Tercera División

El Villacarrillo rompe el maleficio

Lance del partido disputado ayer en el municipal de Veracruz./D. J. GONZÁLEZ
Lance del partido disputado ayer en el municipal de Veracruz. / D. J. GONZÁLEZ

Los celestes logran su primer triunfo en casa a costa de un débil Martos, inmerso en una crisis institucional que se ha trasladado también al ámbito deportivo

DIEGO J. GONZÁLEZVILLACARRILLO

Supo a gloria, sonó a muro derribado. Cinco meses y doce partidos después, el Villacarrillo logró al fin vencer en su estadio, tras mucha sangre, bastante sudor y demasiadas lágrimas vertidas. Tuvo que ser ante un comprovinciano como el Martos, en horas bajas. Los locales se lo creyeron, se gustaron y lo consiguieron. Este es el nuevo Villacarrillo, en el que las piezas comienzan a encajar y el trabajo a fructificar.

«El fútbol es un estado de ánimo», Valdano dixit. Los de Párraga volvían fortalecidos (más cualitativa que cuantitativamente) tras su meritorio empate en Huétor Tájar el pasado miércoles, mientras que el club de la ciudad de la Peña llegaba tras una convulsa semana en lo institucional, con la batalla dialéctica entre el presidente Antonio Martínez y el técnico Toni García saldada con el cese de este último bajo el eufemismo del expediente disciplinario.

Carlos Rando tomó hace tres días las riendas del banquillo marteño, y la primera le vino a la frente: la marcha de Vitu. Imposible su reemplazo.

La primera parte fue igualada, con ritmo e intensidad. Sutil canalizaba el juego ofensivo visitante y junto a Montiel buscaban penetrar por el flanco izquierdo de su ataque. Enfrente, los de Párraga se parapetaban con trivote en la medular y buscaban a Toni como faro ofensivo. Ambas escuadras adolecían de lo mismo: pegada. No obstante, las ocasiones llegarían. Niza falló en su entrega y habilitó a Adrián para plantarse en el uno contra uno ante Samu, quien achicó bien y abortó la tentativa marteña. Y al filo del descanso, de nuevo Samu salvaría los muebles sacando una mano milagrosa junto al palo a disparo de Bueno desde la frontal.

Vendaval celeste

El segundo tiempo supondría el anhelado punto de inflexión para el Villacarrillo esta temporada. Toni retrasó su inicial posición de falso nueve para hacer lo que mejor sabe: generar fútbol. Lideró un inesperado ciclón que arrasó al Martos por momentos.

A los 14' de este segundo acto el beatense, desde la derecha, preciso, elegante, 'vandelviriano', sirvió un milimetrado centro para que Dani lo cabeceara a quemarropa y adelantara a los celestes. Tres minutos más tarde, con el Martos deshaciéndose como un azucarillo, un córner botado por Juan Ángel lo mandaría en el segundo palo a la red nuevamente Dani. La grada lo festejaba como si no hubiera mañana mientras que el gran Fabio, dueño y señor de la medular, arengaba a las masas.

Era insólito: el Villacarrillo vencía claramente y se gustaba; triangulando sin nervios y con una confianza inusitada; mimando el mismo esférico que otrora ardiese. Cuevas ingresó para añadirse a la 'fiesta' y tuvo el tercero en un latigazo que Pozo repelió. Toni, el líder de la orquesta, mutó a banda izquierda y desde ahí se marcó un par de jugadas de otro nivel, al alcance de pocos en esta categoría, que desgraciadamente no finalizaron en gol.

El Martos, sin alma, melancólico recordando a Vitu, había arrojado la toalla mucho antes de que Sabaca fuera expulsado a diez del final y dejara en inferioridad a los locales para la tradicionalmente fatídica recta final del choque. Ni con esas. El vínculo de los locales con el balón parecía inquebrantable; la victoria, consumada.

Algunos hasta se pellizcaban para comprobar que la habitual pesadilla no era tal en esta ocasión. Era la realidad, que mira por dónde a veces es justa y placentera. Incluso será cierto que el amor puede con todo. Porque este domingo fue el amor, por el balón, el que acabó con el maleficio. Tan fácil, tan difícil.

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