A corazón abierto

El cantante saluda al público, durante su concierto de anoche en Granada./ALFREDO AGUILAR
El cantante saluda al público, durante su concierto de anoche en Granada. / ALFREDO AGUILAR

El Barrio protagoniza el primer lleno del año en el Palacio de Deportes con 'Las costuras del alma' | Dos horas de fusión flamenca y rock andaluz dejaron atrás el aguacero que empapó al público poco antes del inicio del concierto

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZGranada

Con la mano en el pecho, el sombrero cubriéndole la cabeza, vestido de un negro riguroso que solo quebraba un pañuelo colorado que le caía del cuello, El Barrio saltó al escenario anoche dispuesto a hacer honor al título de su nuevo disco y remendarse el alma ante el público granadino que llenaba el Palacio de Deportes. Lo hizo a corazón abierto, arrancándose la voz del esternón y dejándose las manos animando a una afición que logró superar el gélido aguacero que cayó minutos antes de la cita.

Venía ayer el Selu de vuelta a advertir a Granada que sigue vivo, que nada lo ha detenido por mucho que el rumor hablara de problemas de salud. Así que traía tantas ganas que se había encargado en la previa de calentar al público en las redes con alusiones a la Alhambra, al Albaicín y a la campana de la Vela. No nombró a Sierra Nevada ni al frío porque sabía que vendrían a visitarlo al caer la noche. Y así fue, con un agua distinta a la de las letras de sus canciones y un viento molesto que se empeñaron en poner difíciles las cosas. Afortunadamente el 'barrierismo' está bien enraizado en la capital nazarí y, aún bajo la tormenta, eran muchos los que aguantaban estoicos, cantando canciones del gaditano, con el mítico sombrero que los señala como fans calado.

Sólo así se comprende que, pasados siete minutos de las diez, el Palacio de Deportes estallara en un único grito primario y brutal al escuchar la voz de El Barrio. Palpitaba el corazón en una de las pantallas del escenario, pero también en unas gradas entregadas al sonido del gaditano, que coreaba la letra de 'Playa de la luneta', uno de los nuevos temas, como si fuera uno de esos clásicos que han convertido al gaditano en un fenómeno nacional. Selu disfrutaba abierto de brazos, incitando al coro, animando a la poblada banda que le acompañaba anoche.

Selu disfrutaba abierto de brazos, incitando al coro, animando a la poblada banda que le acompañaba

Con 'Buenas noches, amor' y 'Las costuras del alma', tema que da nombre al disco, prosiguió la marcha antes de envolverse en la blanca y verde y preguntar si estaba en Andalucía o no. El público gritó un sí gigante y el gaditano correspondió arrancándose a improvisar, sin acompañamiento, en un alarde de valentía y buen rollo. Fue el signo para cambiar de tercio y acercarse a sus referentes, los sevillanos de Triana. Selu pidió los trastos y alguien le acercó su guitarra. Así, tan sencillo, clavó el mítico 'Tú frialdad', una canción que con los años se ha convertido en una especie de himno no oficioso de andaluces en el exterior. Fue un gesto de maestro, recordar a sus propios maestros, que dio paso a otra ronda de temas barrieros. Sonó 'Un mísero currante y punto' y 'Cántate amor', este último una aguerrida invitación al buen rollo que puso de pie a los pocos que habían aguantado sentados en el pabellón. Fue uno de los instantes de la noche, con el público alzando vasos de plástico, teléfonos móviles, sombreros negros, bufandas y lo que hubiese a mano mientras arreciaba la banda.

'Cántate amor', aguerrida invitación al buen rollo, puso de pie a los pocos que habían aguantado sentados

Había empezado entonces hacía casi una hora, el público coreaba el nombre del cantante y este aprovechó unos momentos para marcharse del escenario. Fue un 'impasse' de algo más de cinco minutos que sirvió al grupo, especialmente a los coros, para hacerse notar pero que no impidió que las gradas se vinieran un poco abajo a pesar de la tralla entre flamenca y salsera que construía. El caso es que unos pocos silbaron, el batería ametralló un solo larguísimo y, tras culminar el tema, apareció de nuevo El Barrio. Había dejado la camisa negra y el pañuelo en el vestuario y lucía una camiseta oscura con algunos de los símbolos que conforman la estética barriera. A corazón abierto, con honestidad, animándose y animando a los miles de granadinos encajó 'Sr. Zapatones' a pesar de unos evidentes problemas de sonido que reconoció. «Estos pabellones, como todos, están hechos para jugar y se forma una bola de ruido aquí...», dijo entre aplausos y, mostrando la madera de los curtidos en lo más difícil, atenuó con una broma: «Este año he salido tan feo en la portada que no me ha visitado ni la gripe».

Primeros discos

No lo dijo pero podría haberlo dicho, no le hacía falta visita. Ya tenía a más de 7.000 granadinos bajo techo que corearon con él el comienzo de 'A la entrada de Granada' y ese 'El primer barrio' que recuerda a María Jiménez, al gran Bambino y al propio Selu de los primeros discos. A eso le siguió una tanda de fandangos con letras sobre el maltrato y la muerte que trató de hacer alejado del micrófono y que fue muy aplaudida.

De ahí al final, la energía no hizo sino aumentar. El Barrio encadenó la rockera 'Al sur de tu cama' y la melódica 'Con lo puesto', ambas del nuevo disco. Después engarzó un 'medley' de clásicos con el público. La afición cantó los estribillos de 'Yo sueno flamenco', 'Mal de amores', 'Ángel malherido', 'Nos fuimos pa' Madrid' y el himno por antonomasia, un 'Somos los barrieros' a capilla que retumbó en el estadio. Siguió hasta la medianoche, pero daba lo mismo porque aquel momento de comunión fue el remiendo que había venido a buscar a Granada. Se podrá pensar lo que se quiera, la paleta del gusto es infinita y más en la música, pero hoy por hoy pocos artistas son capaces de hacer enloquecer al público como lo hizo anoche el gaditano. Es lo que tienen los artistas que salen al escenario con humildad y honestidad, sin esquivar los problemas, a corazón abierto, para fundirse con sus fans.

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