier Estévez fue cubriendo diferentes etapas. Se recuerda como jugador afiliado a la Real Sociedad de Tenis. Después, dándole también a la raqueta pero además «ayudando en la preparación de pequeños torneos». Algo que le gustó y que le hizo tomar en consideración la sugerencia de «irme a Madrid para hacer el curso de árbitro nacional». Fue así como dejó la práctica regular del tenis y también lo de ser ayudante de organización. Acabó logrando ser homologado para ejercer con potestad. En el ámbito nacional, como juez árbitro (la máxima autoridad en un campeonato) y juez de silla (en un partido) mientras que en el internacional, como juez de línea. Como uno de los nueve colegiados que vigilan las otras tantas rayas del rectángulo de juego para comprobar y cantar si la bola jugada es buena o mala. Ya no sólo podía «disfrutar» uniformado con la dirección de un buen partido a 175 centímetros de altura, sino que también «sentir la presión» de evaluar con precisión a ras de pista a verdaderos cracks.

Djokovic

«Como juez de línea he estado en las ediciones 2014, 2015 y 2017 de Wimbledon. O en la última del US Open. Pero también he arbitrado en otros torneos prestigiosos. Por ejemplo, con Roger Federer coincidí en el ATP 500 de Rotterdam de hace unos días y en los Masters 1000 de Madrid (desde 2008) y de Roma (en 2010). Y con Rafa Nadal también en varios eventos entre los que se encuentran los dos partidos más importantes en los que creo que he estado. Son los que ganó al argentino Juan Martín del Potro, con motivo de la Copa Davis que se celebró en Sevilla en 2011, y al serbio Novak Djokovic, en la semifinal del ATP Masters 1000 de Montreal en 2013», dice quien así puede valorar a los dos primeros del escalafón masculino desde una perspectiva distinta a la del aficionado.

«Hay algunos tenistas que por su personalidad te llevan más al límite que otros. Pero Federer no exige mayor concentración que cualquiera por ser el número uno. Y Nadal ha tenido algún problema cuando le han dado advertencia por el tiempo. Suda mucho y eso hace que tras la disputa de un punto vaya siempre a por la toalla, lo que a lo mejor le lleva a consumir los 20 o 25 segundos que tiene para sacar o restar», dice quien se expresa con «precaución» porque no olvida que queda sometido a un código de conducta que precisamente le lleva también a evitar la cercanía.

«Conforme vas arbitrando a los tenistas en mayor número de partidos crece la relación de confianza en el sentido de que te van conociendo, de que sabes cómo actuar con ellos en la pista. Pero aunque sí que te pueden saludar, fuera de la pista no podemos tener contacto. Por eso nada de fotos, de seguirlos por redes sociales o ser amigo de alguno de ellos», explica Estévez al repasar un reglamento que también le impediría tener de pareja a una jugadora. Y es que en definitiva se debe a un conjunto de normas que se sabe al dedillo porque lo ha tenido que aplicar también en los «cerca de novecientos partidos» que ha dirigido en «unos veinticinco países» pero ya como juez de silla. Y subiendo.

Porque aunque señala que «por ahora estoy probando» lo cierto es que no quiere dejar de mejorar su estatus. En función de cómo se desarrollen los próximos cursos en Madrid y en Hamburgo tendrá la oportunidad de convertirse en juez de silla bronce, lo que le habilitaría para ejercer en primeras rondas «de todos los campeonatos, incluidos los del Grand Slam». Y claro, así tendría la oportunidad de seguir estando en la proximidad de astros a los que mostrar que en eso de «dar una respuesta sin dudar» o de «no sentirte intimidado por muy importante que sean los tenistas», caso de Federer, caso de Nadal. Él también es una figura importante en lo suyo.

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