«Creo que debo ser el artista menos vendible o menos comercial del mundo entero»

El cantaor flamenco Juan Pinilla, en la calle Oficios.
El cantaor flamenco Juan Pinilla, en la calle Oficios. / ALFREDO AGUILAR

Juan Pinilla Cantaor El hueteño, ganador de la 'Lámpara Minera' en La Unión, trabaja en un nuevo disco en el que incluye composiciones propias

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOSGRANADA

Se cumplen diez años desde que Juan Pinilla, oriundo de Huétor Tájar, ganara la 'Lámpara Minera' en el concurso de las Minas de la Unión, el mayor galardón que puede recibir actualmente un cantaor de flamenco. Antes de él, la obtuvo su maestro Manuel Ávila, de Montefrío. Después de él, Alfredo Tejada se ha alzado con el galardón. Hace solo unos días, celebrando este décimo aniversario, participó en la 57 edición de dicho Festival, en el mismo escenario que dio el espaldarazo definitivo a su carrera.

-¿Qué le ha supuesto la 'Lámpara Minera' en estos diez años?

-Supuso la decisión definitiva. Creo que ese tren sólo pasa una vez en la vida. 'La Lámpara' es un impulso tan grande, en todos los niveles, desde el mediático hasta el artístico, que me decidí a aprovechar el tirón y dedicarme por completo al flamenco.

-Pero no todos los galardonados han aprovechado esa coyuntura.

-Lo he aprovechado contra viento y marea, porque debo ser el artista menos vendible o menos comercial del mundo entero. Los representantes no se interesan por mí. No es que me hayan cerrado las puertas, pero yo no formo parte de los circuitos. Aunque lógicamente hay excepciones. He trabajado algunas veces con representantes pero no soy nada comercial.

-Sin embargo no para de trabajar...

-No paro de trabajar porque tengo un sentido de la disciplina del trabajo. Desde madrugar por las mañanas, estudiar constantemente, etc. Para ser flamenco hay que leer mucha poesía. No me refiero a Benítez Carrasco o Alberti, ni siquiera a Lorca, sino a Javier Egea, por ejemplo. Entonces, dedico muchas horas a la lectura, a escuchar y al cante. No me regalan nada.

-¿Cree que la Lámpara Minera con que ha sido premiado Alfredo Tejada en esta edición de 2017 está justamente merecida?

-Creo que se ha hecho justicia jonda. Hablamos de una Lámpara que viene a avalar una carrera artística interesante y un talento que no admite dudas. Me siento orgulloso de que un compañero tan arriesgado como Alfredo haya ganado con tanta dignidad este premio.

-¿Qué piensa de una nueva Lámpara para Granada?

-Aunque la prensa entera dice que es malagueño, en Granada reivindicamos esta Lámpara para nuestra tierra. Creo que Alfredo es un talento natural pero ha sido en Granada donde se ha curtido. He pasado noches con él y con Morente en las que Enrique lo animaba a seguir adelante, porque advertía su capacidad. Alfredo se ha hecho en estas peñas flamencas y la afición granadina lo siente suyo.

-En 2007 dedicó el premio a las víctimas de la siniestralidad laboral, ¿a quién se lo dedicaría el día de hoy?

-Pues en la Gala retomé esa dedicatoria. Hoy día, después de dedicarla a los trabajadores, se la dedicaría a los que están conmigo, a mi familia y a los grandes amigos que no me abandonan en ningún momento.

-¿Artista y compromiso van de la mano?

-Creo que sí. Entiendo que muchas veces los artistas se esconden detrás del velo aristocrático de la música y de las letras cuando tienen la posibilidad de llegar a tanta gente. Al final, acaban siendo un altavoz. Lo que huyo -y eso sí me gustaría remarcarlo- es de la demagogia. Intento hacer pensar y reflexionar a la gente, y sentir, que es de lo que se trata, el arte. Creo que es fundamental.

-En el flamenco hay miles de letras vivas y miles de letras olvidadas, ¿por qué cantar a los poetas?

-Para rescatar esas letras tan bonitas hay que bucear. A veces, se conocen las letras más banales, las que menos sentido poético tienen. La poesía popular tiene letras maravillosas, pero también en los poetas podemos encontrar letras grandiosas. El problema es que hay que saber leer poesía.

-¿Qué autor le gustaría musicar que aún no lo ha hecho o se le resiste?

-Todavía no he musicado a Javier Egea como me gustaría, porque estoy totalmente fascinado y deslumbrado por su poesía. Llevo más de un año trabajando en su poesía y me parece que estoy dando con unas claves muy interesantes.

-¿A qué compañeros de profesión, desaparecidos estos diez años, echa especialmente de menos?

-No sé si me voy a acordar de todos. Considero una gran compañera, una gran aliada, a Choni, porque era un pedazo de flamenca. Justo cuando gané la 'Lámpara Minera' estuvo ella de Diputada y se volcó conmigo. Enrique Morente, que tuve la suerte de conocerlo, ese gran genio, cercano, que me apoyaba tanto, como a todos los jóvenes. Enrique nos daba consejos directos y entrañables. Me acuerdo de Esteban Valdivieso; de Paula Marín, que para mí fue crucial; de Pepe Guardia, que también me apoyó tanto en mis comienzos; de Jesús Arias, otro genio. Aunque seguro que dejo en el tintero a personas que me han roto el alma con su despedida.

-David Caro es su 'compañero de fatigas' desde hace bastante, ¿qué tanto por ciento le aporta un guitarrista a un cantaor?

-Todo. Los guitarristas son los parias del flamenco, pero para mí son los músicos y los pilares del flamenco. Eso de que un cantaor, por poner un ejemplo, cobre 10.000 euros, y el guitarrista 400, me parece una barbaridad grandísima. Mi guitarrista ha cobrado casi siempre la mitad del caché conmigo, aunque yo sea la figura, porque entiendo que sin ellos no soy nadie. David me aporta dulzura, me está dando el corazón todo el rato en el escenario, es mi amigo, mi hermano, un 'compañero de fatigas'. Lo conocí precisamente en el Festival de las Minas, cuando gané la 'Lámpara', él estaba como semifinalista. Va y viene conmigo a todos lados.

-Usted ha viajado muchísimo desde que el flamenco es Patrimonio de la Humanidad, ¿cómo se ve el flamenco desde fuera?

-Pienso que lo del flamenco Patrimonio de la Humanidad nos ha servido para que nos sintamos orgullosos de esa nominación, pero en números cualitativos y cuantitativos no se ha notado en absoluto. El flamenco ya era Patrimonio de la Humanidad antes de que la Unesco lo dijera. Fuera sienten por el flamenco un gran respeto. Yo lo traslado a como aquí podemos respetar el tango y el jazz. La gente de fuera que acude a los conciertos flamencos es gente de mucho nivel y sienten veneración.

-¿Hay lugares dónde aún no se conoce el flamenco?

-Sí. Por ejemplo, las islas de Cabo Verde. Formo parte de proyectos culturales, como 'Siete soles, siete lunas', para llevar el flamenco a países subdesarrollados o países que no tienen posibilidades económicas y claro, la gente que escucha por primera vez el flamenco, ve lo que es el baile, escuchan por primera vez lo que es el cante, lo que es el toque de la guitarra, lo identifican con sus propios ritmos, pero a la vez le parece algo exótico.

-¿Hacia dónde va el flamenco?

-Tengo claro dónde va la guitarra y dónde va el baile, porque generalizando es donde más disciplina de trabajo hay y donde más se ha avanzado a niveles armónicos y en niveles rítmicos. Pero en el cante hay mucha confusión y mucho complejo. Lo que no acepto es que gente que aparece por publicidad o porque tienen una campaña mediática a su alrededor digan que ellos son el nuevo flamenco. Creo en la gente que lleva muchísimo tiempo sin tirones mediáticos, que su propia inteligencia o su vanidad no les permite llegar a más -aunque tampoco tengo claro lo que es 'llegar a más'-. Creo más en el trabajo de esa gente desconocida y en su verdad jonda. En el flamenco ni son todos los que están ni están todos los que son.

-Me consta que tiene una agenda de vértigo, ¿puede destacarnos alguno de sus proyectos inmediatos?

-Bueno, tengo viajes pendientes hasta final de año a Alemania, Brasil, México, Estados Unidos, Inglaterra, etc. Aparte estoy trabajando en un disco por primera vez desde mi propia perspectiva. No me lo va a hacer nadie, sino que lo voy a hacer yo. Estoy volcando todo lo que he aprendido hasta ahora. Incluso la mayoría de las letras son composiciones mías, con el complejo que he tenido siempre precisamente por ser lector de poesía. Y luego estoy terminando de escribir un libro sobre el flamenco en Granada en el que llevo investigando mucho tiempo. Lo empecé en el año 2001 con Paula Marín y Pepe Guardia. Son casi mil biografías de los cantaores, los guitarristas y los bailaores granadinos desde el siglo XVII.

Granada está en la cima

-¿Cómo ve el flamenco aquí?

-Granada tiene uno de los niveles más grandes que existen en la actualidad, comparable quizá con aquellos artistas que se fueron a Madrid, la generación de Juan Habichuela, Marote, Mario Maya, Mariquilla, Manolete, Enrique Morente, etcétera. Ahora te encuentras con Manuel Liñán, que está poniendo bocabajo el mundo entero; Marina Heredia y Estrella Morente, que son quizá los dos polos opuestos en el flamenco, pero que no se puede ser más artista y cantar mejor; te encuentras gente como Alfredo Tejada, Gema Caballero, Tomás García, por hablar de los más jóvenes; David Carmona a la guitarra; Juan Habichuela; Patricia Guerrero; Iván Vargas... Me parece una barbaridad. Creo que no existe ni en Sevilla ni en Madrid una cantera como ésta, que ya no es cantera porque son jóvenes pero están consolidados.

-Una seña de identidad granadina es que los cantaores son cantaores muy largos.

-Las cuestiones rítmicas que ha dotado el Sacromonte a Granada son importantísimas y ahí están demostradas, pero las cuestiones estéticas y armónicas que han tenido los grandes maestros de Granada, ahí están también. Por lo tanto Granada es tan amplia musicalmente hablando que sus cantaores lo reflejan.

-¿Qué tal las relaciones con los jóvenes de su generación?

-En general me llevo muy bien con todos, aunque por mi independencia o por no ser de cierta manera o ver el mundo de forma determinada, puedo ser la persona más vilipendiada del flamenco granadino. Al final acaban siendo siempre los mismos y atienden a los mismos patrones de mediocridad. Mediocres son las personas que insultan y que critican en general todo. Lo que hay es mucha frustración y mucha pereza.

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