LEB Plata

Un ascenso a punto de caramelo

Ferrán Torres se mostró como un jabato en la zona abulense, aquí se revuelve entre varios contrarios. / RAMÓN L. PÉREZ

El Covirán roza la LEB Oro tras su triunfo sobre Ávila y el revés de La Roda contra Albacete

JUANJO MARTÍNGRANADA

El sueño de la LEB Oro está a punto de convertirse en realidad para el Covirán. A falta de dos jornadas para el final, y tras los resultados de ayer, sólo hay una combinación que despertaría a los nazaríes de manera abrupta. Los hombres de Pin tendrían que perder sus dos partidos -Navarra a domicilio y Baskonia en casa- y que La Roda venciera sus dos compromisos restantes. Esa es la única forma en la que los granadinos podrían dilapidar su ventaja como líderes, pues la distancia con los manchegos es ya de una victoria y el 'average'.

Los rojinegros no fallaron en el Palacio ante Ávila (91-68), un resultado un tanto engañoso dado que los visitantes se pusieron a tan sólo seis puntos al principio del último cuarto. Ese triunfo fue el preludio de la euforia que se desató unos minutos después, cuando Albacete sometió a La Roda en el derbi (71-75). El Covirán ya no sólo depende de sí mismo, sino que tendría que esforzarse seriamente para alinear los astros y completar la única macabra sucesión de resultados con los que frustrar un ascenso que se acaricia ya y que podría ser matemático el próximo sábado, bien ganando en la pista del Navarra o bien con un nuevo revés de La Roda en la cancha del Canoe madrileño.

El Covirán está llamando con fuerza a las puertas de la segunda categoría del baloncesto patrio después de dar buena cuenta de los abulenses, que brindaron una enorme lección de dignidad y de actitud para plantar cara pese a las precarias condiciones con las que afrontó el partido. En Ávila se quedaron tanto el pívot Santana como el base Cazorla por sendas lesiones, pero es que el panorama se oscureció aún más cuando Sikiras sufrió un esguince de tobillo en los primeros compases del partido y Aramburu padeció el mismo problema justo antes del descanso. El contrario se quedó de esa forma con un único pívot sano para la segunda parte del choque, un auténtico sacrilegio ante un Covirán capacitado para masacrar a sus adversarios en la pintura.

El éxito podría quedar certificado este sábado si vence en Pamplona o si caen los manchegos

Antes de ser esquilmados en su juego interior, los visitantes impusieron su ritmo en el primer cuarto gracias a las sonrojantes concesiones en defensa de los rojinegros. Los miembros del Covirán dejaron muy suelto a su rival, que a base de penetraciones encontró una forma sencilla y directa de atacar el aro.

Mulero fue el estilete del Ávila al meterle once puntos a la pasiva defensa nazarí. La sangría pudo haber continuado de no ser por la bronca de Pin en un tiempo muerto que marcó un antes y un después. Del preocupante 12-16 en los primeros cinco minutos de acción se pasó a un 42-33 cuando los dos equipos se encaminaron a vestuarios. Es decir, los abulenses anotaron casi lo mismo en la primera mitad del cuarto (16 puntos) que en los siguientes quince minutos (17). Una sensible diferencia justificada en la mayor intensidad de los anfitriones a la hora de detener las jugadas de uno contra uno, sustento principal de los castellanos.

Una vez se taponó el sumidero de la pista trasera, fue cuestión de tiempo que los rojinegros tomaran la alternativa en el marcador. Fue entonces cuando arrancó el particular festival de Ferrán Torres, al que en Tarragona le conocían como el 'tiburón' del Serrallo -el nombre de la pista del club catalán- y que en Granada se está ganando el apelativo de Fred Astaire. El pívot es un experto a la hora de hacer bailar a su defensor, que siempre se 'come' su finta o su movimiento con el que conseguir una posición cómoda desde la que anotar. Torres está actualmente en un momento dulce y, tras su exhibición en León de la pasada semana, ayer hizo disfrutar a la parroquia presente en el Palacio, que superó los cinco mil espectadores en una nueva tarde gloriosa.

Con Torres marcando el ritmo y Bortolussi como su mejor lugarteniente, el cuadro nazarí empezó a correr y a sumar en transición. La idea del Ávila era forzar la mayor cantidad posible de ataques en estático y cerrarse sobre su canasta para invitar a los rojinegros a lanzar de tres, una faceta que a veces se les atasca. Ese planteamiento quedó inutilizado por la chispa de velocidad introducida por un quinteto con tres 'pequeños' y con el acierto de los hombres altos.

Tanto Torres como Bortolussi pidieron el cambio totalmente exhaustos en el segundo cuarto, en el que jugaron a tan alto ritmo que necesitaron un respiro en el banquillo. Eso sí, el encuentro estaba ya bien encaminado por mucho que el visitante Odong se empeñara en lo contrario. El canadiense -con pasaporte ugandés- asumió infinidad de lanzamientos pese a no estar especialmente entonado al principio, aunque con la muñeca ya caliente sí dejó huella tras de sí (37-33). No obstante, un nuevo estirón de los anfitriones en esos últimos instantes del segundo cuarto y nada más reanudarse el encuentro bastaron para obtener una renta abultada.

Un parcial 9-0 de salida con Manu Rodríguez sumándose al repertorio anotador del Covirán colocó un contundente 51-33 ante un Ávila que ya estaba con un solo pívot. Los visitantes tuvieron que trampear en la dupla interior y colocar a aleros por dentro. Su movilidad en pista delantera suponía una ligera ventaja, pero a la hora de defender fue un agujero que Bortolussi, Torres y Wright no tardaron en agigantar al abusar de su aplastante superioridad física. Los triples de 'Carlinhos' -4/4 en la segunda parte desde el perímetro- y Almazán aseguraron una victoria que, pese a todo, llegó a correr cierto peligro en el último período por culpa de la relajación.

Pin tuvo que volver a llamar al orden a sus jugadores, a los que calificó de «pardillos» en un tiempo muerto para hacerles reaccionar. El Ávila se había puesto a tiro (70-64) por creerse los anfitriones que ya estaba todo hecho y que un contrincante tan 'tocado' no iba a provocarles ningún susto. Nada más lejos de la realidad, pues el espíritu del contrario permanecía aún intacto. El toque de atención espoleó a los rojinegros, que volvieron a meter balones a unos pivots que definieron con contundencia ante la fútil oposición que ofrecieron los aleros, claramente inferiores en el poste bajo.

El acierto exterior de 'Carlinhos' terminó de hundir a los abulenses, que en el tramo final bajaron finalmente los brazos al desfondarse en el plano físico (21-4 de parcial). Así se certificó una victoria que nunca debió ponerse en tela de juicio. Sin embargo, la eterna tendencia de los nazaríes por aflojar antes de tiempo y no finiquitar al contrincante le jugó de nuevo una mala pasada. Empero, ese trance se superó y ahora la LEB Oro está a menos de un paso de distancia. Sólo falta escoger la pluma adecuada que empuñar y con la que rubricar un ascenso con el que sueña el club desde el principio de esta temporada.

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