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El calvario de una entrenadora granadina en Barcelona: «Vete a tu casa a limpiar»

Rivi, de pie a la derecha, con el equipo juvenil masculino Can Mir-Rubí que dirige. /IDEAL
Rivi, de pie a la derecha, con el equipo juvenil masculino Can Mir-Rubí que dirige. / IDEAL

Rivi comanda al Can Mir-Rubí juvenil, un equipo masculino en Barcelona

CÉSAR GUISADOGRANADA

Lo que no pudo hacer ninguna portera, ninguna defensa o la rotura del cruzado anterior de su rodilla, es decir, alejar a Rivi del fútbol, casi lo consigue una turba de descerebrados. De quienes acuden a un campo de fútbol para jugar o verlo desde la grada y cuya sola presencia acaba por embarrar todo a lo que se le pueda llamar deporte formativo. Rivi es la coordinadora del equipo de fútbol Can Mir-Rubí, de Barcelona, donde además ejerce como entrenadora del equipo juvenil masculino. Hace unos días, durante un encuentro de liga frente al San Pere Nord, perteneciente a la Segunda división catalana, tuvo que soportar que padres y aficionados le gritaran expresiones como «hija de puta», «vete a fregar los platos» o «vete a tu casa a limpiar». No sólo esto. Durante el partido, con victoria momentánea del Rubí por 1-3, comenzaron a llover las amenazas hacia los jugadores desde la grada «a la salida os vamos a dar la del pulpo» y «hoy no salís vivos de aquí».

Agresiones

Amenazas que se acabaron cumpliendo. Con el 3-3, una expulsión de uno de los futbolistas locales hace saltar a entrenador y jugadores del banquillo del San Pere, que rodean al árbitro. Aprovechando la confusión, varios aficionados acceden al terreno de juego y comienzan las agresiones hasta tal punto que el portero del Can Mir recibe un puñetazo en la nuca que lo deja sin conocimiento en el suelo, según se refleja en el escrito que el propio presidente del club ha remitido a la Federación Catalana de Fútbol. Con jugadores y entrenadora a la carrera hacia el vestuario para protegerse, el equipo consiguió abandonar la instalación escoltado por los Mossos d'Esquadra, ante quienes horas más tarde se interpondría una denuncia.

Al árbitro Barrouhou Airir, de origen marroquí, también anotó en el acta del partido los insultos de corte racista que recibió, además de los intentos de agresión que finalmente y con la ayuda de los jugadores del Can Mir, consiguió esquivar.

La entrenadora del equipo está desolada. «Estoy muy desilusionada y fastidiada porque en ningún momento me he sentido arropada como mujer por parte de las autoridades de Rubí», dice la granadina, manifestando que el trato por parte de la Federación Catalana de Fútbol como por el árbitro del encuentro, sí fue correcto en todo momento. «Me sentí vacía», abunda, «con todos los años que llevo en el mundo del deporte, no había vivido una situación así nunca. Me dio un ataque de ansiedad, porque veía cómo nos atacaban desde todos lados, yo lo único que podía hacer era quitar jugadores locales de encima a mis chicos, fue una sensación de impotencia», asegura.

Rivi se hizo cargo de este equipo, que caía goleado prácticamente en cada encuentro y le cambió la cara. Tanto que después de perder 0-14 en la ida, sus chicos llegaron a ir ganando 1-3 ante este rival. Ser mujer en un rol, el de entrenador, que todavía es coto eminentemente del género masculino, y además hacerlo así de bien, quizá fue el detonante para levantar las iras de este grupo de padres.

«Si te soy sincera, cuando me saqué el nivel uno de entrenadora sabía que me iba a costar. En la primera vuelta, a este equipo le ganaron 14-0 y en la vuelta íbamos 1-3 ganando y sé que les dio rabia que una mujer estuviera en el banquillo con este cambio», analiza.

Pero Noelia Aybar, que ha sido pionera del fútbol femenino en su casa ascendiendo a Primera con el Granada y llegando a jugar en la Selección Española, está lejos de rendirse. «Seguiré luchando. Pero siendo una mujer en un equipo de fútbol masculino en estas categorías, se nos pone cuesta arriba, hay muchísimo machismo y lo vivo partido tras partido. Cuando pasó esto, lo pasé bastante mal, estuve dos días viéndome sola sin arropamiento por parte del otro club, y llegué a tener pesadillas. Me encontraba mal y pensé si estos malos ratos merecen la pena. He pensado todo, pero como amo tanto este deporte, prefiero seguir creciendo. Mi sueño es llegar a Primera división como entrenadora, sé que es muy difícil. Pero ese es mi reto» dice, quien ya se acostumbró a pelear y ganar todos sus retos en el fútbol.

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