40 años del Centro Cultural Manuel de Falla: Una sinfonía de anécdotas

Una de las primeras formaciones de la OCG, esa 'orquesta de extranjeros' a la que llegó Günter Vogl./IDEAL
Una de las primeras formaciones de la OCG, esa 'orquesta de extranjeros' a la que llegó Günter Vogl. / IDEAL

Butacas, artistas, ruidos sin origen conocido y ramos de flores son los protagonistas de algunos de los 'sucedidos' en la historia del Auditorio

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Cuarenta años son mucho tiempo. Toda una vida. Y la del Centro Cultural Manuel de Falla es una vida plagada de anécdottas, tantas como artistas han pasado por su escenario, como personas han ido a los conciertos, tantas como veces se han encendido y apagado los faroles granadinos que coronan su techumbre. Momentos de diversión o de tensión para el personal que cada día cuida esta instalación. Sin duda, muchas de ellas acudirán a la mente de los espectadores de los dos conciertos con que el Centro Cultural celebrará su 40 aniversario, los próximos viernes y sábado a las 20:30 horas, con Antoni Ros Marbà y la Orquesta Ciudad de Granada.

Precisamente, el maestro catalán recuerda haber hablado con el arquitecto en los albores del proyecto, y cómo se hicieron las mediciones acústicas y técnicas al detalle. «García de Paredes se tomó esta obra como un empeño personal, sabía que su trabajo iba a ser mirado con lupa», recuerda Ros Marbà. Parte del recuerdo de quienes acudieron al Auditorio en aquellos primeros años recordarán, sin duda, las butacas, de una tela de color verdoso, cómodas a más no poder, casi demasiado acogedoras, provocadoras de más de una siesta, ya en el concierto inaugural.

Luego, el incendio que afectó al Falla las destruyó, dando paso a una segunda generación mucho más funcional, menos propicia para la cabezada. Y aún, la gran reforma que se acometió en 2010, y que obligó a la OCGa marcharse al 'exilio' del Palacio de Congresos por una temporada completa, dio lugar a la instalación de las butacas que hoy se pueden disfrutar, nietas, pues, de aquellos casi sillones orejeros que fueron las primeras. Por cierto que, para acelerar las obras hace ocho años, fueron los propios trabajadores del Centro quienes se armaron de valor –y llaves inglesas– y desmontaron las 1.311 butacas antecesoras de las actuales, conservando, sin embargo, un grupo de las mismas en el Aula Rosa Sabater, como recuerdo. El resto fueron a parar a salones de actos repartidos por la ciudad, así que, como los taxis, siguen haciendo kilómetros.

De aquella reforma data también la imagen del Auditorio sin el suelo, mostrando en toda su desnudez la tierra roja y la piedra de la colina de la Alhambra. Y aquellos hombres con casco de obra que parecía que no se iban a ir nunca, porque las obras se sabe cuándo empiezan pero no cuándo acaban. Y fueron de aúpa, afectando a asuntos tan claves como la climatización, y es que, antes, dependiendo de la butaca, el espectador se encontraba en el Trópico o en Siberia, ya que había hasta ocho grados centígrados de diferencia entre unas ubicaciones y otras. Y claro, la diferencia térmica afectaba incluso al órgano, cuya afinación se convertía en una tarea complicada, sin saber cómo iba a sonar finalmente.

Ruido delator

La perfección acústica del Falla es también un arma de doble filo. Cualquier ruido que salga fuera de lo normal suena en todo el Centro. En una de sus últimas grabaciones, el pianista Javier Perianes afirmaba estar escuchando con insistencia un 'toc, toc' que le impedía concentrarse, y ni corto ni perezoso, salió como una flecha a buscar de dónde venía, hasta que lo encontró:una pequeñísima labor de bricolaje, que sin embargo, sonaba como un bulldozer, tal es la capacidad de amplificación de la sala y sus aledaños.

También ha cambiado la voz y la fanfarria que se usa para llamar al público al Auditorio. Hoy es un fragmento de 'El sombrero de tres picos' con la voz del actor Pepe Cantero. Una voz que se estrenó también tras la última remodelación. El aviso de cinco minutos suena a la hora justa de inicio del espectáculo por lo que, en la práctica, se dan cinco minutos de 'cortesía', acostumbrados como están los acomodadores y personal de sala a que algunos espectadores lleguen con la hora justa, a pesar de que el protocolo de la clásica es muy estricto.

Y hablando de protocolo, uno de los hitos de la historia del Centro Cultural fue la celebración de la entrega de los Premios Lorca hasta la inauguración del Centro de la Romanilla. A la primera y a la décima acudieron los entonces Príncipes de Asturias, y en 2014 se produjo una anécdota, cuando la hoy reina Letizia se encandiló del arreglo floral que adornaba el escenario, con mezcla de flores y granadas. Con mucho gusto, se le envió a la Zarzuela un bouquet de dicho exorno, que, al parecer, se colocó en una de las dependencias de la Casa del Príncipe.

Cazatesoros

Una de las anécdotas que genera el Archivo Manuel de Falla es el descubrimiento de tesoros. La pregunta que surge inmediatamente es:«Ah, ¿pero aún los hay?», y la respuesta de su gerente, Elena García de Paredes, es rotunda. «Los hay, y casi te quedas con los ojos en blanco cuando encuentras una carta, una partitura, una anotación... Lo próximo que se va a publicar sobre Falla es su expediente médico, a cargo de un prestigioso investigador, en base a sus radiografías e informes», comenta la gerente. También recuerda García de Paredes la visita de personajes como uno de los mejores chelistas de todos los tiempos, Yo-Yo Ma, «que derrochó simpatía y quedó gratamente sorprendido de que la ciudad y el Archivo guardaran tesoros como los que tenemos».

Otras anécdotas tienen como protagonista a la OCG. Su ahora gerente, Günter Vogl, recuerda su incorporación a la misma. «Vinimos por Valencia, y el último tramo sin autovía fue un suplicio. Yo llegaba a una orquesta llena de extranjeros, en un auditorio con una cuesta tan empinada que el coche a duras penas llegó. Cuando me presenté en Secretaría, pregunté si había muchos españoles, y me dijeron que en la sección de viento, todos. Yo no tenía muy claro qué resultado iban a dar esos músicos, hasta que celebramos el primer ensayo. Entonces, me di cuenta de que eran más buenos que yo, incluso... (risas). Aquella relación que iniciamos es la que hoy mantiene viva a la Orquesta, y ensayar cada día en este magnífico lugar», afirma Vogl.

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