Automovilismo

Alonso aprende por las malas qué son unas 24 horas

Fernando Alonso/EFE
Fernando Alonso / EFE

Un problema en los frenos y dos pinchazos dejaron sin opciones de pelear por el podio en Daytona al español, Norris y Hanson

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Cadillac consiguió un doblete sin paliativos en las 24 horas de Daytona más mediáticas de los últimos años. El prototipo con el dorsal 5 pilotado por Joao Barbosa, Filipe Albuquerque y Christian Fittipaldi se impuso en una intensa batalla a otro Cadillac DPi, el nº 31 de Loic Duval, Romain Dumas, Eric Curran y Felipe Nasr, en una edición en la que todo el protagonismo se lo llevó un hombre que acabó, junto a sus compañeros, mucho más atrás. Y es que Fernando Alonso salió de Florida en su segunda aventura con un sabor agridulce. Su resultado no fue, ni mucho menos, el esperado. Dos pinchazos y dos averías hidráulicas con los frenos dejaron al español, a Lando Norris (¡qué piloto ha descubierto el mundo!) y a Phil Hanson sin poder pelear en condiciones por acabar. Entrar, entraron en meta, pero después de quedarse prácticamente durante la última de las 24 horas en boxes.

Corría la octava hora de una prueba que, inesperadamente, estaba siendo más calmada de lo habitual, cuando los problemas mecánicos se cebaron con el Ligier JS P217 número 23. El coche de Alonso, Norris y Hanson padeció, en apenas 180 minutos, dos serias averías que les hundieron. Primero, con Alonso al volante, sufría un serio pinchazo, que le obligó a entrar en boxes para repararlo. El inesperado problema les destrozó el carenado de la parte trasera derecha, lo que les obligó a cambiarlo por uno nuevo y perder por el camino tres vueltas. Pero eso sólo fue el prólogo de la gran avería que iban a sufrir.

El coche no iba bien ya antes del pinchazo. Con Hanson al volante (el más lento, con diferencia, de los tres), se veía obligado a volver a entrar a boxes porque algo no iba nada bien: los frenos no estaban actuando de manera correcta. Temerosos de que fuera algo grave, revisaron a fondo el prototipo hasta encontrar que, en algún toque o simplemente por el punto débil de este chasis, el cilindro maestro de los frenos estaba a punto de romperse del todo, por lo que era necesario sustituirlo. Esta operación se alargó 40 minutos, lo que les dejó hundidos en la clasificación, a más de 25 vueltas del líder.

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Ni los problemas de los de delante (por ejemplo, el Acura de los Taylor, vigente campeón de la carrera) fueron suficientes para cortar la sangría de puestos. De un 'top 5' como objetivo soñado se pasó a un 'top 20' como foco para intentar salvar la cita, aunque la decepción fue muy notable. El rendimiento del coche fue una de las grandes sorpresas de esta edición de las 24 horas de Daytona, pero el puro rendimiento no da resultados. No en una carrera de resistencia.

Lastrados ya desde la noche, el United Autosport 23 se conformó con ir a salvar el resultado, y casi tienen un susto mayor. A falta de seis horas, con Norris al volante y después de la cuarta bandera amarilla que obligó a la reagrupación de la carrera, un nuevo problema mecánico obligó a parar más de lo que deseaba al joven probador de McLaren. Alonso, cuando volvió a ponerse tras el volante del Ligier, sólo pudo pelear por mantener el tipo, que se acabó cuando le ordenaron entrar en boxes a falta de dos horas. Los trabajos en el morro delantero le obligaron a bajarse del coche, dejar a Norris intentar acabar y conformarse con enviar un mensaje en Instagram para contar, como había hecho durante toda la carrera, sus sensaciones.

Con ustedes, Lando Norris

Si en United Autosports y, por tanto, en McLaren, pueden salir de algo satisfechos más allá del resultado final es por la espectacular actuación de Lando Norris. El joven probador de la escudería de Woking 'se comió un marrón' de los que hacen historia: le tocó el relevo de madrugada tras Phil Hanson, que fue con mucho el más lento de los tres del coche, y encima se le puso a llover. Lejos de achicarse, ponerse nervioso o hacer cualquiera de las pifias que se le presuponen a un chaval de 18 años sin apenas experiencia en una competición de máxima presión como las 24 horas de Daytona, el británico se salió por los cuatro costados.

No sólo llegó a liderar la carrera, como antes habían hecho Alonso y Hanson, sino que además con la lluvia se asentó en el 'top 5' de la clasificación, rodó mucho más rápido que los líderes de la prueba y metió el Ligier de LMP2 entre los DPi, algo que parecía impensable. Ser tendencia en las redes sociales a nivel mundial es sólo una de las consecuencias que generó un relevo memorable, de los que hacen que un equipo grande cuente contigo para ser piloto titular. Seguro que Stoffel Vandoorne vio esta actuación con cierto temor.

No se puso nervioso, no le dio miedo la lluvia -al veterano Christian Fittipaldi le entraron los mil males por temor a un accidente y cedió toda la ventaja que tenía en ese momento- y acabó su primera tanda de la carrera en una más que aceptable posición, que permitió a Alonso afrontar su segundo turno con garantías, antes de que el pinchazo y ese problema en los frenos les lastraran del todo. Puro talento, puro riesgo y la demostración de que está más que listo para dejar atrás la labor de probador y ganarse un puesto en un equipo, sea en Fórmula 1 o en otra prueba. No en vano, fue el encargado de llevar el coche en el último relevo, que completó después de esperar prácticamente hasta los últimos instantes para realizar la mera entrada a meta. Un final muy agridulce para una aventura de la que, tanto Norris como Alonso, hablarán mucho en su vuelta al 'gran circo'.

Y hablando de otras categorías, los próximos días puede haber noticia. El 9 de febrero es la fecha en la que, a priori, se van a anunciar los pilotos para Le Mans. Ahí se cuenta con que Fernando Alonso forme parte de ese listado, al volante de un Toyota. Ahí ya no llevará un LMP2, sino un LMP1 (el único fabricante, de hecho) y buscará dar la campanada de manera definitiva. Daytona sólo ha sido un espectacular ensayo general, pero ensayo al fin y al cabo, para el que es su gran sueño para un 2018 que sólo acaba de empezar.

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