Final de Copa del Rey

David Soria, un canterano del Madrid fan de Víctor Valdés

David Soria, durante un partido de Liga con el Sevilla. /AFP
David Soria, durante un partido de Liga con el Sevilla. / AFP

La portería del Sevilla ha sufrido varios cambios en los últimos años y críticas, sobre todo esta campaña, siendo el cuarto equipo que más goles ha encajado en Primera

LUIS F. GAGO Sevilla

En 2012 estaba en el vestuario del Canillas, equipo de la regional madrileña, un corpulento jugador de 1.90 muy joven aunque con canas en el alma lamentando su fortuna. «Estoy para retirarme». Fueron las palabras de un portero llamado David Soria que este fin de semana tendrá la oportunidad de seguir engordando su currículum con una Copa del Rey de España, tras haber sido de capital importancia en la consecución de la última Europa League del Sevilla ante el Liverpool, que cumplirá dos años en las próximas semanas. Fue en los cuartos de final de la segunda competición continental ante el Athletic cuando Soria se hizo grande y logró engañar a los hados que le fastidiaban en su sueño profesional del balompié.

Había dejado atrás los años nefastos de la cantera del Real Madrid, cuando la entidad que preside Florentino Pérez lo arrinconó y destrozó poco a poco dejándolo apartado por sus negociaciones en el último año de juveniles con el Tottenham. No olvidaron tampoco que en cadetes se marchó al Atlético de Madrid un año porque consideró que no se le había valorado lo suficiente. Esa forma de actuar lo llevó a probar fortuna en la Premier, donde una lesión le evitó fichar por el Leicester, justo la temporada en la que el equipo inglés iba a comenzar su escalada hacia el trono. Lo intentó en otras entidades británicas, haciendo un 'tour' deportivo como cualquier español de educación media hoy en busca de un trabajo estable. Pero como si de la crisis laboral en España se tratara, Soria tuvo que coger un billete de vuelta 'low cost' cabizbajo y con espíritu fracasado. Incluso lo llegó a intentar en el Sporting de Abelardo, quien consideró que era muy joven e inexperto para ficharlo. Recaló en el filial del Sevilla y de ahí al primer equipo en las últimas tres temporadas.

A la sombra de Sergio Rico con la llegada de Sampaoli, la campaña pasada volvió a la suplencia y a tener que revivir tiempos del pasado, porque en el fútbol la alegría es efímera. El actual año deportivo sevillista, inestable e irregular, con Berizzo primero y Montella después, tampoco le ha ayudado a asentarse. Ahora ha vuelto la diosa Fortuna a otorgarle otra mueca en su lista de deseos. En el complicado equilibrio que se vive dentro de un vestuario de primer nivel, sobre todo en lo que a la portería se refiere siempre, la caída de un compañero significa el resurgir del otro. La apuesta de Montella señalando a Rico de la mala racha de goles encajados del Sevilla le da a Soria una oportunidad.

Toca comprobar si la soledad propia de la portería es un peso ligero o no en la gran final para aquel que se ve reflejado en un hombre casi olvidado por el imaginario colectivo. Soria se fija en Víctor Valdés cada mañana cuando va a entrenar. Él sí lo recuerda aún. Hay una trayectoria similar. Vida deportiva irregular, con altibajos, en el que quizá los momentos de alegría no compensan del todo los de tristeza y amargura. Donde las caídas han sido más duras que los éxitos del final de camino. Ahora en el horizonte está un nuevo título, alzarlo frente a la bestia negra sevillista que es Leo Messi, amigo íntimo de Valdés. Destinos que parecen cruzarse y un chico que casi deja el fútbol hace seis años en mitad de todos ellos.

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