FÚTBOL

Crueldad infinita para el Villacarrillo

No hubo premio completo al esfuerzo de los villacarrillenses./D.J. GONZÁLEZ
No hubo premio completo al esfuerzo de los villacarrillenses. / D.J. GONZÁLEZ

Un gol en los últimos instantes del partido dio al traste con el trabajo que los de Párraga habían hecho durante todo el encuentro ante el CD Rincón. El maleficio celeste continúa, escapándose de nuevo la victoria en el último minuto

DIEGO J. GONZÁLEZVILLACARRILLO

«¡No puede ser! ¡No puede ser!» bramaba un desconsolado Jesús Párraga correteando desnortado por su área técnica, de un lado para otro, mirando al negro cielo campiñés pidiendo misericordia. Acababa de llegar el eterno desenlace de la temporada: gol encajado en el último minuto del partido y puntos que volaban.

Es muy difícil articular palabra o juntar líneas cuando uno asiste incrédulo a cómo una y otra vez se repite la misma historia. No es exagerado hablar de una maldición, de una suma de casualidades que escapan al entendimiento humano. Nadar y nadar para morir siempre en la misma orilla.

La grandeza del fútbol radica en ser una de las mejores metáforas de lo que es la vida, pero el problema viene cuando lo que se manifiesta es el sufrimiento y el dolor insoportable. Y es aquí donde se halla el Villacarrillo, en el dolor. No hay morfina en el mundo que pueda mitigar lo que el club celeste está padeciendo esta temporada. El fútbol muestra semana tras semana su cara más amarga a un grupo que trabaja mucho mejor de lo que dictan unos resultados que están agotando la paciencia y las esperanzas celestes.

Arrancaron el año futbolístico y la segunda vuelta en el Veracruz con una tarde de frío, lluvia y niebla; de esas en las que en esta década se forjó el status de un Villacarrillo ganador, en tardes épicas que perdurarán en el imaginario colectivo campiñés. Aferrados a las escasas opciones de salvación existentes, los locales saltaron voluntariosos al césped para medirse al equipo revelación del campeonato, el malacitano CD Rincón.

Pronto tuvo Jesús Párraga que modificar su pizarra, por mor de la lesión de Isaac, ingresando Facu en su lugar y cambiando de banda a Fran.

La igualdad y la briega fueron la tónica dominante en el primer acto, hasta que en los minutos finales los locales dispusieron de ocasiones para adelantarse en el marcador. Primero fue Dani quien no aprovechó el pase atrás de Fran por la izquierda; y, al filo del descanso, llegaría la más clara, cuando el pequeño Facu envió al larguero un certero cabezazo.

Tras el descanso los celestes salieron sin ambages a por el partido. Cuevas entró para dotar al equipo de la chispa necesaria arriba y su asociación con Toni comenzó a crear peligro en el área malagueña. Flotaba en el ambiente que este sería el partido para romper con todo y lograr al fin una victoria en el Veracruz.

Paradón y gol

Sin embargo, quien tuvo que aparecer en el otro área fue Samu. El arquero linarense volvía al estadio en el que fue pieza clave del ascenso el año pasado, y evidenció que su nivel sigue muy alto. Salvó un mano a mano con Ángel y un chut posterior en segunda jugada.

Obviamente, el Villacarrillo marcaría acto seguido. Toni fue creciendo en el duelo cayendo en banda derecha, y desde allí, llegando a línea de fondo, sirvió un centro medido que Juan Ángel lo cabecearía a la red.

Esta vez los de Párraga no se echaron atrás tras el gol y continuaron presionando la salida de balón malagueña. El dominio seguía siendo local e incluso pudo llegar el segundo, cuando Niza remachó en área chica un rechace del guardameta visitante a tiro de Fran, mas el tanto fue anulado por el desafortunado trío arbitral por supuesto fuera de juego.

El Rincón ni antes ni después del tanto celeste había dado síntomas de poder crear peligro, mas el partido no se había sentenciado y la grada trataba de insuflar con su aliento un plus de fuerza para que su equipo resistiera a los temidos y malditos minutos finales.

Mazazo final

Los locales dominaban el esférico, nada hacía pensar que la tragedia volviera a cernirse sobre el Veracruz. Pero llegaría, por enésima vez. El lateral Acosta enganchó un chut lejano que rebotó en un zaguero local, trazando una parábola imposible para Samu. Increíble. 1-1, minuto 89.

La grada, bloqueada, negaba con la cabeza a la vez que continuaba animando a los suyos. Restaba un descuento en el que Dani tuvo en sus botas el gol de la victoria, para mayor escarnio. El empate era definitivo. Tan definitivo como el destino del Villacarrillo esta temporada.

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