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Borrachera de goles en el duelo de descendidos entre Villacarrillo y Guadix

Imagen de archivo de un partido del Villacarrillo. /IDEAL
Imagen de archivo de un partido del Villacarrillo. / IDEAL

Los locales despidieron la temporada goleando al Guadix (6-3) en un choque descafeinado que al menos permite descender con dignidad

DIEGO J. GONZÁLEZVILLACARRILLO

Fin. El efímero y tortuoso camino del Villacarrillo en su regreso a Tercera se consumó este domingo con una goleada 6-3 frente al también descendido Guadix, en un partido atípico donde los haya.

Campiñeses y accitanos disputaron lo que resultó ser un epílogo divertido para la sufrida grada celeste. Una borrachera de goles para despedirse que iniciaría el visitante Vergara a los veinte minutos, al recoger un rechace tras un córner. Con el 0-1 y poco que contar se llegaría al intermedio, tras el cual los de Párraga, desatados, voltearon el duelo para convertirlo en una goleada.

Un minuto había corrido el reloj en este segundo acto cuando Toni recogió un balón dividido para habilitar a Fran en el mano a mano, estableciendo el de Carchelejo el empate. Sin tiempo para digerir la igualada, de nuevo Fran, a centro de Toni, controló con el pecho y fusiló en el área chica a Álex. 2-1.

La zaga accitana temerariamente se había adelantado hasta el centro del campo y a poco que los peloteros locales acertaran en sus envíos, el cara a cara con el arquero Álex estaba servido. De esta guisa llegarían el tercero y el quinto, con sendos duelos al borde del área entre Toni y Álex, en los que el beatense salió airoso regateando al guardameta y empujando el esférico al fondo de las mallas. Entre medias, el cuarto lo materializaría de penalti Fran, tras otra jugada similar.

Pedro Corral, el jugador franquicia visitante, maquilló con dos tantos el marcador antes de que en el descuento. Para redondear un encuentro kafkiano, Niza botaba una falta desde el círculo central que se coló por la escuadra de un adelantado y afligido Álex.

Finalizada la temporada, es momento para hacer balance. Y es que el descenso del Villacarrillo comenzó a fraguarse justo hace un año. Mientras se celebrara el ascenso, Valenciano ya «pensaba en blanco» y desmanteló acto seguido la columna vertebral del equipo para llevársela a la Nueva Victoria (al banquillo y/o a la grada, más concretamente). Luego llegaron las 'calabazas' de Lasarte o Arsenal, la falta de aptitud de Peralta... y aterrizó Ruano. Con una plantilla y un técnico superados por este Grupo IX de la muerte, a finales de septiembre, con 0 puntos, el granadino Jesús Párraga cogería las riendas de un equipo prematuramente sentenciado.

El resto ya es conocido. Un conjunto en permanente construcción - hasta 40 futbolistas vistieron de celeste esta temporada - sin éxito, que eso sí, ha ido derrochando empatía por los estadios de media Andalucía. Todos lo compadecían, sentían lástima por su injusta coyuntura: «El fútbol os debe más de una», «la suerte tarde o temprano llegará». Pero nunca llegó. Ha sido el amigo bueno, simpático e inteligente que nunca pasaba de ser eso: amigo, perdedor.

En ocasiones compitieron bien como en los dos encuentros contra el Real Jaén. En otras, el infortunio se cebó con ellos. Y en unas cuantas no se estuvo al nivel de la categoría. Sea como fuere, terminó la batalla contra los 'gigantes'. No pudo ser. El Quijote celeste se batió en armas y luchó contra los elementos, mas la realidad nunca casó con lo imaginado. Siempre enajenado. Siempre altivo. Vale.

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