La cocina como alternativa a beneficios variables

Que Javier Estévez, un colegiado que vive ahora por y para el tenis, pueda acabar desistiendo y termine consagrando su vida a la cocina, que es para lo que cursó un grado medio de formación profesional, dependerá principalmente de la progresión que vaya experimentando. De que, por ejemplo, pueda acabar convirtiéndose o no en juez de silla plata y oro, lo que le permitiría dirigir los más importantes partidos de todos los torneos. Por lo pronto, se mantiene en la provisionalidad ajustándose a lo que tiene, que es la renta de un beneficio variable en función del rol que ejerza y del evento en el que tome parte. «El año pasado estuve como juez de silla en doce trofeos del ITF Futures, donde te vienen a pagar 550 euros semanales. Además, también estuve en uno de los dos Challengers que se celebró en España, donde me llevé unos 80 euros diarios. Y todo, partiendo también de la base de que, como en el caso anterior, te pagan viaje, estancia y manutención y sólo arbitras los partidos de las primeras rondas por ser chapa blanca. Mientras tanto, como juez de línea estuve ejerciendo unas diez semanas en las que me embolsé 60 euros diarios, aunque en el US Open te llevas 220 dólares al día», especifica Estévez.

Fotos

Vídeos