CICLISMO

La Clásica de Almería, desde Miguel Indurain a Pantani

Miguel Indurain, preparado para tomar la salida en la Clásica. /IDEAL
Miguel Indurain, preparado para tomar la salida en la Clásica. / IDEAL

La prueba almeriense que celebra su trigésimo primera edición el próximo 11 de febrero ha contado siempre con la presencia de las auténticas estrellas del mundo del pedal

JUANJO AGUILERA ALMERÍA

La popularidad de la Clásica de Almería viene motivada por su carácter elitista. La prueba almeriense siempre se ha cuidado de no dar pasos en falso, siempre ha contado con grandes estrellas, más incluso que cualquier carrera de un día que pueda estar en el calendario de la Champions del ciclismo, el UCI WorldTeam que en el que participan los 18 mejores equipos del mundo. Al UCI WorldTour están 'obligados' a presentarse los equipos, pero es de estos la última palabra sobre qué corredores tomarán la salida.

En Almería eso no pasa. El filtro lo pone la organización, que minuciosamente estudia las propuestas de los que quieren participar y luego decide si les da el 'permiso' oportuno para competir en el evento deportivo más importante que se celebra en esta provincia, por la imagen que es capaz de exportar fuera de España, sobre todo.

Atención segura

La Clásica, por sus características, es una prueba que llama la atención. Si es dura o no, sólo se sabrá durante su disputa porque el matiz no es cuestión de puertos de montaña, ni de kilómetros, sino de la propuesta de quienes la disputan. Si en las características hay dudas, donde no existen sospechas es en asegurar que la prueba almeriense, conseguida por el apoyo institucional y de un gran número de empresas, ha tenido entre sus participantes a las grandes estrellas del ciclismo mundial desde que la misma alcanzó la profesionalidad, en 1992. Corredores de la talla de Miguel Indurain, Perico Delgado, Bugno, Lemond, Musseuw, Ekimov, Svorada, Chiappucci, Boardman, Van Hooijdonk, Guerini, Ullrich, Zabel, Garzelli, Bettini, los desaparecido Pantani o Laurent Fignon, así como los Ugrumov, Cavendish, Berzin, Valverde, Matthews... saben que en Almería hay una prueba con solera como la Clásica, que es la carrera de un día que identifica a España en el concierto del deporte del pedal a nivel mundial, casi tanto como la Clásica de San Sebastián, como puede pasar con la Milán-San Remo para Italia o la Paris-Tours para Francia.

Arriba, Valverde antes de tomar la salida. Abajo (izda.), el desaparecido Marco Pantani. Abajo (dcha.), Óscar Freire, con José Manuel Muñoz. / IDEAL

Es algo a lo que también hacen referencia corredores nacionales como el propio Indurain, que estuvo en cuatro ediciones, sin olvidar otros entre las que destacan campeones del mundo como Abraham Olano, Óscar Freire o Igor Astarloa o los Sevilla, González de Galdeano, Heras, Beltrán, Laiseka, Gorospe, Mayo, Iñigo Cuesta o Samuel Sánchez.

Desde siempre

La Clásica ha sido grande desde sus primeros días. Al menos esa era la intención de quienes convocaron su puesta en marcha en 1986, con el nombre de Ruta de las Hortalizas y con carácter aficionado, si bien la seriedad plena se instaura a partir de 1992. De los inicios, se recuerdan los nombres del desaparecido Bernando González o de Ángel Edo. Su rápida ascensión a categoría profesional y su posterior internacionalidad ayudaron a que Almería fuese un lugar interesante para dar las primeras pedaladas del año, a lo que contribuyó su ubicación en el calendario, siempre en la misma fecha.

Desde entonces, los más importantes corredores han llevado en su 'culotte' un dorsal con el nombre de la Clásica y han luchado por hacerse con el Gran Premio, se llamara Endesa, como en los primeros años, o la Diputación de Almería, con su nombre o, como ahora, con el de Costa de Almería. Sin excepciones.

Arriba, Nelissen, mejor esprínter del mundo, ganador en la edición de 1996. Abajo (izda), Cavendish gana en Almería en 2015. Abajo (drcha), Matthews se impone en la Clásica de 2012. / IDEAL

Eso ha hecho que cualquier carrera del calendario haya tenido en la almeriense un evento para envidiar. Ganadores del Tour de Francia como Indurain, Lemond, los desaparecidos Fignon y Pantani o Perico Delgado estuvieron una vez conseguido el éxito que supone tener, en su casa, el oficioso título de mejor ciclista del mundo que concede el triunfo en la 'Gran Bouclé'.

Así, Indurain estuvo desde 1993 hasta 1996, con los cinco Tours. Su primera participación estuvo acompañada por la de otros grandes como Perico o Fignon, sin olvidarse de aquel Bugno que, como ganador del Giro, se quedaba siempre a las puertas de descartar al de Villaba en su lucha por ser más grande.

El norteamericano Lemond se une a la pléyade en las dos ediciones siguientes –en 1994 y 1995– junto con otros ilustres como Chiappucci, el desaparecido Casartelli –que murió en el Tour–, Boardman –récord del mundo de la hora–, Musseuw, Massen, Van Hooijdonk o Poulnikov, que llegaba tras ganar el Campeonato del Mundo juvenil.

Nelissen, que ganó en 1996 en la prueba que finalizaba en El Ejido, demostraba que era el mejor esprínter del mundo, aunque un accidente cortó su meteórica carrera. Posiblemente no hubiese ganado ninguna gran vuelta como Indurain o Rominger, integrantes ese año del pelotón de la Clásica, pero era el más veloz.

Breukink, que estuvo ya en varias ediciones como director de Rabobank, dio brillo a la edición de 1997, en la que coincidió con Chiappucci o el suizo Zülle. El helvético repitió también en la del edición del año 2000.

Antes, en la de 1998, entraron Freire y Marcus Zberg, un clasicómano que actuó dos veces más para repetir pódium, aunque nunca lo hizo en el cajón superior como el de ganador, casi convirtiéndose en el Raymond Poulidor de la Clásica.

Grande

La de 1999 fue también una prueba grande en cuanto a nombres. Con lo más granado del pelotón nacional, la presencia de Pantani, Vinokourov o Camenzind –que llegaba con el maillot arco iris conquistado en 1998– se unieron a la de Berzin, ganador de Giro y que dio guerra a Indurain en el que ganó el navarro, o Ugrumov, que había sido tercero en el Tour, tras Indurain o el malogrado Marco Pantani. Aquel año ganó el gran Svorada, un clasicómano.

En las últimas ediciones llegaron los que faltaban. La savia nueva como Pozzato, en 2000; Astarloa, en 2001, o los norteamericanos Himcapie y Hamilton, el italiano Bettini, que se quedó a las puertas de ganar una Copa del Mundo que sí lograría con posterioridad; Mayo, Rubiera o González de Galdeano, en 2002.

Guerini, Garzelli, ganador del Giro, o Pagliarini fueron los destacados de 2003. Mientras, Ullrich, Zabel, Cuesta o Laiseka lo eran en 2004, a los que se han ido 'acoplando', en años posteriores, otros corredores de la talla de Cunego, Valverde –considerado el mejor ciclista del mundo, con dos ProTour y dos UCI WorldTour–, Menchov, Sastre, Cavendish, Greipel, Kittel o Matthews. El británico, que no pudo ganarle a Theo Bos en 2010, volvió en 2015 para saldar esa deuda.

Se puede decir que la Clásica ha tenido un pelotón compuesto por los más grandes del ciclismo mundial de las tres últimas décadas o, lo que es lo mismo, la confirmación de la vuelta de la Clásica de Almería para ser, con el apoyo de todos, una prueba referente.

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