Baloncesto

Churros, ajos y demás supersticiones

Los aficionados recibieron con júbilo a los jugadores del Covirán a su llegada ayer a Granada, arriba Eloy Almazán aúpa a una niña y a la izquierda, Carlinhos baja del autobús. /Alfredo Aguilar
Los aficionados recibieron con júbilo a los jugadores del Covirán a su llegada ayer a Granada, arriba Eloy Almazán aúpa a una niña y a la izquierda, Carlinhos baja del autobús. / Alfredo Aguilar

Los integrantes del Covirán mantuvieron las tradiciones que le han 'ayudado' en el ascenso

Juanjo Martín
JUANJO MARTÍNGRANADA

En el mundo del deporte es habitual llevar a cabo una serie de actos que, aseguran, conjuran a la buena suerte con el objetivo de que se alinee con los retos marcados. Por mucho que se racionalice y se intente aplicar la lógica, al final todos se dejan llevar por las supersticiones, sobre todo cuando uno hace caso omiso y luego se encaja una derrota. La plantilla del Covirán no ha estado ajena a estas costumbres que ha mantenido durante las últimas semanas -o incluso meses- y que, a la postre, han funcionado. El cuadro nazarí ya está en la LEB Oro, así que nadie puede cuestionar entonces su eficacia. Una de las más curiosas la ha protagonizado Fernando Bailón, uno de los tres directivos originales del club junto al presidente Óscar Fernández-Arenas y Javier Molina, a los que se sumó la pasada campaña Carlos Díaz en el área de márketing. Al director de comunicación nazarí se le ocurrió hace unos meses añadir a su habitual equipaje en los partidos a domicilio un par de ristras de ajos para atraer al buen fario.

En la sesión de tiro previa a cada encuentro como visitante, apartado de miradas indiscretas y sin testigos alrededor, siempre colocaba una debajo de cada canasta. Así lo hizo desde la derrota en el Palacio contra Alicante, un encuentro en el que la primera plaza se complicó sobremanera al caer por segunda vez en la campaña contra los levantinos. Situaciones límite requieren medidas desesperadas, por lo que Bailón echó mano de los ajos para 'contribuir' a ganar fuera de casa. La argucia surtió efecto en Morón, primer partido en el que lo puso en práctica y en el que los nazaríes rompieron la racha de imbatibilidad de los sevillanos como local.

Ante el éxito, el directivo repitió en la visita a L'Hospitalet, saldada igualmente con victoria. Dos semanas después tocaba ir a Murcia y se hacía tras el rebufo de haber doblegado al entonces líder La Roda. Los granadinos volvían a estar en la primera plaza y eso hizo que Bailón se relajara. Los ajos se le olvidaron en ese desplazamiento y el Covirán perdió el choque, el único lunar en su extraordinaria sucesión de diez victorias e once encuentros.

Los integrantes de la plantilla se le echaron encima al directivo, quien hizo propósito de enmienda y se comprometió a llevar los ajos en cada duelo a domicilio. Las victorias retornaron en las salidas a Canoe y Agustinos, lo que unido a las alegrías en el Palacio permitían que bastara con ganar en Navarra para sellar el ascenso. No obstante, los otros compromisos laborales de Bailón le impedían viajar en el bus con el equipo, pues tenía que partir el mismo día de partido. Debía desplazarse en avión y eso le colocó en la tesitura de tener que explicar en el control de seguridad por qué llevaba una ristra de ajos en su equipaje de mano.

La solución fue que el amuleto fuese en el autobús con el equipo, reencontrándose con su dueño ya en Pamplona. Allí se ubicaron debajo de las canastas y, por quinta vez, trajeron suerte a los rojinegros, quienes festejaron a lo grande el salto a LEB Oro. En la celebración en el hotel hubo tiempo para recordar la trascendencia de los ajos, así como de otras costumbres que han arraigado en el plantel nazarí.

Carlos de Cobos aseguró que una de las claves del ascenso no fue ni poseer la mejor defensa de la Liga ni la aportación de un jugador concreto. El motivo fue que el base había desayunado churros en las mañanas de los encuentros en casa, un hábito que atrajo la buena fortuna al no perder ninguno de los encuentros en los que los ingirió. Eso le llevó a plantearse incluir en su maleta una rueda del 'ligero' tentempié desde Granada, si bien finalmente lo descartó por obvios y aceitosos motivos. Como el Covirán actuó como visitante, no hacía falta recurrir al culinario talismán para no contrariar a los hados.

Lágrimas de felicidad

Todas esas anécdotas formaron parte de una celebración que arrancó en el pabellón de la UPNA y donde Pin agradeció a sus jugadores por «salir de su zona de confort y confiar en el club para venir aquí y lograr el ascenso», mientras que el presidente subrayó que «habéis hecho disfrutar como enanos a toda Granada». El jolgorio se prolongó hasta altas horas de la madrugada y el equipo se subió sobre la marcha al autobús, en el que completaron las diez horas de trayecto para recorrer los 800 kilómetros entre Pamplona y Granada. A su llegada al Palacio, los aficionados dieron una calurosa y cariñosa bienvenida a sus héroes. Las lágrimas de felicidad retornaron a los rostros de la familia rojinegra, que a partir de la próxima temporada gozará en la segunda categoría nacional.

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