Supercopa de España | Ida

Ni una roja desequilibra al Madrid

Ni una roja desequilibra al Madrid

Asensio se reinvindicó ante un Barça que sólo mejoró cuando Valverde renunció al tridente y optó por Denis para tener cuatro centrocampistas

RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Empezó casi como un amistoso, pero terminó con la misma tensión que siempre. Quizá porque el colegiado De Burgos Bengoetxea no estuvo fino, aunque cierto es que cada día que pasa parece más necesario usar el VAR. Urge un sistema que evite errores groseros de los colegiados, a los que pocas veces los futbolistas ayudan con su comportamiento. El trencilla vasco señaló como penalti un piscinazo de Luis Suárez y después, en una disputa entre Umtiti y Cristiano Ronaldo consideró que el luso, que segundos antes se había quitado la camiseta para celebrar su mejor gol al Barcelona, se había dejado caer. Le mostró la segunda amarilla para sorpresa general -Cristiano le pegó un empujón que le puede acarrear hasta 4 partidos de sanción- aunque eso no evitó que el Madrid de Zidane saliese victorioso del Camp Nou. El Madrid ahora es superior a todos y ni siquiera estos factores le desequilibran. Con diez jugadores fue capaz de lograr el 1-3, un zurdazo con el que Asensio sentenció el torneo. El Madrid mantiene su cita con el gol y ya suma 67 partidos oficiales marcando. Ese espectacular registro le deja el título a 90 minutos y en el Bernabeú, donde el miércoles se decidirá esta Supercopa de España que agranda el palmarés pero no evita que un técnico acabe condenado en junio. Que se lo digan a Carlo Ancelotti, por ejemplo.

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No fue como lo de Miami, pero un clásico a 13 de agosto no parece de inicio como los de invierno. Sólo 89.514 espectadores acudieron, en lo que fue la peor entrada en un clásico en los últimos diez años (que fue de 91.728 en la ida de Supercopa 2012-13). No sólo por las ausencias también de habituales de estos días, más allá de Neymar, ya que por ejemplo Juan Luis Larrea sustituyó a Ángel María Villar en representación de la Federación Española de Fútbol (FEF), se sentó junto a Josep María Bartomeu y Florentino Pérez como presidente en funciones por el dirigente suspendido provisionalmente en el cargo por el CSD tras la ‘Operación Soule’. Si la ausencia inicial de Cristiano Ronaldo dejó con la boca abierta a muchos, fue aún más cochante el color azul elegido por el Real Madrid.

Messi aprovechó el 'regalo'

No se entiende cómo el árbitro, luego protagonista por sus decisiones, no visualizó que, lejos del césped y a medida que los futbolistas iban sudando, costaría diferenciar a los jugadores. Y también a Ter Stegen de los jueces, porque llevaban el mismo amarillo chillón. En cuanto empezó la bola a rodar se localizó fácil a Mateo Kovavic, elegido por Zinedine Zidane para suplir al sancionado Luka Modric y perseguir por el campo a Leo Messi, ese al que todo el mundo reconoce independientemente del color que luzca.

El argentino participó en 43 acciones en el primer acto pero ninguna en el área. Messi demostró estar decidido a terminar con su racha sin marcar -lo hizo aprovechando el piscinazo de Suárez- al eterno rival, a que no le sorprendió el plan de Valverde y tampoco que no hubiese pasillo de campeón pese a que venían de ganar la Supercopa de Europa tras el doblete Liga y Champions League.

El duelo arrancó brioso por parte local. El Barça mostró orden ante un Madrid esperaba su opción con espacios pero triunfaron las acciones defensivas. En defensa Umtiti y Piqué se impusieron a Bale, que sólo marcó ante el Barça en aquella final copera de Mestalla mientras que Aleix, que llegó bien arriba pero estuvo fallón en el pase atrás, sufría para cerrar la banda con Isco y Marcelo. Fue un flan cuando se le presionaba. En una de esas acciones el malagueño, al que el Barça no quiso en su día pese a tener un precio inferior a Paulinho, regateó en un palmo pero su disparo sólo lo lamentó Ter Stegen, ya que golpeó en el botellín que tenía en el lateral de la red. El alemán sí hizo una buena parada a Bale, tras otra acción plástica de un Isco henchido de autoconfianza.

Cristiano, gol y roja de locura

Kovacic se vistió de Modric, demostrando que su mejoría en las coberturas y su capacidad para sacar rápido y con criterio el balón. Ayudó hasta que se agotó en defensa a Casemiro, que vio amarilla por una de sus clásicas entradas y también Piqué, que intentó marcar con la mano. Lo logró finalmente, pero, pese a que se escuchó a muchos en la grada celebrar, fue en su propia portería al comienzo de la segunda parte cuando pretendía cerrar un centro de Marcelo, de nuevo por la izquierda superando a Vidal. Lo celebró Raúl en el palco con efusividad. Quiso resarcirse Aleix pero no llegó nadie a su pase de la muerte y Deulofeu quiso que remachase Messi bajo palos pero le faltaron unos centímetros. El duelo cogió ritmo de vértigo y Carvajal tuvo la sentencia tras una buena acción de Benzema, pero salvó el 0-2 bajo palos Alba.

Cristiano, que en el descanso saludó a Messi para alegría de un aficionado que lucía una camiseta la mitad del portugués y otra mitad del argentino, compareció en la media hora final tras los siete minutos de Skopje. Intentó anotar de chilena y le anularon un gol por fuera de juego de esos de ‘moviola’. Valverde apostó por Denis Suárez, buscando tener un futbolista más en el centro y ganar la posesión ante un rival con sólo dos puntas. Mejoró enormemente el equipo con el gallego porque el Barça ahora mismo sufre mucho para mantener el 4-3-3 con los actuales futbolistas. La aparición de Sergi Roberto y Asensio fortaleció el plan de cada equipo, uno apostando por la pelota y el otro por la velocidad. El empate lo tuvo Busquets, pero con todo a su favor la mandó a las nubes en el área pequeña. Tuvo Luis Suárez el empate, después casi provoca uno en propia puerta de Varane y después se tiró antes de que Keylor le tocase.

Poco le duró la alegría al Camp Nou, que no imaginó lo que estaba por venir: el gol y la doble amarilla de Cristiano - cuya pasión por los músculos le costó caro y su reacción posterior podría tener consecuencias- que precedió al golazo final de Asensio, una joya por la que esta directiva no quiso apostar hace dos inviernos y que costaba sólo 5 millones, lejos de las centenarias cifras que se plantea pagar ahora por Coutinho y Dembelé. Quizá por eso se señaló el dorsal en un estadio donde pudo triunfar como local.

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