El negocio de los apartamentos turísticos deja tres millones de euros mensuales en Granada

Turistas en la capital granadina./Alfredo Aguilar
Turistas en la capital granadina. / Alfredo Aguilar

Particulares, inversores y antiguos agentes inmobiliarios, entre los perfiles más comunes del 'anfitrión' de este tipo de alojamientos, que ya gestionan al menos dos propiedades en plataformas

Juanjo Cerero
JUANJO CEREROGranada

Una de cada tres ofertas de Airbnb en la capital pertenece a una persona que tiene al menos dos apartamentos en la plataforma. La proporción se eleva hasta dos de cada tres en el caso de los que el sistema detecta como 'profesionales' porque tienen diversos anuncios publicados durante buena parte del año. Más de la mitad de los alojamientos turísticos disponibles, por ejemplo, en el Albaicín y el Realejo (el 59% y el 55%, respectivamente), se anuncian durante al menos seis meses al año. El nivel más alto de ocupación le corresponde al barrio albaicinero: el 30% del parque está ocupado de forma efectiva durante más de seis meses. En comparación, las ofertas en el Zaidín o en la Chana apenas rondan el 10% en este mismo indicador. Siete de cada diez ofertas disponibles en Airbnb son de un piso completo, no para compartir habitación, lo que aleja al mercado granadino del concepto de 'economía colaborativa', uno de los pilares en los que justificó su crecimiento esta 'start-up'. Son datos de la compañía de análisis AirDna.co a los que tuvo acceso IDEAL.

El negocio de Airbnb en Granada

Según la misma fuente, el negocio del alojamiento turístico ya mueve en Granada tres millones de euros al mes sólo en la plataforma Airbnb, una de las más populares. Lo hizo el pasado mes de marzo, con la Semana Santa. La cifra supone un incremento del 78% con respecto al volumen un año antes.

Aitor, que pide ocultar su nombre para hablar con este periódico y opera apartamentos en la plataforma, cree que la profesionalización es una consecuencia natural, sobre todo para quienes gestionan más de una propiedad. Es un trabajo exigente –asegura– y primar la calidad es lo más importante; si Airbnb detecta que los turistas califican un alojamiento por debajo de las cuatro estrellas –cuenta–, da un aviso al 'anfitrión'; si no lo corrige, la plataforma elimina la oferta. «Se preocupan de que la experiencia sea buena», añade. «Sólo nos fijamos en los decimales del cuatro para ver la puntuación, el resto no significa nada».

Fuera de la ley

Son muchos los 'anfitriones' de Granada que operan varias propiedades pero, en apariencia, no lo hacen de manera legal. Es un requisito necesario desde el 2 de febrero de 2016, cuando la Junta de Andalucía publicó un decreto que obligaba a quienes moviesen un apartamento con fines turísticos a inscribirse en el Registro de Turismo de Andalucía (RTA), tras lo cual se recibe un código que debe figurar obligatoriamente en las ofertas en los portales de Internet. IDEAL ha analizado las diez propiedades más demandadas en diversos barrios de Granada. En muchas de ellas, sólo la mitad –o menos– disponía de número de registro visible.

Hoteles a medias

El del Realejo es un escenario particular, ya que solo cuatro de los diez tenían esta información visible y, además, otros cuatro pertenecen en apariencia al mismo propietario. Cuatro ofertas en la misma zona de San Matías, las cuatro entre las más lucrativas de la capital, según la información de AirDna: 345.000 euros de ingresos conjuntos al año. En las opiniones que dejan los turistas, algunos de ellos se quejan, en inglés, de que eso tiene recepción y es un hotel aunque esté ofertado en Airbnb. En la descripción se puede leer que hay un hotel justo al lado donde los clientes pueden acudir si tienen algún tipo de problema. «Está dentro de un edificio hotelero. Una persona se encarga de gestionar la entrada y la salida remotamente, controlando con cámaras», dice David, uno de los que dejaron una opinión.

Además de profesionales, también hay particulares que operan en plataformas como Airbnb. Como Rafael, médico de 63 años, que hace cinco años se cansó de tener problemas con los inquilinos y decidió dedicar su vivienda a alquiler vacacional. Le ha ido bien desde entonces. «Las condiciones benefician más», resume. Reconoce que el problema surge cuando mucha gente tiene la misma idea y el resultado es una «falta de pisos de alquiler convencional», lo que contribuye a inflar el precio.

Otros, como Francisco Ávila, cruzan el camino entre uno y otro. Este arquitecto técnico empezó alquilando su vivienda para ayudar a pagar los gastos y ahora gestiona varias propiedades que subarrienda de manera legal, con el permiso de sus caseros. Este es su sustento a día de hoy. Fernando, por su parte, cree que este negocio no es el único culpable de la situación del alquiler de toda la vida. A raíz de la crisis –dice– más gente prefiere esta modalidad de alojamiento; a más demanda, suben los precios; un proceso que se ve incrementado si además hay una reducción de la oferta.

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