La tradición guitarrera de la Casa Ferrer se muestra en la Fundación Rodríguez-Acosta

Numerosas personas se acercaron anoche al Carmen de la Fundación Rodríguez-Acosta para observar la muestra./Ramón L. Pérez
Numerosas personas se acercaron anoche al Carmen de la Fundación Rodríguez-Acosta para observar la muestra. / Ramón L. Pérez

La familia granadina tiene casi 150 años de historia en la fabricación de instrumentos, que esta exposición permite ver en toda su magnificencia

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Que Granada es la capital mundial de la guitarra es algo que queda fuera de toda duda. La fabricación de este instrumento ha alcanzado en nuestra tierra niveles de virtuosismo nunca vistos. A construir esa leyenda contribuyó de manera decisiva la Casa Ferrer, una firma granadina de fabricación de instrumentos que tiene a sus espaldas casi 150 años de existencia, y de cuyo tronco común han crecido algunas de las firmas con más prestigio a nivel internacional.

Precisamente, una de las joyas de la colección que se exhibe hasta final de mes en la Fundación Rodríguez Acosta, y que no solo incluye guitarras, sino también bandurrias, instrumento perfeccionado y modernizado por Benito Ferrer, es una guitarra valorada en más de medio millón de euros, resultado de la colaboración entre Antonio Marín y Robert Bouchet, uno de los luthiers más cotizados del siglo XX.

Vicente Coves, director del Festival Internacional de la Guitarra de Granada, en cuyo programa se enmarca esta exposición, afirma que «hemos intentado reunir piezas de todos los discípulos de la Casa Ferrer, y que se ponga de manifiesto el importantísimo legado de su forma de trabajar, que pervive en algunos de ellos, aún en activo».

Benito Ferrer fue una leyenda en su época. Estudiante de Medicina en primera instancia, llegado a Granada desde su Orihuela natal, dejó de lado pronto su aspiración de convertirse en galeno para dedicarse a la que siempre fue su auténtica pasión, la construcción de instrumentos, llegando a tener fama internacional. Desde Granada, cimentó un sólido prestigio que hizo acudir a la capital nazarí a clientes tanto de Europa como de América e incluso de Extremo Oriente. No podemos olvidar que, tal y como se pone de manifiesto en la propia exposición a través de los contratos originales, Benito Ferrer fue el encargado de formar a los trabajadores de la firma japonesa Yamaha en la fabricación de los instrumentos. Su magisterio sigue plenamente vigente hoy en día, ya que el 'modus operandi' de la empresa nipona no se ha desviado ni un ápice de las indicaciones del maestro.

En las mejores manos

No fue de extrañar, por ello, que las figuras de la época le confiaran sus herramientas de trabajo. Vicente Coves recordaba ayer el hecho de que la primera guitarra de concierto que tocó Andrés Segovia llevaba la firma de Benito Ferrer. Y su influencia, tanto como la de su hijo Eduardo, de sus herederos, y de sus discípulos -Antonio Marín, Rafael Moreno, los Bellido...- traspasó las fronteras, llegando a Hispanoamérica. Al margen de los interesantes paneles explicativos, que guían al visitante a través de las particularidades de cada uno de los instrumentos expuestos, el interesante material fotográfico, cedido en su mayor parte por la familia, muestra el día a día de un trabajo artesano, hecho 'como se debe', sin prisa, con el mismo amor que el primer día.

La exposición está comisariada por Jorge de la Chica y Mamen Nicás Caballero, quienes se han encargado de reconstruir la historia de esta saga de guitarreros granadinos, y de agrupar -hasta última hora hubo incorporaciones de instrumentos-, una serie de piezas muy difíciles de reunir por su diversa procedencia y su alta cotización.

Tras una trayectoria que abarca tres generaciones, hoy son los hijos de Antonio Durán y Ana Ferrer, llamados Eduardo y Ana Durán Ferrer, quienes llevan adelante con tesón y con mucha ilusión el negocio familiar. Ayer mismo, durante el acto de inauguración, Ana Durán, quien atiende la tienda situada en la Cuesta de Gomérez y se ha convertido en la primera mujer de esta saga constructora de guitarras, afirmó que «para nosotros, el taller pequeño, la producción realizada con mimo y control de calidad exhaustivo, es el secreto del éxito». Orgullosa de pertenecer a una de las sagas más importantes en la construcción de instrumentos, hoy solo fabrica guitarras, tanto clásicas como flamencas, y mira el futuro con optimismo.

Fotos

Vídeos