Tres años en Órbita

Lori Meyers cerró el festival con un público entregado. Colofón colosal a un gran día./ALFREDO AGUILAR Y J. J. GARCÍA
Lori Meyers cerró el festival con un público entregado. Colofón colosal a un gran día. / ALFREDO AGUILAR Y J. J. GARCÍA

El festival llenó la Feria de Muestras de Armilla con un evento muy cuidado en cuanto a selección musical, espacios y servicios

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

La cantidad de conciertos que ha visto ya la chimenea del antiguo ingenio azucarero de Santa Juliana! Desde los pioneros Espárragos-rock que dieron la idea a los centenares de festivales posteriores, el mismo que este periódico organizó en el aniversario de su sección de música (¡y con qué cartel: 091, Enemigos, Amparanoia, Dr Feelgood...!) o aquel memorable 'Granada en Off' con el que la música se encaró con la Administración por su persecución (que no ha terminado) a la música. Luego vendría la adolescencia del Granada Sound, el Salvemos la Vega y definitivamente el En Órbita. Ya lo recordaba el cantante de Ballena, los primeros en salir: «Aquí fue donde Jota renunció a las radiofórmulas», dijo con buena memoria ante los primeros centenares de espectadores, como él entonces. Este festival ha encontrado el recinto adecuado a sus proporciones. Desde 2016 su objetivo fue claro: «Ofrecer un festival alejado del concepto 'macro', ser un evento muy cuidado en cuanto a selección musical, espacios y servicios, y que además fuera apto y disfrutable por adultos, jóvenes y niños» aseguran. Y lo cumplen.

Tras unas semanas en las que rozamos el diluvio universal, por fin el sol salió este fin de semana para calentar los ánimos y templar los cuerpos, material imprescindible del espíritu festivalero, esa alegría 'romera' que lleva a miles de personas a estas actividades no se sabe si a escuchar música o a socializarse con sus iguales. O los diferentes, ya que entre el gentío había personas de todas las edades y condiciones, incluso niños con sus cascos de protección reglamentarios, para los que había una programación festivalera especial en su propia zona, y es que la media de edad del 'indie' está muy dentro de la zona de riesgo parental.

Desde la organización del En Órbita aseguran que colocan el 'todo vendido' en torno a los 6.000 personas (en alguno de los antes mencionados se metieron allí más del doble, con apreturas de granja avícola de las que denuncian los animalistas) respetando una saludable y cómoda proporción de una persona por cada cuatro o cinco metros cuadrados, por lo que hubo aire para respirar, espacio para relacionarse, holgura para caminar... y sólo a última hora, en la proximidad del escenario cuando los Lori hicieron acto de presencia, la masa cogió presión frente al escenario, haciendo bueno su nombre.

Sesión vermú

Cuando arrancaron los conciertos, a la hora del tapeo, el sol calentaba pero no quemaba haciendo innecesaria la crema protectora de otros años, aunque no las gafas de sol, cuyo modelo 'oficial' ha sido diseñado por Vipsual. Los malagueños de Ballena dieron paso al tremendo sonido de los murcianos Perro, cuarteto de elementos intercambiables y doble percusión de una gran crudeza y desarrollos agrestes mucho más nocturnos que los de la hora tan limpia que le tocó actuar, y que pondrían de los nervios a los Eurofans.

Si la provincia de Granada ya tiene un Festival de jazz de otoño y otro de verano, también tiene ahora su correspondiente cita pop en primavera, y dos también de rock/fusión: el Bull la semana que viene y el Zaidín a vuelta de verano. Tiene razón el alcalde cuando subtitula a Granada como 'Ciudad de Festivales!.. El Én Órbita surgió como un Alhambra Sound (luego y definitivamente Granada Sound) pequeñito, ambos nacieron en el albero de la Plaza de matar toros, pasito a pasito, y sin abusar, para pasar por Armilla hasta ser definitivamente el festival super multitudinario que es en la actualidad.

Con Belako comenzó a llegar más público. También a la ribera del Dilar, desde donde el escenario gigante (más de 10 toneladas de estructura) y cinco de altura permitía seguir más mal que bien, pero gratis, las actuaciones. Dentro había una pequeña ciudad con todos los servicios, con su moneda propia de curso legal, el token, banco, camiseta oficial, todo tipo de recuerdos y merchandising, personalizable en el estand de Cervezas Alhambra (¡un éxito!), Puleva repartiendo chocolate, y una lineal de camionetas restaurantes con todo tipo de oferta. Desde la rigurosamente sangrante de 'Carniceros por el Mundo' con su lema: «¡gordo y feo no! Sólo gordo», a la vegana integral. Zona Vips y zona proleta, como tiene que ser.

Con 'Render Me Numb, Trivial Violence' los vascos nos recuerdan el espíritu post-punk y la new wave de los 80 aunque muy al día: 'Over the edge' sensibiliza sobre la violencia de género. Impecables, y rotundos y con una cantante de voz incisiva, los de Munguía sumaron nivel y tirón a la terna de apertura. Antes de que el escenario 'granaíno' empezara a funcionar a las 16:30h, como las actividades infantiles en la zona de baja presión sonora donde los chavales podían maquillarse, convertirse en estrellas del pop y hacer todo tipo de manualidades creativas.

Sesión de tarde

Antes se llamaba 'sesión matiné', que es cuando ya el café ha sido digerido y el sol pierde la vertical y empieza a caer, justo enfrente de los ojos de los artistas por cierto. A la par se inauguró el escenario Satélite (más chico pero suficiente) como feria de muestras del buena parte de la mejor producción musical de la ciudad. Como demostraron a contraluz Margaux, banda más ya flotante que emergente con un cincuenta por ciento de pop festivalero y la otra mitad de nutritiva psicodelia por desarrollar.

Con La Moda empezaron los platos fuertes en esta edición. Los burgaleses fueron los teloneros del primer concierto que dieron los resucitados 091, (numerosas camisetas amarillas, que los suyo fue anterior al Procés, había en Armilla por cierto) y nuevamente volvieron a tocar en este orden. Los burgaleses son un avispero de músicos de los que empujan y empujan al público hacia arriba en una comunión no se sabe si religiosa o sindicalista. Guitarra/mandolina, saxo, acordeón, bajo, teclado/banjo y batería son el 'hardware' sonoro de esta pandilla, con sus reglamentarias camisetas de estibador y sobre todo con una vitalidad y unas ganas de comunicar fuera de serie. Con sus coplas inflapechos y la voz enfática de su cantante dejaron al gentío, nuevamente, bullendo para Lapido.

A menos que aprovechando el entreacto se hubieran ido a ver a Martina Karsch y Dreyma, 'supergrupo' el primero que con 'Adora al Sol' tiene una eficaz rampa de despegue, contrastando su ejecución virtuosa y musculada con el electro pop de inquietante dramatismo naif de Dreyma.

Y a la misma hora que el año pasado estaba cara al sol (literalmente), Quique González, subía su amigo José Ignacio Lapido. Fue también el primero que tuvo horario ampliado de concierto y la primera vez que pudimos contemplar al exCero en un formato festivalero: compacto y a fondo, con una docena de piezas non stop. Nada nuevo es reseñar el bandón que acompaña al José Ignacio y que llena perfectamente cualquier escenario, por grande que sea, y al que la 'rever' natural, en 'modo arena', le da una amplitud de audio de lujoso grupo internacional. Su final fue de 10 'cum laude'.

Tras Lapido y ya con el cartel de 'no hay entradas' en la taquilla aparecieron Viva Suecia. Los murcianos el año pasado estuvieron en la zona de meritorios, y ya por derecho están éste en la de consolidados. Arrancar con 'Piedad' y 'El nudo y la esperanza', y Terminar con 'Bien por ti' y 'Hemos ganado tiempo' significó un festín de estribillos coreados a lo grande por el público. Recordó su bajista que es medio de Granada (y medio de Alcalá la Real) con lo que la familiaridad aumentó un par de puntos los decibelios.

Sesión de noche

En la recta final del festival y ya con el calor humano al completo, turno para los cabezas de cartel. En el pequeño Vúfalo, un grupo paralelo a los intermitentes Hora Zulú, hicieron público álbum 'Historias del Espacio-Tiempo' un acercamiento al pop desde el Metal con una ejecución impoluta.

A la par Sidoníe volvieron al mismo escenario del Alhambra Sound hace unos años. Esta vez crecidos, ya son quinteto, y con un rico sentido de la sonoridad del rock y a la par una orientación vocal muy de los años sesenta. Su conocimiento de la historia de esta música es exhaustivo, y juegan, muy pícaros ellos, a enrudecer coros dignos de la Eurovisión en blanco y negro con riffs de procedencia hasta progresiva. Es su encanto, además de un sentido absoluto del espectáculo y de la conexión, un punto glam, con el público, jugando con ellos a placer, y posando con o sin ropa. Montar el super equipo de escenario como el que llevan ahora Lori Meyers dio tiempo a que más de mil personas (entre ellos algunos Lori's )no se perdieran la reaparición para una noche de Mabaker, un grupo que en el cambio de siglo dejó un par de discos memorables. Aplausos, casi ovaciones para los Mabaker por el esfuerzo, y por su parte nervios, no, lo siguiente: un ataque. Revivir canciones como 'Azul', 'Cerebro', 'Oxidado', 'Soy yo', 'Cuando te vi', 'Marc' o 'Hay algo (o alguien, en otra versión) que nos vigila' son la historia de la música de Granada, en vivo y directo. Habrá que hacer un grupo de Facebook 'Queremos que vuelva Ma Baker'. Que surta efecto.

Cantaban Sidonie: «Levantaré a todo un festival (y lo hicieron) / Que ahora toquen Lori Meyers/ Que tengo ganas de bailar» y también lo consiguieron. A la hora de cerrar edición el despliegue gigante de los de Loja, con telón de video trasero y delantero y todo tipo de efectos especiales se descorrió para que sonaran 'Evolución', 'Luces de neon' y 'Planilandia' en un tono mucho más eléctrico de lo acostumbrado, los tres temas que han arrancado su actuación de vigésimo cumpleaños. «Somos de Graná, somos los Lori», dijo Noni, recién llegado de México al En Órbita. Un festival de vuelta al mundo.

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