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Una campeona para derrotar al bullying

Giselle Sánchez abraza como a su vida el saco con el que descarga adrenalina en el gimnasio Dojo Armilla. / ALFREDO AGUILAR

Giselle Sánchez brilla en el kickboxing, el deporte en el que buscó «medios de defensa» contra el acoso | Sufrió abusos por ser una chica «especial» y ahora que admite con franqueza que es lesbiana presume de haberse coronado a nivel regional y nacional

Sergio Yepes
SERGIO YEPES

El ser una «chica especial» con «una forma de pensar» que le convierte en «diferente» motivó que la granadina Giselle Sánchez viviese gran parte de su infancia «asustada», amargada por la pesadumbre de saberse «incomprendida». Cuando sólo tenía nueve años, y asistía al ogijareño colegio Ramón y Cajal, ya «algunas niñas se metían conmigo y me llamaban marimacho» por la simple razón de que «me vestía con ropas de chicos para estar más cómoda». Y cuando alcanzó los «doce», se encontraba en el zubiense instituto Laurel de la Reina, y presentía que su condición sexual era «distinta», tuvo también «algunos 'problemillas'» que le hicieron sentirse «amenazada». Incluso, acosada por el «bullying» que ya era consciente que sufría.

Pero lo cierto es que de aquellos episodios que tantas lágrimas le hicieron derramar porque «yo soy un poco llorona» -quiere precisar- surgió una adulta precoz y una gran deportista. De hecho, hoy, que tiene quince años y que admite sin complejos su condición de «lesbiana» puede presumir de tener «las ideas muy claras».

-Nombre
Giselle Sánchez Poyato.
-Fecha nacimiento y lugar
27/10/2001, en Granada.
-Estatura/peso
1,70 metros /64 kilos.
-Principales logros en junior-amateur
Campeona de Andalucia de light contact y semi contact (2016, Huelva). Subcampeona de España de light contact y semi contact (2016, Sevilla). Campeona de Andalucia WKA de K1 (2017, Baza). Dos veces campeona de España de K1 en el torneo Rude Boys de WKA (2017, Madrid), donde participó en la categoría de -61 kilos como en las ocasiones anteriores.

También de ser una de las figuras más señaladas de los deportes de contacto locales. Buscó en el kickboxing «protección y medios de defensa» contra la intolerancia y acabó encontrando un estilo de vida en el que está muy reconocida. Ya se ha proclamado campeona de Andalucía y de España en diferentes torneos federativos y de la WKA en la especialidad de K1. Esta es otra forma que tiene de reivindicar que «se puede salir de todo».

Traumático suceso

Aquella pequeña Giselle que fue de «carácter introvertido e ingenioso» comenzó a pasarlas canutas a raíz de un traumático suceso. Recuerda que «un día salí en defensa de una amiga con la que se estaba metiendo un grupo de chicas». En venganza, «me esperaron en un recreo y me arrancaron media cara» en lo que ya fue una clara demostración de que «la habían tomado conmigo».

Aparte de su atuendo, a Giselle le convertía en «diferente» que le gustara «el anime» -los dibujos animados japoneses-. Y eso terminó de hacerle «chocar» con una chica «con la que hubo cruce de denuncias», recuerda. Y con la que, para su desgracia, encima se reencontraría en el primero de los institutos a los que asistió tras haber sufrido no pocas humillaciones.

«Cuando la vi en la misma clase me puse un poco nerviosa. No me lo creía», señala quien así vería reproducidos los líos. Y no porque «entre ella y yo hubiera roces, ya que nos ignorábamos», sino porque fueron «sus amigas» quienes retomaron las degradaciones.

«Un día íbamos a hacer un baile en clase. Y nos dejaron de lado a mí y al único chico que se juntaba conmigo. Eso nos fastidió bastante. Y yo salté. En ese momento hubo roces. Me dijeron que como saliera a la calle me pegaban», recuerda quien así ya optó por volver a buscar la complicidad familiar para extremar las medidas. Se pasó al Mariana Pineda sin que «hubiese acabado siquiera el primer trimestre» y encima decidió buscar «nuevos medios de defensa».

«Seguridad y confianza»

Sintió que no le era suficiente con practicar kung-fu -la disciplina en la que comenzó a prodigarse a raíz del primer incidente- y ya decidió instruirse en kickboxing. Una decisión que da por besada ahora que estudia primero de Bachillerato en el Alhambra, el instituto al que se pasó en último término pero ya por otras cuestiones.

«En el kickboxing he encontrado seguridad, confianza. Es un deporte que la gente piensa que es agresivo, pero eso es por desconocimiento. Es más, aprendemos a controlar la fuerza», reivindica quien ya no tuvo «ningún problema» desde que se animó a cruzar las puertas del gimnasio Dojo Armilla.

Un hecho del que pronto «se corrió la voz» y que sirvió como arma de disuasión frente a posibles agresores. Pero también, como punto de partida de una carrera que está sorprendiendo a propios y extraños. En el club del que forma parte «me hacen sentir muy bien, querida».

Y así ha encontrado el contexto ideal para poder desarrollarse en el plano personal y encumbrarse en el deportivo adjudicándose diversos torneos autonómicos y algún que otro nacional. Ha disparado las expectativas.

«Me gusta mucho el deporte, no descarto practicarlo algún día de manera profesional», apunta quien incluso ahora agradece «todo lo que me pasó» porque «sin ello no hubiera encontrado realmente lo que me gusta». Lo que es «parte de mi vida».

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