Baloncesto

El ojo de halcón de John Ebeling

Ebeling trata de zafarse de Andreu en el partido que Puleva perdió con el CAI el 16/03/1991. / G. MOLERO

Vive en Italia y espera «una oportunidad» para explotar sus dotes para la dirección deportiva y como descubridor de talentos | El expívot recuerda que estuvo «genial» en Granada y que celebró «como si fuese la Liga» la milagrosa salvación del Puleva ante el Cajabilbao

Sergio Yepes
SERGIO YEPES

Definitivamente se puede asegurar que el norteamericano John Ebeling (02/01/1960), uno de los jugadores más recordados del extinto Oximesa-Puleva, conserva la disciplina, la inteligencia y hasta el ojo de halcón que le llevó a protagonizar una destacada carrera como pívot de la que incluso hubo noticias una vez que rebasó la edad de 45 años. En la actualidad reside «con mi mujer y mis cinco hijos» en la ciudad italiana de Ferrara, que es donde «jugué mi primera temporada como profesional en Europa» y se acabaría prodigando en los despachos.

Pero lo cierto es que no descarta hacer las maletas en breve porque se encuentra «a la espera de una oportunidad de un equipo de la NBA o de cualquier otro» para hacer gala de las dotes para el descubrimiento de talentos o la gestión deportiva que ya evidenció a su paso por el Scavolini de Pésaro (2011-2013) o el Mantova (2013). Entretanto, dice que «colaboro con agentes para colocar a jugadores, realizo tareas de seguimiento a jóvenes de universidades y dirijo un gimnasio de mi propiedad en el que trabajo a diario». Y en el que también tiene tiempo de recordar su paso por Granada, que es donde se coronó tras ser el principal artífice de la remontada histórica protagonizada por el equipo que dirigía Manolo Cueto en el 'play off' de permanencia disputado ante el Cajabilbao en la temporada 1990/91. Una hazaña que pellizca la añoranza que siente por la primera ciudad que representó en España. «Estuve genial allí. Aún recuerdo la gran impresión que me llevé cuando visité la Alhambra», advierte.

Que John Ebeling nació para el negocio del baloncesto no es algo que sólo se acredite con el hecho de que tras jugar con 30 años en el Puleva lo hiciera en hasta tres equipos diferentes del país: el Grupo IFA (1991/92), el CB Murcia (1993/94) -con el que calcó la gesta de La Casilla- y el Joventut de Badalona (1994/95). O en que también militase en otros ocho de Italia, la nación que le concedió la doble nacionalidad: el Pallacanestro y el BC Ferrara (1992/93/ 1998-2001 y 2002), el Cantú (1996/97), el Reggiana (1997), Fabriano Basket (1997/98), Benedetto XIV (2001/02 y 2003/04), el Lumezzane (2002/03) o el Triboldi Toresina (2005). Su valía para el mundo de la canasta también se pudo certificar cuando pudo desenvolverse como director deportivo del Scavolini y del Mantova (2013).

«Paré a echar gasolina y el empleado me dijo que íbamos a bajar. Yo le contesté que alguien lo haría, pero nosotros no»

Para el doble campeón de la Serie A hizo fichajes tan productivos como el de «Ricky Hickman, escolta que ganaría la Liga Europea con el Maccabi Tel Aviv» o el de James White, alero que «al año siguiente se fue a New York, de la NBA». Y para el equipo de Lombardía rescató a «Johdre Jefferson, un base que venía de la Segunda de Turquía y se convirtió en un jugador de primer nivel para Italia». Fue en el club de la ciudad en la que está asentado ahora donde Ebeling terminó de adquirir una visión global del baloncesto ejerciendo como director general (2015/16).

«Trabajar en la gestión es tan competitivo como jugar. Y necesito competir para ser feliz. Hay aspectos de este deporte que no entiendes hasta que no te retiras. Y ahora siento que tengo experiencia en todos ellos, aunque estoy tratando de aprender más», señala a quien su agilidad mental le permite estar en permanente reciclaje. Y también recordar como si fuera ayer aquel 21 de noviembre de 1990 «en el que cambió mi carrera».

Por 'Espartaco' Blunt

Y todo, por poder llegar a Puleva «emocionado» tras un breve paso por el Basket Masagno de Suiza. Fue para sustituir a Herb Blunt, un norteamericano de siete centímetros más -210- al que se conocía como 'Espartaco' por su capacidad para machacar. Pero al que pronto Ebeling haría olvidar.

«El equipo tenía problemas en la clasificación -era colista del grupo par con cinco victorias y diecisiete derrotas-. Pero los compañeros con quienes me encontré sabían jugar muy bien», comenta quien se siente satisfecho porque «desde que llegué hice todo lo posible para salvar el equipo». Que no fue poco -medias de 25,6 puntos y 8,6 rebotes en los 24 partidos que disputó- después de comprobar que «el propietario del club (José Antonio Murado) era muy honesto conmigo». O que el pabellón de Albolote iba a ser «clave» para remontar.

«Nuestra pista era una de las mayores ventajas que teníamos. La afición era muy caliente. Y los equipos contrarios no estaban acostumbrados a jugar en ese ambiente que para nosotros era normal», comenta quien tras debutar al cargo de Gómez Carra «con una derrota ante Ourense» -por 88-86 el 09/12/1990- piensa que «fuimos creciendo». Aunque en realidad, muy poco a poco. El Puleva cerró el torneo regular en la última plaza (9-25), en la primera eliminatoria por la salvación no presentó oposición al Juver de Murcia (3-0) y encima en la definitiva comenzó perdiendo por 2-0 ante el Cajabilbao (95-78 y 93-72). Se mascaba la tragedia hasta que dos triunfos en Albolote por 95-82 y 68-66 el 3 y el 5 de mayo de 1991 hicieron creer en el milagro en La Casilla. «Recuerdo perfectamente que un día iba en mi coche por Granada y me paré a echar gasolina. El empleado me dijo que íbamos a bajar y yo le dije que alguien lo haría, pero que nosotros no. Cuando pasas por una temporada como esa es normal que se den momentos con problemas internos. Pero en ese último partido el equipo estaba unido y quería ganar. Y al sentir que Clavero y los hermanos Álvarez estaban bien comprendí que teníamos una gran oportunidad», dice quien celebró «como si hubiéramos ganado la Liga» aquel 85-88 del día 7. Un marcador que hizo estallar de júbilo a Granada y que aún le hace «quitarme el sombrero por la gran labor que realizó Manolo Cueto -el técnico revulsivo-, ya que supo aunar a personalidades diferentes».

A jugadores de los que Ebeling se separaría «por consejo de mis agentes». «En realidad, podría haber renovado. Pero quería jugar en un equipo puntero de España desde que en 1988 una lesión de rodilla me impidió fichar por el Madrid de Petrovic», refresca el exjugador de Nueva Jersey para referirse al IFA Granollers. Al equipo que le pudo pagar los 350.000 dólares que pedía pero que seguro que no le hizo olvidar la ciudad en la que fue un ídolo. La misma de la que ahora sigue pendiente también con su ojo de halcón.

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