CICLISMO

El futuro viene volando

El más rápido. El esprinter australiano Caleb Ewan fue el más rápido en la línea de meta y levanta los trofeos como ganador de la Clásica/J.J.AGUILERA
El más rápido. El esprinter australiano Caleb Ewan fue el más rápido en la línea de meta y levanta los trofeos como ganador de la Clásica / J.J.AGUILERA

El australiano Caleb Ewan, favorito al triunfo, se impone por un golpe de riñón al holandés Danny van Poppel en una Clásica de Almería de lujo

Juanjo Aguilera
JUANJO AGUILERAALMERÍA

Estaba escrito, pero las victorias se logran cuando se atraviesa esa línea que marca la meta, el final de una carrera. El australiano Caleb Ewan, líder del equipo de su país, el Mitchelton-Scott -el mismo al que pertenecía el danés Magnus Cort Nielsen, que ganó el pasado año-, logró hacerse con el triunfo en la trigésimo primera edición de la Clásica de Almería, que fue de lujo, organizativamente hablando, y con tintes de pasajes épicos por el esfuerzo de quienes tomaron la salida para disputar la prueba, sobre todo de siete corredores que en Viator, con apenas dos kilómetros de carrera, se fueron a la aventura para probar fortuna. Salió cruz porque, tras 150 kilómetros, se acabó su fuga para dar paso a una partida de ajedrez en la que Mitchelton-Scott le dio jaque mate a Lotto NL-Jumbo en los últimos metros. La prueba murió al esprint, tal y como ansía la organización de la Clásica, convirtiéndose en un paraíso para los corredores que 'pasan' un poco de la montaña y que ven en la carrera almeriense una oportunidad para anotarse un triunfo importante.

Ewan ganó por un 'golpe de riñón' a otro de los llamados a estar en la pelea por el triunfo en la línea de llegada instalada en la Avenida Rey Juan Carlos I de Roquetas de Mar, el neerlandés Danny van Poppel. El hijo de otro mítico corredor como Jean Paul van Poppel, no pudo finalizar la jugada que trató de llevar a cabo su equipo, el Lotto NL-Jumbo, que trabajó, desde que el pelotón entró en el término municipal del municipio roquetero, para imponer un ritmo que le fuese bien a su compañero especialista. Mitchelton-Scott también sabía de la estrategia y llevó en 'volandas' a su corredor para que cruzara la meta en primer lugar. El belga Timohy Dupont acabó en tercera posición de una prueba con más pasajes que el de la resolución, la cual habla de corredores de un futuro que ya está aquí y que llega volando.

Augurios

Los 'augurios' avisaban de un día complicado para la carrera. Al final no se cumplieron. Más allá del sol, el viento hacía acto de presencia en la línea de salida, en la Avenida del Mediterráneo, pero este, de cola en los primeros kilómetros, se apaciguó a poco de iniciarse la carrera dejando un día espléndido para la disputa de la Clásica de Almería. Esta, como cualquier otra carrera, se caracteriza siempre por la presencia de corredores a los que le gusta la aventura, que no quieren compañías, ni buenas ni malas, sabedores tal vez de que el ansiado triunfo no llegará si la carrera transcurre bajo el 'guión' de las grandes escuadras que participan en ella.

Pronto, muy pronto, hubo 'zafarrancho de combate'. Una escapada entrando a Viator, en la que participaron siete corredores, entre los que estaba el ciclista almeriense Cristian Rodríguez (Caja Rural-RGA), que quiso ser protagonista en su tierra y se dejó ver ganando la general de la montaña, tras ganar el puerto más difícil de la etapa, el de Turrillas, y puntuar en los otros tres.

Siete corredores, entre ellos el almeriense Cristian Rodríguez, estuvieron 150 kilómetros escapados

Junto a él estuvieron como compañeros de fatigas Diego Rubio (Burgos BH), Marc Buades (Fundación Euskadi), Axel Journiaux (Direct Energie), Maxim Belkov (Katusha-Alpecin), Rob Britton (Rally Cycling) y Dries de Bondt (Veranda's Willem).

Se manejaron fuertes desde la salida, con un pedaleo firme, ganándole tiempo al tiempo y manteniendo a distancia al pelotón. Al pasar por el Mini Hollywood, antes de introducirse en Tabernas, la diferencia era cercana a los tres minutos. Ya habían pasado por el primer esprint intermedio de la carrera, sin que en el pelotón hubiese un equipo que tomase la iniciativa. Los fuertes como Mitchelton-Scott, Bora-Hansgrohe, Lotto NL-Jumbo o Quick-Step Floors aguantaban conscientes, tal vez, de que la aventura no llegaría a buen fin en cuanto se empinara la carretera.

La batalla

El pelotón se comportó como tal. Cuando la carretera comenzó a ser un descenso hasta la meta, el más de un centenar de corredores que 'viajaba' a bloque como el 'galgo' tras su presa, devoraba el asfalto, a la par que la 'resistencia' era incapaz de mantener la ventaja. Casi donde se inició la aventura -al paso por Viator- esta era ya inferior a un minuto y la misma tocaba a su fin.

Aún hubo tiempo para redondear kilómetros. Cuando se cumplían los 150, el pelotón mandaba, tirado por Mitchelton-Scott, Lotto NL-Jumbo, Bora-Hansgrohe y Wanti-Groupe Gobert y empezaba la 'partida de ajedrez'.

Una caída cuando se entraba en el circuito de Roquetas de Mar en la que se vio involucrado el único corredor del pelotón que había conseguido ganar la Clásica antes -el italiano Mateo Pelucchi estrenó su palmarés en Almería en 2011- hizo 'añicos' el pelotón, troceado antes de cubrir el primer paso por la línea de meta, con los equipos de los dos corredores que se jugarían el triunfo marcando el ritmo de competición.

No varió la estrategia. Nadie era capaz de saltar del grupo por el fuerte ritmo impuesto, siempre a la espera de llegar a los últimos 400 metros en los que la partida la jugarían los dos 'reyes' del pelotón, el australiano Caleb Ewan y el holandés Danny van Poppel, que se pegaron al lado derecho de la carretera con la meta entre 'ceja y ceja'. Un golpe de pedal del corredor de las antípodas fue suficiente para darle jaque mate al holandés y ganar la Clásica de Almería, pero tranquilos que esta batalla no será la última. Giro, Tour y Vuelta esperan a un futuro que llega volando.

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