Baloncesto

El entrenador que quiso irse en verano

Pin aparcó este año la corbata para dirigir con más comodidad. /Ramón L. Pérez
Pin aparcó este año la corbata para dirigir con más comodidad. / Ramón L. Pérez

La eliminación de la pasada campaña ante Zornotza le pasó factura al granadino, quien meditó su marcha del club al que ha dirigido desde sus orígenes en 2012

Juanjo Martín
JUANJO MARTÍNPamplona

El pasado 23 de mayo se vivió una de las mayores decepciones recientes para el baloncesto granadino. El Covirán perdió en el Palacio ante el Zornotza en el quinto partido de las semifinales (81-92) y frustró así sus opciones de ascenso a una LEB Oro que se alejó de manera imprevista. Ese varapalo pasó factura a la afición, cuyas ilusiones se vieron despedazadas, pero más si cabe a los integrantes del club rojinegro. En la mente de todos estaba dar el salto de categoría y a nadie le entraba ese escenario de caer en la cita definitiva antes de la final.

A Pablo Pin, al igual que a muchos, le costó digerir ese 'palo'. El entrenador fue la diana de las críticas vertidas esos días por el respetable, que le señaló como principal responsable de ese fracaso por no comandar hasta buen puerto una nave construida para el ascenso. El técnico colmó su paciencia ante el aluvión de comentarios negativos recibidos durante esos días e incluso borró su perfil de Twitter. Alcanzó tal punto de hartazgo que trasladó a la directiva sus dudas sobre su continuidad en el cargo, para el que tenía un año más de contrato.

El banquillo nazarí no es una losa fácil de llevar, especialmente para los propios granadinos, algo de lo que pueden dar fe anteriores inquilinos de la tierra como Gómez Nieto o Valdeolmillos. Pin había disfrutado los primeros años al conquistar los éxitos -ascensos de Primera Nacional a Plata- más rápido de lo imaginado, pero no llegar a LEB Oro la pasada campaña desató las iras del respetable y le puso en una tesitura desconocida en la entidad nazarí, la del fracaso.

La planificación de la plantilla se fragua en Trevélez, donde le gusta escaparse a menudo

La cúpula de la Fundación CB Granada mantuvo su confianza plena en el técnico, que se centró en la planificación de la plantilla de la siguiente campaña con tal de olvidar cuanto antes ese fiasco. Eso sí, las miradas a lo que hacía Zornotza en la serie por el ascenso contra Valladolid fueron una constante, algo lógico teniendo en cuenta el desaire sufrido a manos vascas.

La construcción del equipo suele arrancar durante la propia temporada en curso, aunque se fragua una vez concluye la competición. Esa última etapa la suele pasar Pin en Trevélez, en cuyo término municipal posee su familia una casa a la que acude a menudo para refugiarse en vacaciones. En ese escondite de la Alpujarra, donde a veces falla la cobertura para los móviles, el técnico efectúa una cura de descanso de la que vuelve con las energías totalmente renovadas.

Así ocurrió el pasado verano, en el que una vez aparcado su pensamiento de marcharse cerró con presteza el fichaje de Eloy Almazán. Con semejante buque insignia, Pablo mandó un mensaje a todos los niveles de que este año no se le iba a escapar el ascenso. A rebufo del alero procedente del Melilla arribaron dos jugadores más de la LEB Oro que conocían bien al técnico. Manu Rodríguez ya sabía lo que era tenerle al frente de sus años en las categorías base, mientras que Devin Wright incluso compartió vestuario con Pin en la etapa del granadino como jugador en el filial de EBA del 'Cebé'.

Junto con la continuidad de Bortolussi y De Cobos, el entrenador ya tenía conformada su columna vertebral para afrontar el reto del ascenso. Bajo sus sempiternos lemas de intensidad defensiva y fortaleza para cerrar el rebote defensivo, el Covirán fue sacando adelante sus compromisos con cierta comodidad. Eso sí, cada vez que los rojinegros aflojaban el ritmo llegaban los disgustos.

El 'coach' fue el primero en advertir sobre la importancia de conservar la concentración el mayor tiempo posible. La única relajación que Pin toleraba era la de los cuellos del cuerpo técnico, pues aparcó este curso la corbata del uniforme oficial para poder dirigir con más comodidad. Sin embargo, sus jugadores le dejaron de vez en cuando en evidencia. Al principio Pin hizo de escudo humano para proteger a su plantilla de la censura, limitando los tirones de oreja a la intimidad. Hace un par de meses aseguró que «se está siendo injusto con este equipo. La gente espera que fallemos para criticarnos de manera excesiva». Sólo de manera puntual aireó su disconformidad con sus hombres. «No se puede ser un 'empanao' y cometer pérdidas de balón tontísimas», afirmó semanas atrás.

Ahora, once meses después de la puñalada de Zornotza, este lector empedernido y amante de 'Queen' puede sacar pecho y volver a pasear con tranquilidad por Granada. Sus opositores seguirán manifestándose en su contra, pero nadie puede discutirle su crucial papel al guiar al club nazarí en su peregrinar, que comenzó en el 'pozo' en 2012 y que le ha conducido ahora hasta la LEB Oro.

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