Deporte Adaptado

La diana a través del oído

Después de doce años tirando y dos campeonatos de España, Antonio Callejas sueña con estar en las Paralimpiadas de Tokio.
Después de doce años tirando y dos campeonatos de España, Antonio Callejas sueña con estar en las Paralimpiadas de Tokio. / Ramón L. Pérez

El bicampeón de España sueña con los Juegos de Tokio 2020, aunque para él la carabina supuso revolucionar su vida y aprender a derribar los muros que encontró tras perder la visión

CÉSAR GUISADO

Para quien nunca antes ha visto a un tirador ciego disparar, le resulta imposible imaginar cómo es capaz de hacerlo con tanta precisión como para alzarse por dos veces campeón de España. Y cuando se comprende la técnica, sigue resultando inverosímil.

En la modalidad de tiro con carabina para invidentes, el tirador cambia el sentido de la vista por el del oído. No percibe el blanco a través de los ojos, sino que lo hace mediante el oído. Dirige la mira telescópica hacia un foco de luz entra a través de las lentes de su arma para transformarlo en un sonido que va de más grave a más agudo según se acerca al blanco.

Hasta aquí las diferencias, porque el resto de la mecánica es la misma. El noventa por ciento del trabajo de un tirador está en su cabeza. En su concentración, en el dominio de sus emociones, de la respiración, del equilibrio y la disciplina de sus movimientos para tocar el gatillo.

«El primer día que tuve que salir a la calle con un bastón me moría de miedo»

Antonio Callejas apenas había cogido un arma antes de perder la vista. Le sucedió, desgraciadamente, de forma muy traumática. A sus 26 años, cuando llevaba dos meses de casado, conducía un camión a través de la carretera de la Puebla de Don Fadrique. Se quedó dormido a los mandos del volante y el vehículo fue a dar contra unos árboles.

No fue nada fácil salir de esta. Tuvo que superar ocho años en los que se sucedieron 16 operaciones para la reconstrucción de su cara. Y no le quedó ningún resto de visión ya que sus ojos son dos prótesis. Puede decirse que la vida lo golpeó de la forma más dura que pudo en aquel momento porque para Antonio, uno de sus grandes pesares es no haber podido ver nunca la cara de su hija.

«Me aterraba»

Dice, que «el primer día que tuve que salir a la calle con un bastón me moría de miedo, estaba aterrado». Y por eso en la Once le recomendaron algunas actividades que sirvieran de rutina. «Empezar con el tiro me obligaba a salir de casa solo, a coger un autobús para ir a entrenar y además hacer un deporte en el que verdaderamente fogueas», señala.

A partir de aquí Antonio comenzó a dar pasos de gigante. «No podría quedarme con ningún momento en concreto, pero sí con mi primer campeonato, donde quedé cuarto de España... Esa satisfacción de haber hecho una buena tirada, fue casi mayor que cuando gané mi primer título», afirma.

Cogió por primera vez su carabina hace doce años y hoy sueña con estar presente en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Nunca ha competido de forma internacional, así que para ello, ya está preparando a conciencia el próximo Campeonato de España, que se disputará a partir de octubre en la Comunidad Valenciana.

Un dúo perfecto

Para hacer el mejor papel posible, será muy importante la aportación de su guía, Salvador Jiménez. Con el tiempo, además se ha convertido en uno de los mejores amigos de Antonio. En la galería, forman una pareja perfecta porque con sólo mirarle a la cara, Salva ya sabe en qué piensa el tirador; si está nervioso, tranquilo o se ha ofuscado en la posición.

«Cuando tú ves el ambiente que tienes alrededor, esto te puede servir para relajarte un poco porque ves cómo va el resto de la competición, qué hacen los otros tiradores o el público... todo influye. Mi labor es transmitirle todo esto, con muy pocas palabras», explica el guía.

Durante la competición, un guía no puede hablar con el tirador. Por eso Antonio y Salva han depurado su comunicación con una suerte de señales que les sirve a ambos para afinar de cara a la diana. «No puede hablarme pero sí tocar», dice Antonio, «así que como si yo tuviera un reloj dibujado en mi espalda, él marca con un dedo cómo de lejos me he quedado del blanco y así yo puedo afinar aún más el disparo», subraya.

El Campeonato de España es la meta y las Paralimpiadas el sueño. El camino es largo, pero dice Antonio que se trata de disfrutar con el paseo. Y con uno de los discursos que más optimismo embriagan, se hará más corto. La positividad es su mejor arma. Luego está la carabina, con la que también aprendió a derribar sus miedos.

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