Dos voces de mujer cantan la Navidad

Dos voces de mujer cantan la Navidad
ALFREDO AGUILAR

Voces precisas, entrega, excelente vestuario y buena música arroparon un concierto redondo | Impresionante mano a mano de Estrella Morente y Ainhoa Arteta en el recital 'Que suenen con alegría'

ANDRÉS MOLINAR | FOTO: ALFREDO AGUILARIGRANADA

Nos gustan las cosas bien hechas, no cabe duda. Y sabe apreciar a los intérpretes que ya son artistas consagrados cuando visitan esta ciudad. Y si son mujeres mucho más. Por eso, anoche muchos granadinos llenaron casi por completo la sala grande del Palacio de Congresos, para escuchar, y también ver, a dos mujeres que han alcanzado lo más alto del arte canoro, y además en plena lozanía. El espectáculo, que venía avalado por dos nombres incontestables de la canción, no defraudó en absoluto. No en vano ambas habían conseguido recientemente reconocimientos tales como la Medalla de las Bellas Artes y el Premio de la Música.

Estrella y Ainhoa, desde un comienzo un poco frío, fueron caldeando el ambiente. La granadina abundando en la cercanía que el flamenco siempre propone, acercándose mucho al borde del escenario para casi comerse la primera fila, bailando cada canción y moviendo sus mantones de manila, que casi le faltaba palacio para el vuelo; la tolosarra esquivando lo que el bel canto tiene de almidonado, peripuesto y distante, despegando mucho los brazos para que su elegante figura adquiriese la vaporosidad que congeniaría con cada uno de sus melismas. Ambas dueñas de la escena, serenas, seguras, cómplices, deseosas de agradar y de que la noche fuese larga, para poder regalar todo el arte que atesoran sus gargantas y todo el buen hacer que derrocha su elegante presencia. Y el público desando también que la noche no terminase: algún ¡guapa! por ahí y muchos aplausos en medio y al final.

Tras ellas un pequeño conjunto de músicos anónimos, pues no hubo programa de mano que reflejase sus nombres. No más de media docena, pero que valieron por una orquesta entera. Un piano excelente para ambos estilos, dúctil y atinadísimo con el 'Ave María', sabiendo mantenerse en la discreción cuando hacía falta, las guitarras y los palmeros imprescindibles en el flamenco y en lo que suena a español, una percusión por momentos muy creativa, casi hasta lo cinematográfico, y como instrumentos de viento, por supuesto sin competir con tan inigualables voces, la flauta, muy protagonista, el clarinete, la armónica...

Hubo flamenco jovial y jaranero, vaporosidad y elegancia, gracia y vigor a partes iguales

En un concierto tan singular no sólo sonaron villancicos, también hubo flamenco del jovial y jaranero, canción alegre y hasta melancólica, un punto de jazz y una ligera bocanada que casi sonó a habanera y a suavísimo caribe. Es lo que tienen los sones hispanos en voces tan deleitosas, que suenan a medio mundo y casi a un mundo entero. Para lucimiento de Ainhoa el ya citado 'Ave María', precioso, con las inflexiones justas y sin ese empalago que le endosan otras versiones. Y no digamos los 'pelegrinitos' de Lorca, en donde Estrella ya se desmelenó, como a ella le gusta, en artista total, furia y carácter en turbión, faltándole tierra para bailar.

Voces transparentes y bien timbradas, cada una en su campo pero con un océano abierto para los dúos. Los que una comenzaba lo terminaba la otra y así todo un deleite. Nada de recitales por separado. Una más lírica y la otra épica, una clásica y la otra flamenca, ambas muy españolas, en un programa con la idoneidad justa para esta fechas navideñas, pero con la universalidad que es bandera del arte en cualquier época del año.

Las luces casi siempre atinaron a enfocar a cada una por separado y a ambas cuando confluían. El sonido, casi perfecto. El espectáculo: ellas mismas. Un detalle de calidad en la muy parca programación artística de estas fechas en Granada. Obliga a mucho esta entrega del ciclo 'Voces de mujer', que organiza la flamante empresa granadina Spectae Producciones. El listón por todo lo alto. Las versiones, actualizadas, adquirieron una gracia y una vigor fuera del adocenamiento y al calidad más que discutible de los recitales de coros aficionados y solistas voluntariosos que en estas dos semanas inundas nuestras ciudades y casi aporrean nuestros oídos.

Ambas hablaron. Donosas y espontáneas. Y las dos se refirieron a Enrique Morente: su hija casi rompiéndosele la voz, la forastera recordando su primera visita a Granada y lo gran artista que era el que nos resistimos a olvidar. Otros muchos fueron pasando por la memoria, Lorca el primero, que no se puede dejar de pensar en él cada vez que uno se acerca al pueblo con sentimiento y arte.

Como se acercaron cada una al terreno de la otra, sin pretender magisterio en lo ajeno pero adaptando a la vecina lo propio. Como se acercaban y se alejaban en escena, amagando una mínima escenografía confirmada en un cogerse ambas manos con cariño, acercarse ambas frentes con ternura, congeniar ambos corazones con amor. Para llegar a cumbres del espectáculo con ambas a dúo, como ese 'Noche de paz' a capela o ese «Adete fidelis» con Estrella pronunciando latín por lo flamenco. Y no fue el único detalle de humor. Que el humor distiende y demuestra que el artista está de vuelta de acartonamientos escénicos y fía su arte en la faceta más inteligente del alma humana.

Una noche de sonidos nítidos y colores refulgentes. Estrella del verde para Lorca, verde que te quiero verde, al rojo rubí, como los granos de su Granada. Ainhoa del negro que inició la noche al carmesí que hacía juego con el traje de su compañera. Y ambas, por un instante, coincidiendo en el blanco más radiante. Como dos copos de nieve navideña que se tornaron rojos, de pasión por las canciones más bellas y de amor por las cosas bien hechas.

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