Magia y efectos muy especiales

Magia y efectos muy especiales
JUAN JESÚS GARCÍA

En formato festival, es decir corto, Macaco son un torbellino que baja del escenario y revoluciona el patio sin butacas con mucho 'love' e interludio flamenco

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

La noche llegó para iluminar el concierto de Dani Macaco, ausente de Granada hace mucho tiempo, sin que se haya oxidado en la distancia. Carbonell dirige un espectáculo muy medido y entrenado, en beneficio de un impacto fiable y contrastado: casi de obra teatral; guardarropía en rojo y efectos especiales de trabajos manuales. Una banda muy física le acompaña, también en la coreografías, interactuando con el extraordinario poderío gestual de su portavoz. En formato festival, es decir corto, Macaco son un torbellino que baja del escenario y revoluciona el patio sin butacas con mucho 'love' e interludio flamenco. Sudor y paz. Macaco en inglés o español neutro es un género en sí mismo. No había terminado en catalán «con familia y muchos amigos aquí», como precisó, cuando se encendió el sol de neón (un guiño acaso a algún montaje de Pink Floyd) que teloneaba el fondo del escenario de Izal, que también tuvo buenas palabras para esta tierra: «Adoramos Granada, es brutal».

Izal es el grupo de la temporada. Y hacen honor a ser objeto de deseo. Con el tiempo ha armado un concierto incontestable, gusten más (que gusta muchísimo) o menos sus canciones. Todas ellas con el indeleble sello de la casa: esos astutos contrastes de inercias que convierten cada pieza en un tobogán con vértigos casi de montaña rusa, en un suerte de mini óperas-pop con pulsación épica que canta o dejar cantar a la multitud, mayormente en agudo femenino plural. El grupo lleva muy rodado su concierto que oscila entre el sonido electro-acústico (ukelele incluido) y tremebundas cabalgadas eléctricas que levantan polvo hasta del barro. Y por delante su talludo cantante que tiene dotes de mago de masas. «Ya vamos acabando» dijo al presentar 'La mujer de verde' como ejemplo de lo antes dicho. Terminaron desbocados con 'El baile' y 'El pozo'. «Y nos vamos porque no queremos perdernos al gran Rosendo, al que hay que estarle agradecido».

A la hora de cierre de edición Rosendo afilaba las púas en el camerino dispuesto a cortarse un trozo de la coleta de la melena en un Bull inmenso: con 12.000 personas el viernes y 18.000 anoche. Tan grande que a la hora del reparto de este periódico por los kioscos todavía seguía sonando.

Festival indultado

Con los cirros, cúmulos y estratos que cantaba Krahe pasando por los laterales del horizonte, el cielo indultó el segundo día del festival, ya que tan sólo unas gotillas rociaron al público cuando Polock salieron a hacer su trabajo. 'Cuota de género' indie (ya satisfecha de forma completa después con New Raemon Izal claro) exhibiendo un gusto extraordinario en sus maneras sonoras, donde no sobra ni falta nada, y que tiene en la voz golosa de su cantante Papu un valor añadido. Son más valorados fuera que en nuestro país, algo a remediar porque sus conciertos son exquisitas obras de arte.

Sin duda, fueron O'funkillo los responsables de la paz metereológica. Fue salir los sevillanos y el dios de la lluvia salió huyendo despavorido ante semejante brutalidad. Tener a Pepe Bao soltando torpedos de bajo y a Andrea Luztz levantando los cuernos al aire (muy apropiado el día, aunque lo hacen siempre) es una experiencia que puede rozar el trauma. Auténticos bárbaros del Sur.. Y en formato de lujo con teclista y O'funkettes.

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