«El rock'n'roll está entrando en los museos y en las academias»

En los directos, a Lapido le gusta estar bien arropado./J. J. G.
En los directos, a Lapido le gusta estar bien arropado. / J. J. G.

José Ignacio Lapido | El músico granadino regresa estos días a la vida discográfica activa con su octavo disco 'El alma dormida' (Pentatonia 2017), un trabajo esbozado ya hace tres años y que la exitosa 'resurrección' de 091 ha ido posponiendo, hasta ahora

JUAN JESÚS GARCÍAGranada

Una vez regresado al letargo (sin fecha de reactivación, o no) de la banda madre, Lapido llamó a sus habituales para retomar las cosas donde las dejaron con 'Formas de matar el tiempo'. Este noviembre arranca la gira de presentación que llegará a Granada el día 2 de diciembre (a la misma sala El Tren donde dio el 'último concierto' suyo en diciembre de 2015). Su disco de retorno devuelve a un Lapido remozado, con un sonido inéditamente fresco y brillante acompañando su habitual 'oscuravidencia' melancólica y escéptica sobre el mundo, sus tiempos, fastos y pompas que nos ha tocado vivir.

-¿Respiró hondo el 18 de diciembre?

-Claro, era un concierto muy comprometido. Despedíamos la gira y además se retransmitía en directo para todo el país por Radio 3. Para colmo, José Antonio tenía faringitis o algo parecido. Lo pasó muy mal, y nosotros de verlo a él que estaba sufriendo. Cuando lo acabamos todos respiramos. Había sido un año asombroso y había que acabarlo bien.

-Y tras la inspiración profunda... Cuando expiró lentamente, ¿se puso a la faena?

-Pues esperé a que pasaran la navidades y nos pusimos a trabajar, como todo el mundo. Víctor Sánchez, Raúl Bernal y yo empezamos en febrero a estudiar posibilidades sonoras para los nuevos temas. En abril empezamos a ensayar con Popi y con Jacinto y en mayo entramos al estudio.

-En la portada parece dejar atrás una travesía del desierto. ¿Nota el viento de cola?

-En la foto no se ve lo que hay delante, puede ser más desierto o un oasis. Ese día de las fotos no había viento, ni de cola ni de cara. Hacía un calor implacable en Rodalquilar. En cualquier caso, en el sentido metafórico en el que usted me lo pregunta... atravesar desiertos es una de mis especialidades. Lo digo en una de las canciones del disco: «Nadie podrá decir que no hicimos bien nuestro trabajo, atravesando desiertos, cantándole a los insectos, picando piedra de sol a sol».

-Este disco estaba previsto hace un año (¡y un año tan especial!). ¿Las canciones han cambiado en este tiempo juntas en el cajón?

-No estaban en un cajón, estaban en las notas de voz de mi móvil, que es lo que procede en estos tiempos. La mayoría estaban compuestas antes de la gira de los Cero. Al decidir postergar la grabación y la edición ha dado tiempo de verlas desde distintas perspectivas y claro que han cambiado. Lo mismo que el vino que envejece en un barril de roble americano.

-¿Se han reproducido? ¿O alguna se ha vuelto improcedente?

-He compuesto tres o cuatro más en ese tiempo que no estaban en las primeras maquetas. Y esas nuevas han sustituido a otras. Podríamos decir que es una especie de darwinismo musical: sobreviven las que mejor se adaptan a los tiempos.

-Sólo leyendo el pdf de datos... La producción es colectiva ¡por primera vez!

-Sí, Raúl, Víctor y Pablo Sánchez, el técnico de Producciones Peligrosas, han trabajado a conciencia para que el disco suene tal y como se puede oír. Ha estado bien contar con tres opiniones cualificadas más. Víctor y Raúl son compositores en sus propios proyectos y saben perfectamente de qué va el tema. Popi y Jacinto han puesto lo suyo también. Estar acompañado de una banda como la que tengo es para sentirse orgulloso y agradecido.

-Hasta San Dylan se puso en manos de Daniel Lanois para hacer su última obra maestra. ¿En el futuro delegará más?

-Dylan se puso en manos de muchos productores antes que en las de Lanois y ya hizo obras maestras en los 60 de la mano de Tom Wilson y Bob Johnston. En mi caso, es mejor no hacer planes a largo plazo en este sentido.

-Y a los cómplices fijos añade los recientes Jesús Gilabert y Salvador Serrano. ¿El equipo habitual crece?

-Jesús Gilabert se encargó de la imagen de la resurrección de 091. Hizo un gran trabajo y lo llamé para lo mío. A Salva lo conozco desde hace muchos años, es uno de los mejores guitarristas de Granada y un excelente fotógrafo, como ha demostrado.

-Curioso... El primero de 091 se fijó a las ruinas de una cementera y le veo a hora en unas naves abandonadas... ¿Le gusta percibir la melancolía de los rastros de vida ya consumida que quedan en los espacios deshabitados?

-Las fotos del desierto están tomadas en Rodalquilar, y las de la nave abandonada son de Guadix. Creo que era una antigua azucarera, no lo sé con seguridad. El paso del tiempo es una de las constantes literarias en mis canciones, y sitios físicos como los desiertos o las casas en ruinas son buenas metáforas visuales de esto.

-Llegó leyendo hasta el final de los 500 versos de la Coplas de Don Jorge o se quedó como todo el mundo en la tercera estrofa?

-Yo, en mi etapa escolar, me sabía de memoria parte de las coplas manriqueñas así como de otras piezas clásicas... El soliloquio de Segismundo en 'La vida es sueño' o poemas de Espronceda y cosas así. Ahora no me aprendo de memoria ni mis propias letras. Así es la vida.

-Coplas que en Granada ya han 'inspirado' dos discos, este y la parte de TNT del 'Rimado de ciudad'...

-Realmente no me he inspirado en las coplas para hacer este disco. Algunas de las canciones de 'El alma dormida' comparten temática con la obra de Manrique. Solamente he tomado una de sus frases para el título.

-En cualquier caso supongo que se refiere al sustrato emocional de las 'Coplas ', ¿no?

-Sí, había un paralelismo. Manrique había perdido a su padre y yo perdí a mi madre el año pasado. Algunas de las canciones, como he dicho, van sobre la pérdida y sobre la fugacidad del tiempo, temas que toca Manrique en su obra. Por eso me pareció buena idea el titularlo así.

-En una serie de la tele ponen a Rosendo a la altura de Góngora... usted habla de «almas dormidas», «duelos», «quebrantos»... ¡Se me están volviendo todos unos clásicos!

-Tenemos una edad, y el rock'n'roll está entrando en los museos y en las academias. Pronto será un vestigio de un pasado glorioso. Los cementerios se están llenando de nuestros héroes de juventud, incluso de coetáneos nuestros. Este año está siendo especialmente cruel en ese sentido.

-'Versión oficial', estos días pierde toda su poesía y suena dramáticamente cierta, apegada a la realidad...

-Nunca he dudado a la hora de tratar temas sociales. Recuerde usted que en los 90, cuando todo el mundo andaba cegado por el resplandor de los fastos de la Expo y las Olimpiadas, yo escribía canciones que hablaban de los que no habían cobrado el paro y de los que vendían pañuelos en los semáforos. En el disco anterior, sin ir más lejos, había una canción titulada 'La ciudad que nunca existió', que era una visión personal de los estragos de la crisis. En 'La versión oficial' hablo a mi manera, es decir, con el surrealismo de por medio, de la obligación que tenemos de ser críticos con la información que recibimos, sobre todo cuando procede del poder.

-Echo a andar las pistas y ¡guau! suena con una luz inédita, con una alegría sonora distinta de la tradicional austeridad áspera de su sonido...

-De eso se trataba cuando decidí que la producción fuera colectiva. Que de esa multiplicidad de opiniones saliera algo novedoso. De buscarle trajes nuevos a las canciones. Usted sabe que una melodía se puede vestir con mil arreglos distintos, lo difícil es acertar con el que le sienta mejor. En el caso de estas canciones nos hemos dado el placer de probar distintas vías y al final creo que nos hemos acercado bastante al ideal.

-Vamos, que suena en Tecnicolor... ¿Ha dejado la paleta de grises en el contenedor de reciclaje?

-La escala de grises da mucho de sí. Yo ya le hice una canción hace años. Digamos que ahora hemos utilizado un Pantone distinto.

-Rodalquilar no es Arizona pero... le sientan bien las cartucheras a la banda. ¿Le ha llevado al huerto el tipo confesó haber quemado a Gram Parson?

-No sólo Víctor, todos somos muy fans del folk rock y del country rock. Todo el que hace rock tiene en cierta medida una deuda con la música americana, ya que el rock es un género que salió de allí. Si haces rockabilly sonarás a tipos de Memphis, si haces blues rock sonarás a tipos de Chicago, si haces algo más ruidoso sonarás a tipos de New York... Lo importante es que lo que tú hagas no sea una mera copia sino que reinterpretes el género y le imprimas una personalidad propia, ya sea en Granada o en Georgia.

-Y vuelve a la soledad del editor de fondo. ¿No ha tenido novios o más vale solo que...?

-Los novios discográficos hay que buscarlos y yo dejé de hacerlo en 2005.

-¿Y aprovechando que hablo con el CEO de Pentatonia, ¿qué fue de aquel disco de rarezas de 091 del que se habló en su compañía?

-Perdone usted, la plantilla de Pentatonia es de dos personas y yo no soy el que más manda. Ni el que más trabaja. En cuanto al disco de rarezas... Ahí está, en el limbo de los proyectos futuros.

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