«Yo respeto la música igual que cuando tocaba en el metro»

López posa durante la promoción de su nuevo disco. /Kiko Huesca (Efe)
López posa durante la promoción de su nuevo disco. / Kiko Huesca (Efe)

«A veces llego a obsesionarme con las canciones», afirma el artista malagueño Pablo López, que publica su tercer disco de estudio

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

De lo que más orgulloso se siente Pablo López (Fuengirola, 1984) no es de vender miles de discos, de llenar estadios o de participar como 'coach' en el programa de televisión 'La Voz'. Lo que de verdad emociona al cantante malagueño es hacer canciones y pulir cada una de sus composiciones hasta la extenuación. «A veces me obsesiono», reconoce López, que publica su tercer álbum de estudio, 'Camino, fuego y libertad' (Universal), que él mismo considera como su trabajo más personal, el disco que quería hacer.

«No me he quedado con nada fuera, esto es todo lo que soy como músico. Ha sido como ir a la playa y desnudarme», cuenta el cantante, que ha entrado en los primeros puestos de las listas de ventas, igual que su single 'El patio'.

Para explicar su éxito, López echa la vista atrás y recuerda cuando trabajaba de camarero en Londres y en sus ratos libres se iba al metro a tocar. «Comíamos de hamburguesas todos los días y el viernes ya no nos llegaba. había que buscarse la vida», cuenta. Su repertorio de entonces eran los Beatles y Elton John, y había días que se iba con la gorra casi vacía. Pero aquella experiencia le sirvió muchísimo. «Yo respeto la música igual que cuando cantaba en el metro, aunque es verdad que aquel chico que era yo se hubiera reído de mí si le hubiesen contado qué me ocurre ahora», bromea.

López colabora con algunos de los músicos más reconocidos del panorama nacional y todavía se le pone la carne de gallina cuando rememora el día en que compartió escenario con Joan Manuel Serrat para cantar a dúo nada menos que 'Mediterráneo'. «El primer concierto que vi en mi vida, con ocho años y acompañado de mi madre, fue de Serrat, así que actuar con él me pareció psicodelia pura».

«Me siento fuerte de verdad cuando estoy delante de un piano», asevera López, que se considera como una persona «vergonzosa más que tímida» y que se siente feliz de que sus canciones «vayan por delante» de su imagen. «Yo he soñado toda mi vida con hacer música y lo que ocurre es que cuando pones el amor en cada canción, todo lo demás llega solo», agrega.

Pese a la atención mediática que suscita, incluidas sus apariciones en televisión, Pablo López intenta alejarse lo más posible del estatus de «estrella de la música». «Quien viva pendiente de eso se está desviando del camino. Los artistas no somos más un tío que trabaja en cualquier otro empleo», indica. «Los que llevan muchos años en esto hablan con nostalgia de los tiempos pasados y dicen que ahora la cosa está muy mal, pero yo pertenezco a una generación que ha normalizado tener que trabajar mucho para poder dedicarse a esto. Yo no puedo darme de baja, por ejemplo. Yo tengo lo que tengo, pero vivo sin lujos. Los únicos lujos los dedico a la música: invierto lo que haga falta en los espectáculos, pero no en otras cosas. En el momento en que uno pierde la perspectiva, cava su propia tumba».

Estas reflexiones las comparte Pablo López con uno de sus grandes amigos, otro malagueño, Pablo Alborán. «Nos hemos criado a ocho kilómetros de distancia y venimos de un ciudad y de una provincia que es un lujo. Yo creo que no me podría ir a vivir a Málaga, porque si me fuera, me relajaría tanto que no haría discos», sonríe López, cuyo siguiente reto es la gira que comenzará el 10 de febrero en Roquetas de Mar y que le llevará por 29 ciudades. «Estoy tan emocionado como si hubiera quedado con la chica que más me gusta», concluye.

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