Fútbol

Los miles de kilos de aceitunas que frenaron el ascenso de un equipo a la División de Honor

Los jugadores del Campotéjar forman en el Julián Cuesta para la disputa de un partido tras haber recogido aceituna./I. B.
Los jugadores del Campotéjar forman en el Julián Cuesta para la disputa de un partido tras haber recogido aceituna. / I. B.

El Campotéjar llegó a ir líder, pero perdió opciones de subir a Honor al iniciarse la época de recogida | La llamada al campo de Santa Catalina motivó el cansancio de «José Luis, Ángel, Finidi, Sánchez o Chesco» y el lógico bajón en el rendimiento

Sergio Yepes
SERGIO YEPESGRANADA

A seis partidos de completar su concurso en la Primera Andaluza, el CD Campotéjar, el equipo de la Comarca de Los Montes, saborea con fruición el encontrarse cuarto clasificado, a sólo ocho puntos de la primera y única plaza válida para lograr el ascenso a la División de Honor. La alegría pudo ser mayor de no haberse visto mermado en la lucha por esta privilegiada posición, que ocupa actualmente el Cubillas, por toparse con una montaña de miles de kilos de aceitunas. Varios de sus futbolistas se sumieron en la recogida y esto afectó a su rendimiento deportivo.

Hubo momentos incluso en los que «desbordamos las expectativas», observa el coordinador y entrenador Ismael Bailón. En los que la 'cosecha' parecía que iba a ser aún mejor porque «llegamos a ir primeros» como fruto precisamente de una primera vuelta muy buena. Pero que gran parte de la plantilla se viera en la necesidad económica de tener que seguir al pie de la letra los dictados del santoral -'por Santa Catalina coge tu oliva', reza la máxima del 25 de noviembre-, acabó motivando el lógico bajón. Se acabó echando a perder lo que habría sido «todo un hito» sólo financiable moviendo cielo y tierra. O en este caso, las ramas de los árboles.

El tema está en que «siempre tenemos este problema», concluye resignado Bailón. Pero eso no resta ni un gramo de satisfacción, ni tampoco de ambición, en esta entidad de sólo siete años de existencia que disfrutando por segunda campaña seguida de la principal categoría provincial ya ha dejado de ser la que «nunca había estado en ningún sitio importante». Y todo para acabar convirtiéndose en un hueso tan indigesto como el que forman en su interior las creadoras del oro líquido.

Porque ojo, que no tiene desperdicio. Y es que «tras iniciar la pretemporada el veintitantos de julio con la sensación de que ni siquiera íbamos a poder salir a competición» porque lo cierto es que sólo tenían «los diez o doce futbolistas base», el Campotéjar, ese equipo «del que nunca hablan los medios» -o así era- comenzó a 'aliñarse'. Y encima, a lo grande. Con lo que sería aceite de oliva y canela en rama para los más exquisitos paladares futbolísticos. A saber: llegó Víctor Román, un extremo derecho del juvenil del Huétor Vega que ha acabado ofreciendo «muy buen rendimiento». Y también, Alberto, conocido en el 'mundillo' futbolístico como 'El Fisac', o algo así, que es «un central o centrocampista que el año pasado no jugó» pero estaba avalado por su pasado en el Celtic, el Churriana y el Alfacar. Aparte, se produjo la incorporación de Rober, el punta del Cubillas, e incluso la del mediapunta Jonathan, «el del Polígono», que aunque tiene «sobrepeso» no se encuentra «exento de calidad».

Comenzó a germinar la semilla que fue plantada «con el propósito de que salga todo pagado, que hay muchos clubes que han desaparecido por las deudas». Pero sobre todo, que «se promocione nuestra escuela de fútbol, que cada vez hayan más niños que compitan en nuestro primer equipo». Y es que la realidad fue «que arrancamos muy bien». «Yo ya consideraba un éxito llegar a noviembre entre los cuatro primeros» -sigue apuntando Bailón-. El Campotéjar lo cubrió en su totalidad empatado a puntos con el líder Celtic. Algo que disparó la ilusión hasta que, alcanzado el puente de la Inmaculada, se hizo definitivamente patente entre los herbáceos, ante sus carteras vacías, el particular 'virus FIFA' de la entidad. La llamada del otro campo que se fue traduciendo en un inevitable -y lógico- descenso en el rendimiento.

El condicionante de la lluvia

«La recogida de la aceituna cada vez se adelanta más. En noviembre hay gente que ya está liada. Y el caso es que si no llueve, a finales de enero está todo terminado. Pero con eso de que este año no ha parado de caer agua, la faena terminó entre febrero y marzo. Y eso supuso que muchos futbolistas llegaran cansados a los entrenamientos. O que incluso alguno no pudiera acudir a las concentraciones y ni siquiera a los partidos», explica quien estando «hasta el gorro del puñetero temporal» quedó expuesto al drama. Así, vio condicionado el concurso de «tres piezas claves» como «José Luis, Ángel y Finidi». Pero es que además, de otros efectivos como «Sánchez, Chesco o Víctor Molina», que son con los que el técnico también formaba la columna vertebral. Tuvo que comprenderlos porque cobrar en el equipo sólo lo viene haciendo los que recibe algún 'regalito' en el terreno de juego.

«Después de muchos esfuerzos para conseguir patrocinadores lo más que logramos es que los futbolistas sólo tuvieran que pagar setenta euros por jugar», señala Bailón, que por encargarse lo hace hasta de obtener recursos atípicos. Que el campo donde se brinde el espectáculo -o se intente- se trate de «una auténtica ruina» porque la superficie es de albero «y el Ayuntamiento no se ocupa de nada», está motivando que, pese a todo, sea para sacar a hombros a quienes han venido disfrutando del reconocimiento del respetable entre jornal y jornal.

Cuando hace buen tiempo y no se hace recogida casi se colapsan las taquillas del Julián Cuesta con «entre ciento cincuenta y doscientos aficionados», lo que se trata de todo «un éxito» habida cuenta de que Campotéjar es un pueblo «de unos mil doscientos vecinos». Y que, aparte, que los gobernantes hayan realizado «la promesa» de poner césped artificial donde ahora presiden «los charcos o el polvo» propicia que el futuro pinte de color de rosa. O, al menos, del verde que estos valientes que visten de celeste sólo pudieron percibir cuando se vino tratando de recolectar aceituna.

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