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Carlos Sainz, hasta que él decida

Carlos Sainz junto a Lucas Cruz./Afp
Carlos Sainz junto a Lucas Cruz. / Afp

La sombra de la retirada planea sobre la cabeza de un piloto que, tras su segundo Dakar, se quita una espina que arrastraba desde hace varios años

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

El nombre de Carlos Sainz Cenamor (no confundir con Carlos Sainz Vázquez de Castro) está escrito en letras de oro en el deporte mundial. Su figura trascendió hace tiempo las fronteras de España, y es desde hace mucho tiempo uno de esos deportistas ante los que la afición siente vértigo. Sainz está en el olimpo de los pioneros españoles como Ángel Nieto, Manolo Santana, Severiano Ballesteros o su buen amigo Fernando Alonso.

Pero nada es eterno. Él mismo lo decía antes de partir hacia Sudamérica: «¿Qué va a pasar en 2019? No lo sé. Sé lo que va a pasar en 2018: que voy a correr en este Dakar. Pero vamos: poco más de sí da la cosa». Ese 'poco' es la gran duda que estriba ahora en la mente de los aficionados. A sus casi 56 años tiene muy claro que no puede seguir muchos más años al nivel que él se exige, no porque no le apetezca, sino porque el cuerpo es el que es, y lleva ya muchos kilómetros de tierra, barro y dunas encima. Lo que es seguro es que no volverá a competir con Peugeot, ya que la marca francesa deja el Dakar y se centra en otras competiciones. Ahora le tocará buscarse un asiento en otro coche competitivo, que eso ya es harina de otro costal. No le faltan ofertas, y Toyota lleva tiempo tanteándole.

Ganar el Dakar como lo ha ganado es, además una reivindicación personal. Los que se mofaban de él por ser, presuntamente, gafe, se han tenido que meter en una cueva de uno en uno y de manera ordenada, para no salir en un tiempo. Esta vez la suerte estuvo con él, y de qué manera. No sólo los numerosos problemas, previsibles y que han padecido todos, no han sido suficientes como para dejarle fuera de la carrera, sino que además quienes se han ido quedando lejos de él han sido sus rivales. Nasser Al-Attiyah, que fue segundo, se dejó sus aspiraciones en la primera semana de competición, pese al arreón final. Stepháne Peterhansel, primero por el polémico Kees Koolen y después por un accidente propio en la penúltima etapa, se despedía de sus opciones. Y ni una caja de cambios rota, ni unos inoportunos pinchazos, ni el 'fesh-fesh', ni las rocas. Nada frenó la conquista del Dakar por parte del 'Matador'.

El Dakar es una de esas pruebas en las que se cumple siempre una máxima: para llegar primero, primero hay que llegar. Sainz manejó los tiempos a la perfección, y ahí la experiencia es un grado: atacó cuando debía, y se sujetó cuando era menester. Dos victorias de etapa, en las durísimas sexta y séptima etapas (la maratón), un segundo puesto y tres terceros fueron los mejores resultados en trece jornadas de trabajo, en las que Sainz y Cruz dejaron claro que no se les iba a escapar este trofeo touareg.

Si Sainz se va a llevar los titulares, quien se ha ganado los subtítulos es Lucas Cruz. Uno de los copilotos con más experiencia en el Dakar (sabe lo que es ganar con Nasser Al-Attiyah también), ha vuelto a dejarse la piel en el 3008DKR para darle órdenes al 'Matador', algo que no siempre es fácil. La tensión propia de la competición, y el carácter no siempre sencillo del bicampeón de rallys, a veces obligó al copiloto a ejercer de consejero, de psicólogo. Y por supuesto de mecánico. El Dakar, como muy pocas competiciones de motor, es un deporte de equipo. Si la comunión entre piloto y copiloto no es perfecta, es prácticamente imposible lograr el éxito.

Desde su hijo hasta el Ejército: las felicitaciones

Las redes sociales se inundaron de felicitaciones. Las institucionales, desde el Consejo Superior de Deportes hasta la Casa Real o incluso el Ejército español (Sainz ha colaborado con ellos como asesor), o deportistas como Iker Casillas, Pau Gasol, Marc Márquez o, por supuesto, Fernando Alonso se congratularon con Sainz por su victoria.

Sin embargo, de todas las felicitaciones, hubo una que seguro que le hizo especial ilusión. Fue de su hijo, Carlos Sainz, el hombre que ha hecho que Google se vuelva loco cuando le quieren buscar a él. El piloto de Renault se encuentra en plena preparación para la nueva temporada de Fórmula 1, pero evidentemente no se ha perdido ni un instante de la participación de su padre en el Dakar. Fue uno de los primeros en expresar su malestar por la sanción que le impuso, primero, la organización, y también uno de los que no se mordió la lengua para calificarla de injusta.

Por eso, la imagen que compartió en las redes, y la frase, le hizo emocionarse. Como a todos. «Probablemente, ahora mismo soy el hijo que más orgulloso está de su padre del planeta tierra. ¡Enhorabuena papá! ¡Has ganado el Dakar más duro de Sudamerica! ¡Con 55 añitos (buen numero) y a tu manera! ¡Grande, matador! ¡Grande, Lucas Cruz!», escribió.

Quizá ahora le toque al hijo aconsejar al padre. No inmediatamente, sino en unos días. Ahora toca celebrar, ya que de nuevo vuelve de Córdoba, donde se retiró del Mundial de Rallys, con un trofeo bajo el brazo. Carlos Sainz puede decidir lo que va a hacer. Se lo ha ganado a pulso.

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