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'El Cazador' sigue a la búsqueda de piezas

En posición de ataque en el club Arago-Boxing./RAMÓN L. PÉREZ
En posición de ataque en el club Arago-Boxing. / RAMÓN L. PÉREZ

En su estreno en clase A derrotó en menos de un minuto a su rival y así dice que «disfruté tanto» como cuando se tira al monte para cazar jabalíes| El güejareño David Fernández aspira a ser campeón de España profesional de K1 tras haberlo sido en neo

SERGIO YEPESGRANADA

«Me quedé con ganas de más. La pelea acabó muy rápido. Si no, la gente hubiera podido ver mejor todo aquello de lo que soy capaz». No hay duda. Después de que el pasado 24 de noviembre se convirtiera en el ejecutor por excelencia de la cuarta edición de la Gala Boxística, 'El Cazador' David Fernández (14/08/1991) sigue a la búsqueda de piezas. De rivales con los que demostrar que en aquella velada en la que ejerció como reclamo en taquilla no fue casualidad que le bastara menos de un minuto para noquear al cordobés Antonio Ortiz y así resolver con los brazos en alto su estreno en clase A en la modalidad K1 de kickboxing.

En 2015, este que admite que «me transformo en el ring» ya se proclamó campeón de España neo de la Federación ISKA en menos de 85 kilos. Y una vez que en Armilla diera el salto a profesional y pusiera en vilo a los presentes con la contundencia de sus golpes, comienza a centrar sus miras en la correa nacional que seguiría dando sentido a un «estilo de vida» que lo refrende como el «depredador» que se siente cuando se encuentra en el entarimado. Y además, cuando se tira al monte en compañía de la rehala, porque es que aparte dedica muchas horas a la «caza de jabalíes». Su otro «hobby» y precisamente el que dio origen al apelativo con el que se le conoce. El que le permite terminar de forjar una personalidad deportiva única. El que cincela, en definitiva, una figura que alcanza los 184 centímetros de estatura y que por poderosa e inabordable se ha convertido en el orgullo del municipio de Güéjar Sierra, donde verdaderamente ha creado afición.

David Fernández, una «persona normal» que trabaja «como portero de discoteca tras haber perdido el puesto de trabajo que tenía de fontanero», comienza por explicar que pese a lo que pudieron presenciar los asistentes al gran evento del Machado Villar, no se come a los niños crudos. Es más, asegura que «soy un 'cacho' de pan» y que por eso precisamente «la gente del pueblo me quiere tanto» y «me sigue allá por donde peleo».

«No me da miedo nadie porque sé que puedo con cualquiera, disfruto las peleas»

Defiende que «el kickboxing es por encima de todo un deporte» y de ahí a que «después de las peleas no suela quedar rencor» entre los luchadores. De hecho, tras mandar a la lona por segunda y última vez al adversario que se hacía conocer como 'La Roca', «le busqué y le abracé» y casi que lo convirtió en amigo». Ejecutando un crochet de izquierda en combinación con una patada baja ya había obtenido la victoria que ansiaba. Y con el acercamiento que realizó después de que «llegara a preocuparme por su estado de salud» demostró lo que quiere que sea consabido: que nunca ha estado promovido por intenciones perversas ni dañinas.

«En mi vida he pensado que puedo matar a alguien en el desarrollo de un combate. Ni me gustaría, claro. Por eso, si lo hiciera se me crearía un trauma y ya me resultaría imposible volver a pelear. Pero veo imposible que pueda pasar algo así porque los médicos siempre están muy atentos. Y a la más mínima que vean, están parando la pelea», recuerda.

Que 'El Cazador' presente estos sanos códigos de conducta -los propios de una especialidad a la que penalizan «los prejuicios»- no evita que realmente se transforme en una 'bestia parda' cuando se encuentra en el encordado. O que a tenor de la amplia gama de llaves de que se compone su repertorio, haya que tener muchos pantalones para quererle hacer frente. Sabe que pega muy fuerte. Y que «aunque no me doy cuenta», se transforma en el cuadrilátero, de modo que la imagen que transmite es la de un peleador temible, diríase incluso que intimidante, lo que ha llegado a causar la estupefacción de «hasta algunos amigos míos» que «no me conocían en esa faceta».

«Cuando subo al ring -añade- aparece la parte mía de 'aquí estoy yo'. De 'ha llegado mi momento'. Y no, no es que juegue con el miedo del rival. Es que a mí no me da miedo nadie, porque sé que puedo con cualquiera. Me lo he demostrado un montón de veces», dice quien reconoce que tras el toque de campana es «cuando ya pienso en lo bien que voy a pasármelo». En que «voy a divertirme, porque yo disfruto las peleas, la verdad», refleja con seguridad inquietante. Será porque «en las algo más de cincuenta que he realizado» solo ha perdido «dos o tres y nunca me han noqueado». O será porque entre asalto y asalto siente también que llega «al final del camino, porque el resto es la preparación que realizas».

El caso es que David Fernández no se concede descanso porque de cara a un futuro no excesivamente lejano quisiera consagrarse como estrella de los deportes de contacto en el ámbito nacional. Desde que se iniciara «a los dieciocho años» en condición de amateur fue también una vez campeón de España por la FEK (2012) y otras cinco de Andalucía por la FAKB (2010, 2011, 2012, 2013 y 2015). Y ahora que tiene veintiséis, «y que he ganado en técnica y en conocimiento» de la disciplina, sus pretensiones son mayores. Sabe que con el kickboxing «es muy difícil ganarse la vida, por no decir imposible». Pero aún así admite que «estoy dispuesto a seguir trabajando duro» para hacerse con el trono en categoría nacional. Que es algo por lo que ahora que puede entrena en sesiones de mañana y tarde y también los fines de semana.

Mientras, da también rienda suelta a sus instintos en los montes de Güéjar Sierra. «Practico la caza de jabalíes. Me gusta mucho. Tengo licencia para ello. Y además de armas. Pero no las suelo usar porque soy perrero», refleja quien así también se entrega al cuerpo a cuerpo porque «después de que los perros localicen y capturen a las presas voy yo y las mato con el cuchillo». Sin duda, «todo un subidón de adrenalina» pues en estos menesteres sí que siente que «hay veces en que te juegas la vida». Eso sí, tampoco es que disfrute con el dolor de su oponente. Aunque el hecho de que en plena naturaleza «no haya nadie que lo detenga todo si existe riesgo de peligro», le hace curtirse en la suerte última de que sólo uno pueda quedar en pie. Es un ritual con el que «disfruto» y con el que también viene a demostrar su osadía. Así que mucho cuidadito, porque es temporada de caza y se encuentra hambriento.

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