Eric Jiménez, el batería de Los Planetas, publicará sus memorias en noviembre

Eric, en su habitual tarea de dar golpes. /J. J. G.
Eric, en su habitual tarea de dar golpes. / J. J. G.

El músico pondrá en la calle el 9 del próximo mes un repaso a la trayectoria de las dos bandas más importantes en las que ha participado

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

Personaje impar del panorama granadino (y por extensión nacional) Eric Jiménez, percusionista de profesión, perejil en mil salsas (más bien ajo, porque deja su fuerte sabor siempre) y 'ciudadano ejemplar' municipal, publicará el mes próximo una volumen con sus 'memorias' musicales y vitales.

Ernesto Jiménez Linares (Granada, 1967) es el actual baterista de los grupos Lagartija Nick, Los Planetas y Tarik con su Fábrica de Colores. Empezó a tocar la batería en el año 1982 con el grupo KGB de forma autodidacta, y en el año 2.000 montó una academia de batería y percusión debido a la gran demanda de gente que le solicitaba recibir clases particulares.

En su momento fue probado por Radio Futura para incorporarse al célebre grupo de los Auserón, y su rotundo golpear (en broma se llegó a decir que había sido denunciado por la Asociación Protectora de Tambores por maltrato instrumental) se puede escuchar en más de un centenar de discos. Con sus baquetas en las manos Eric se atrevió a clamar contra los dioses, preguntando al viento digital de Bob Dylan las razones de ser boicoteado en su actuación conjunta, si bien el 'asinatrado' bardo de Minnesota no tuvo a bien responder (es capítulo promete ser jugoso).

Una pistola y un tambor

Considerado durante más de un decenio como el mejor baterista de rock del país, cuenta desde dentro su historia, la de sus grupos y en total la de la música de Granada. «Con seis años mi padre me encañonó con una pistola. Ni siquiera recuerdo su nombre. Con diez ingresé en la Falange porque quería tocar el tambor. Mis mayores influencias musicales han sido la Semana Santa y mi primera hostia, la que me dieron al nacer, quizá la más artística y la menos dolorosa. Me casé con dieciséis. Más tarde empecé a consumir drogas para evadirme. Debería haber muerto antes de los treinta», escribe con la lengua bien afeitada en la presentación, y sigue: «Durante estos cuarenta años he golpeado la batería como la vida me ha golpeado a mí, con todas sus fuerzas. Pero juro que este no es un libro triste. Os prometo que al leerlo os reiréis y amaréis la música casi tanto como lo hago yo». Tanto que trayendo a la memoria el célebre Chicote de la Gran Vía madrileña, montó su propio bar-museo hace unos años donde 'cuelga' los objetos físicos de sus memorias, ahora relatadas en casi 400 páginas. En noviembre lo edita Plaza y Janés, y estamos seguros, conociéndole un poco, que no dejarán a nadie indiferente.

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