Deporte Adaptado

Futbolistas que marcan goles para imaginar una sociedad más justa

Todos unidos en torno a un balón de fútbol./ANTONIO L. JUÁREZ
Todos unidos en torno a un balón de fútbol. / ANTONIO L. JUÁREZ

Jugadores de la cantera rojiblanca y niños de Granadown conviven en una jornada puesta en marcha para aprender sobre la diversidad

CÉSAR GUISADOGRANADA

Hugo, Iker, Elsa y Marta visitaron el sábado la Ciudad Deportiva de la Diputación de Granada. Allí, en Armilla, es donde entrenan las Escuelas del Granada CF, una fórmula formativa del club rojiblanco con la que, a través del fútbol, sus entrenadores tratan de modelar a los más pequeños de la cantera granadinista en aspectos como el respeto, la solidaridad y el juego limpio, dentro y fuera del terreno de juego. Así pues, estos cuatro chicos, aprovechando que estaban en la casa rojiblanca, se pertrecharon el pantalón corto, se ataron bien las zapatillas y se dispusieron a marcar goles con sus nuevos compañeros.

Los nuevos integrantes de la gran familia rojiblanca pertenecen a la Asociación Granadown y se acercaron por unas horas hasta Armilla para, además de pasar una mañana en grande jugando al deporte que más les gusta, enseñar a sus nuevos compañeros qué es la diversidad y cómo el fútbol puede ser el mejor marco para estrechar lazos y aprender que la capacidad de cada jugador no limita sus sueños de Primera división.

Así, desde las diez de la mañana del sábado, dos grupos de niños desde ocho a catorce años se repartieron sobre el tapete verde y natural de la Ciudad Deportiva para jugar varias rondas de partidos, guiadas por los entrenadores de la Escuela del Granada. «Una actividad de deporte inclusivo», destacan desde el club, «que realizamos en modo de convivencia con Granadown y un claro objetivo educacional, buscando la integración mediante la formación de equipos con niños de ambas entidades, disputando una pequeña liga interna entre estos», explican.

A Hugo y a Iker les encanta jugar como delanteros, Elsa se descubrió como una muy buena lanzadora de penaltis y Marta no paró de ayudar en el centro del campo al equipo. «A nuestros jugadores les explicamos la situación y que el objetivo de esta jornada era el de integrar con nosotros a estos chicos para que podamos ver que ellos pueden practicar deporte de la misma forma y que, como vinieron a visitarnos, nosotros debíamos interaccionar colaborando en el juego, ese fue nuestro principal mensaje», dice Andrés Olgoso, uno de los técnicos responsables de la escuela y promotor de la idea.

Él lo sabe por su propia experiencia. En una etapa anterior, como técnico y coordinador de la cantera del Cúllar Vega Base, tuvo en su equipo a Curro, un jugador con Síndrome de Down al que le encantaba jugar como Cristiano Ronaldo, tanto que celebraba los goles igual. Lo que hizo aquel equipo fue trasladarse a la Liga Metropolitana, ya que esta competición modela las normas de los partidos para adecuarlas al aspecto más formativo de los clubes que la componen. Así, el Cúllar Vega podía alinear a Curro y siete más para no desequilibrar la balanza en ciertos momentos del partido. Sus compañeros y sus rivales aprendían así que a veces es mejor jugar que ganar.

«Creo que aquella fue una buena experiencia y por eso decidí trasladarla a este colectivo acompañado por Granadown porque los objetivos educacionales cuadran con los de la Escuela del Granada. Aquí lo primordial es inculcar valores, transmitir a nuestros chicos que el fútbol sirve más allá de la competición, aprenden qué es el compañerismo y la empatía, valores que nos sirven para la vida diaria y como personas», asevera Andrés.

Y dice el entrenador que del césped salieron todos con la lección aprendida. «El retorno está siendo bastante gratificante porque niños y padres trabajaron sobre la integración. Los chicos de Granadown y los del Granada celebraron conjuntamente los goles que se marcaron, los padres aplaudieron en la grada y no pararon de animar durante toda la jornada. Al final nos dieron la enhorabuena. Creo que ha tenido una muy buena aceptación y nos piden que volvamos a repetir», abunda el responsable, señalando que de aquí los jugadores también sacan una buena lección. «Ellos», los niños, «se dieron cuenta los primeros porque cuando Manu Gallardo -uno de los técnicos que ejerció como árbitro y organizador de los partidos- pitaba un penalti los jugadores iban corriendo a buscar a Elsa para que lo lanzara. Al terminar, Laura y Marta quedaron con ellos para jugar después del partido».

Cuenta Andrés Olgoso que vivir aquella experiencia con Curro le dio la posibilidad de ofrecer la misma experiencia a un club como el Granada. «Abres tus brazos y a cambio obtienes un cariño para toda la vida. Curro es casi como si fuera mi hijo y los niños se identifican con una causa como esta», asevera el educador.

La Escuela del Granada, que este año acogió a Curro, a Elsa, a Hugo, a Iker y a Marta, y que convivió con los chicos de la escuela L'ArcVert de Japón, dará vacaciones a sus jugadores el próximo viernes 8 de junio para volver a abrir sus puertas el curso que viene con el mismo espíritu. Que el balón sea la herramienta para formar futbolistas que dibujen un mundo mejor.

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