«Mi padre llevó el nombre de Granada por todo el mundo»

La cantaora granadina Estrella Morente./
La cantaora granadina Estrella Morente.

Estrella Morente, cantaora y la hija del gran Enrique, se encuentra en su plenitud artística, y recuerda a su padre en el séptimo aniversario de su fallecimiento

JORGE FDEZ. BUSTOSGranada

Hoy se cumplen siete años de la triste desaparición del cantaor granadino Enrique Morente. No hay un día que no se le recuerde. En una reciente entrevista pública a su hija Estrella en la antigua Facultad de Medicina, se terminó hablando más del padre que de sí misma. Pero no le importa. El amor, después de este tiempo, permanece intacto, y la admiración, también.

-Enrique Morente fue un cantaor flamenco, pero sobre todo fue músico y, por encima de todo, fue un creador incansable. ¿Qué proyectos le quedaron en el tintero?

-Enrique Morente, por encima de todo, fue un ser humano excepcional, que valoraba el tiempo como el oro, que no paraba de avanzar y de crecer porque siempre pensaba que podía llegar a más. Su legado es historia, no sólo el que nos dejó, sino el que está por venir. Quedan todavía discos inéditos, ensayos, pensamientos, cortos, letras, músicas, sonidos, ideas... Mi próximo disco está producido por él; la idea es suya. Tengo documentos que saldrán en el programa de mano del disco, donde se demuestra que es él quien está intercambiando ideas por correo electrónico con los diferentes directores. No quiero desvelar el trabajo, pero quiero dejar claro que el próximo trabajo está producido por mi padre.

-Era el motor de la familia que les iba guiando con sabiduría y dando a cada uno su espacio. ¿De alguna manera ese motor sigue funcionando? ¿Dejó las cosas atadas?

-Nos enseñó a labrarnos nuestro propio camino. Nos hizo independientes y respetuosos, porque él lo era. Nos contaba que el motor de uno es su propio trabajo y la afición y la devoción del mismo la gasolina. Era un creador irrepetible y el mejor padre del mundo.

-Ahora hemos descubierto en su madre, Aurora Carbonell, a una gran artista plástica. ¿Por qué antes no se dio a conocer como pintora y escultora?

-Mi madre siempre ha sido un genio y mi padre, Morente, lo sabía mejor que nadie. Siempre ha sido su musa, su mayor inspiración. Se enamoró de ella cuando bailaba y cantaba en el Café de Chinitas de Madrid. Decía que era una pintura. Nosotros vinimos al mundo siendo ella muy joven y decidió dedicarse a sus hijos. Pero ella tiene arte y lo desarrolla en todas sus facetas. Si hablamos de cómo pinta, de cómo esculpe, de cómo dibuja, hablamos de magia. Es autodidacta. ¿Sabes lo importante que es esto? Alguien que es capaz de tirar y sacar de su propia inspiración, sin método qué seguir; alguien que inventa sus propias técnicas de trabajo; que tiene la capacidad de expresión y la personalidad a flor de piel y que llama la atención, que se sale de lo común, es alguien mágico. Siempre será la Aurora de Morente, pero ahora es la que firma sus propias obras. Para mí, como hija, eso es muy importante. Es todo un ejemplo a seguir. Nacerán miles de auroras cada amanecer, pero ninguna como la Carbonell.

Estelas

-¿Se ven abocados sus hijos a continuar la estela de Enrique?

-Mi padre nunca nos forzó a nada. Era una persona maravillosa que te escuchaba y te aconsejaba con su actitud más que con sus palabras. Te permitía elegir qué querías para tu vida, errores incluidos. Decía que formaba parte del aprendizaje. Nos enseñó a trabajar, a ser honrados y hacer el bien. Ya, con eso, tenemos bastante tarea. ¿No le parece?

-Es inevitable, después de conocer su estatura, su trayectoria y su trabajo no rendirse a su persona. ¿Aún se le conocen detractores, aún hay quién lo niega?

-Serán los menos... Yo no los conozco. Todo el mundo le quiere, cada día más.

-Obras de su padre como 'Estrella' y sobre todo 'El lenguaje de las flores' se ha convertido en un himno. ¿Hasta qué punto consideran a su padre como un bien del pueblo?

-Mi padre era un universo. Pertenecía al universo, a las estrellas, al firmamento, al tiempo. Le encantaba estar con la gente joven. Sabía escuchar a los mayores y adoraba a los niños. Morente era de todos. Recuerdo el pasaje de la Biblia, cuando le dijeron a Jesús: «Fuera están tu madre y tus hermanos, que te esperan». Y Jesús les respondió: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Mi madre y mis hermanos son todos los que están aquí». Me recuerda mucho la actitud que tenía mi padre con sus amigos cuando le llamaba la familia, porque nos quería a todos.

-¿Creen ustedes que Enrique Morente ocupa el puesto en la historia que le corresponde?

-Enrique Morente dedicó su vida a trabajar, no creo que le interesase ocupar un lugar u otro en la historia. Él no trabajaba para eso. Lo hacía porque era un soñador, un enamorado del arte y de su Granada, de su cultura, de su familia, de la naturaleza. Su alma volaba.

-A Morente se le dedican homenajes por todo el país, conciertos, calles... ¿En Granada falta aún el reconocimiento definitivo? ¿No es hora de que un teatro o una plaza en el Albayzín lleven su nombre? ¿No es hora de que se le dedique en su ciudad un gran festival que rompa fronteras?

-Mi padre amaba lo que hacía, le daban igual los pódium, valoraba los reconocimientos, los méritos y las medallas que le entregaban por su trabajo, pero siempre les daba el lugar que le correspondía y no más. Llegará lo que tenga que llegar. No lo necesitaba. Sólo quería una casa con vistas a la Alhambra, a la torre de la Vela. Ha llevado el nombre de Granada por donde quiera que haya ido, por todo el mundo.

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