Golf

Un fantástico Rahm opta a todo en la jornada final de Augusta

Jon Rahm gesticula tras acabar su último hoyo de la jornada. /Patrick Smith (Afp)
Jon Rahm gesticula tras acabar su último hoyo de la jornada. / Patrick Smith (Afp)

El golfista de Barrika terminó ayer tercero tras acumular un -8 en su tarjeta y se queda a seis golpes del líder, Patrick Reed

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Jon Rahm proclamó ayer al cielo de Augusta que no está en el Masters como figurante. Se santiguaba poco antes en el 13 y sonreía tras estar a punto de convertir una visita al arroyo en un birdie. Lo impidió el mástil de la bandera, en el que rebotó lo suficiente para no caer a plomo en el hoyo. Era lo que le tocó vivir ayer en la tercera ronda del primer Grande del año, un carrusel de sensaciones, hasta entonces todas positivas.Uno de esos días en los que se le pondría en un serio aprieto para que ordenara por calidad el rosario de golpazos sobresalientes que fue repartiendo. Avanzaba hacia la casa club sin mácula en su tarjeta, con un -8 que le mantenía en la tercera plaza, a seis golpes de Patrick Reed, menos efusivo que la víspera, y con esperanzas de no cerrar de mala manera un día histórico. Cierta desazón como el viernes, por qué negarlo, al hacer coincidir dos días de juego realmente poderoso con distancias aún grandes en la clasificación. Pero los márgenes van reduciendo, que es lo importante.

De nuevo fue fijarse en su expresión camino de la primera plataforma desde la que romper la bola y percatarse de que está ahí, puesto, excitado, valiente y confiado. Qué mejor modo de darse cuerda que homenajeándose en la conquista de las dos primeras banderas. Dos segundos golpes que te llevas para la tumba por escandalosamente buenos que le dejaron la opción de putts accesibles para birdies.

Dos de dos y su apellido ya permanente el resto del día en el tablón que avisa de las intenciones de los mejores. Una clasificación que nunca dejó de emular la famosa carrera camellera en las ferias, con cambios frenéticos en las posiciones. Simplemente seguir en liza entre esos diez elegidos era como cobrar una fortuna.

Avanzó sin altibajos en su juego hasta la cita con el 7, el trapo que más quebraderos de cabeza le trae, un hoyo ante el que había claudicado los días previos. Gran ejercicio de intenciones el exigir su bocado entre las cortaderas. Desde el rough, otro segundo golpe incalificable por bueno.A dos metros de bandera,el remate no se consumó por cinco centímetros. Rabia, pero satisfacción a la vez. Son puntos de inflexión, como el entrenador que espera el paso del atleta para marcarle, crono en mano, que el ritmo es el correcto. Un visto bueno explícito.

Y la confirmación de esos pálpitos que avanzaban algo importante tuvieron su respuesta en el 8. El golpe soñado, tantas veces imaginado, en el que los ingredientes son ambición, tacto y fortuna. Era su tercer envío en el segundo par 5 del día. El anterior se lo había cobrado. La diana a 29 metros. En el centro. Un eagle que le permitió llegar a colocarse tercero, si bien los partidos de los jugadores mejor clasificados sólo acababan de ponerse en marcha.

Cerrada la primera vuelta con -4 en el día y -5 en la tarjeta acumulada, Rahm enfilaba un camino en el que se desenvuelve aún mejor. Lástima, por aquello de aumentar la dificultad -que también podía afectarle a él-, que la lluvia fue estrictamente puntual en la primera previsión, pero el parte anunciado no se plasmó cuando se anunciaba agua en abundancia coincidiendo con sus dos últimas horas de juego. Y eso se reflejaría en la clasificación cuando el de Barrika se estabilizó muy a su pesar mientras varios de sus competidores metían la directa. Le costaba mostrarse a Reed, pero como en las jornadas anteriores enlazó tres birdies seguidos (en el 8, 9 y 10) que contuvieron los ataques que iba recibiendo de McIlroy (otro eagle afortunado con estacazo a la bandera en un hoyo 8 muy tragón ayer), de un Fowler intermitente o un Fleetwood con el que nadie contaba hasta que cogió un repóquer entre el 12 y el 16. Vamos, que el que se moviera un poco no salía en la foto.

Por exceso y defecto

Y bien pudo Rahm mejorar su resultado, aunque las circunstaancias también le llevaron a ser exquisito en la defensa. Estrenó los segundos nueve con birdie al 10 y se quedó sin otro en la llegada al Amen Corner con una corbata a una bola que estaba físicamente dentro. La cosa se puso fea en el 12 y 13, pecando por exceso y defecto. En el primero mandó la bola al manto de campanas doradas, pasadísimo de green y lo arregló. En el siguiente, lo comentado al inicio, visita a un arroyo ya conocido en el 13 y tras dropar pudo birlarle un golpe al campo. Tomó aire en el 15 y dio su último aviso, hasta entonces, en el 16 y el 17 con sendos birdies que le dejaba con -8 y sin un borrón en un sábado para recordar en el que se vino arriba en Augusta.

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