La obligación de siempre creer

Varios aficionados del Atlético de Madrid en Stamford Bridge. /Facundo Arrizabalaga (Efe)
Varios aficionados del Atlético de Madrid en Stamford Bridge. / Facundo Arrizabalaga (Efe)

Londres vivió la llegada de la ilusión rojiblanca en busca del milagro

MANUEL SÁNCHEZLondres (Reino Unido)

Por las calles del centro de Londres se oía un cántico español. "Somos socios del Atleti..." comenzaba la melodía. Los aficionados eran claramente reconocibles. No habían venido a ver museos, monumentos o puentes londinenses. Su objetivo era otro. Su objetivo se cocinaba en una parcela del barrio de Fulham Broadway. Una parcela llamada Stamford Bridge.

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En Bank, céntrica parada del meto de Londres, comenzó, alrededor de la una de la tarde, la peregrinación hacia el templo del Chelsea. Cientos de aficionados rojiblancos no podían perder la ilusión. No debían. Poco a poco, ellos mismos se lo iban creyendo, porque se han ganado el derecho a disfrutar de ella, aunque este martes dependiera también de lo que un equipo azarí fuese capaz de rescatar del Olímpico de Roma.

Según iban llegando a Stamford Bridge, la historia les golpeaba en la cara. Bofetadas en forma de cuadros, que rodean el campo como homenaje. Imágenes de Thibaut Courtois o Diego Costa sonrientes, con la copa de campeones de la Premier League. Una especie de broma macaba que les recordaba que alguno se fueron para ganar, mientras que otros se quedaron para pelear en noches como esta.

Las caras de los jugadores en el túnel de vestuario lo reflejaban todo. La tensión y los nervios eran prácticamente los mismos que los de los chavales que les acompañarían a través del túnel de vestuario hasta el campo, y que aguardaban en la sala de prensa ante la oportunidad de compartir unos instantes con sus ídolos.

Mientras tanto, los aficionados colchoneros se agolpaban en una de las esquinas de Stamford Bridge. Entre el primer anfiteatro y el segundo se repartía la parroquia desplazada a Londres. Separada por metros y unida por los cánticos que no tardaron en eclipsar a los ingleses. La habitual melodía que acompaña el nombre de Antonio Conte fue rápidamente silenciada por los gritos de "Ole ole ole, Cholo Simeone", y los ánimos a Morata, por parte de la hinchada 'Blue', acallados por los pitos y abucheos al madrileño.

La batalla en la grada estaba decantada, y en el campo se debatía entre el empuje del Chelsea y la incapacidad del Atlético de crear peligro. Y es que, pese a que los de Simeone no dispararon sobre la puerta de Courtois hasta la segunda parte, un córner era motivo suficiente para la emoción conjunta.

Ni siquiera las noticias desde Roma enfriaron el ambiente más de unos segundos. El tanto de Perotti en el Olímpico llegó rápidamente a las gradas y al banquillo de Simeone, quien parecía no querer saber nada, y mucho menos transmitírselo a sus jugadores. Para su suerte, segundos después del gol un córner a favor de los rojiblancos acabó con el gol de Saúl y la posterior eufórica celebración. Motivo suficiente para continuar creyendo.

La alegría duró poco, y a la imagen de Saúl sacando el pecho ante los suyos le siguió la de todo Stamford Bridge celebrando el empate. Pese a ello, nada cambió en la grada. La peregrinación aguantó el chaparrón y aunque el milagro estaba lejano y casi imposible, nadie cedió al frío o los mensajes de megafonía, que una vez consumada la eliminación, alertaban a los aficionados del Atleti de que debían abandonar las instalaciones.

"Cholo sácalos", "Soy del Atleti" y otros cánticos habituales de la parroquia rojiblanca sonaron hasta 25 minutos después del pitido final y la marcha a la Liga Europa confirmada. La peregrinación atlética aún continuará, de vuelta a España, y aunque no estará en octavos de final, una "derrota" así, duele menos cuando la música resuena a victoria.

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