Bull II: Let the Sunshine In otra vez

Bull II: Let the Sunshine In otra vez
juan jesús garcía

El Bull este año se ha trasladado a la que podemos denominar 'Ciudad de festivales', esa explanada en la carretera de Córdoba donde también se realiza el Granada Sound

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

Tras la edición fundacional del año pasado justito donde Granada pierde su nombre para convertirse en Vega, el Bull Festival este año se ha trasladado a la que podemos denominar 'Ciudad de festivales', esa explanada en la carretera de Córdoba donde también se realiza el Granada Sound. Espacio retirado pero perfectamente comunicado por autobuses del festival y taxis 'a precio especial'; transporte público eficaz y siempre más recomendable que el privado habida cuenta de las dificultades para aparcar en aquella zona. El año pasado al Bull se llegaba andando, éste ya no es posible salvo para runners entrenados y con ganas.

Al medio día en Canarias arrancó el día grande de este programa doble y aún con la humedad en el suelo de la mal dada tarde anterior, cuando el solazo del tostadero de la edición fundacional se convirtió en una lluvia insistente y malintencionada que enlodó el recinto retrasando su comienzo, hasta que El Jose entonó su 'Sin sal ni perejil' apretando por fin el botón de encendido del festival, y el Bull flotó.

Con un pronóstico de menos agua para el sábado, que para embarrase a gusto ya estuvo Woodstook con su himno 'Deja pasar el sol' (Let the Sunshine In), los ilurquenses Vecinos del Callejón estrenaron el segundo programa, cuyo eclecticismo mixturado cada día recuerda más al de los festivales del Zaidín, pensados para todos los públicos, esto es, para todas las edades pero también todos los gustos. El año pasado con cerca de quince mil personas se validó la fórmula, y en su segunda edición una cifra similar vuelve a ratificar que la idea de revolverlo todo es buena: en los festivales célebres de los años sesenta igual tocaban grupos de hard-rock, blues, latin, doo-wop que cantautores o folcloristas, y todo en paz y armonía, que es de lo que se trataban en estas romerías musicales. Y trata.

JUAN JESÚS GARCÍA

A la hora convenida los más madrugadores y el sol hicieron acto de presencia. Si el año pasado Son de Nadie levantó la primera polvareda en la 'pista de baile' sin haber digerido aún el desayuno, sus compadres de los Vecinos del Callejón repitieron la fórmula de usar un grupo de mestizaje como llave de apertura de la programación. Eso sí 'con mucho Karma' como se llama el disco que estrenó la banda de los hermanos Funes con su mezcolanza de ritmos que van del ska al reggae, la metalisteria balcánica o los riffs de rock más acerado, siempre impregnados de palos latinos. Gracias a su agitado y bullicioso directo abrieron el programa con los primeros bailadores: «baila como si no hubiera un mañana» cantan, y ciertamente no había ya mañana, solo tarde y noche.

La ciudad de la música

El Bull fest a pleno régimen es toda una villa, con su mercado de especialidades y servicios, camisetas de todos los artistas (¡si llegan a vender chubasqueros serigrafiados hacen el agosto!), y un sinfín de puestos de proteínas y bebidas (¡y 50 módulos para desbeber!) para atender las necesidades de un gentío cada rato más creciente. Y es que los blablacares este fin de semana descargaron en Granada mucha gente para el festival, así como ha sido difícil encontrar sitio para pernoctar, «y con los precios disparados», comentaba un afectado, que se tuvo que ir al cinturón granadino a pasar estas noches.

Como corresponde a las fechas en que estamos entre el gento que iba llegando había más de una futura novia y/o inminente novio dejándose ver con sus cuadrillas de despedida de soltería; paradójico lugar para celebrar el abandono del celibato, en un festival cuyo logo ¡son un par de cuernos bien puestos!

A la par que Fausto Taranto desplegaban su bandera, esa peineta/calavera tan inquietante, Izal hacían su prueba de sonido y despertaron el interés del público más pop. Los Tarantos fueron, como buen equipo altisonante, de los que más partido le sacaron al poderoso sonido de los escenarios: 115.000w cada uno, lo que hacía (comprobado) perfectamente audible la música desde Santa Fe. La parte técnica del Bull es ya de proporciones superlativas, con dos escenarios gigantes, idénticos y situados en paralelo, y un tercero en formación para los 'pinchas'. De forma que paseando en paralelo a la vía del tren posterior ('tren' un decir) era como si uno se cambiara tres veces de auriculares según iba caminando. Los de Luque e Ihamaele con semejante potencia fueron una apisonadora de flamenco/metal y viceversa.

Al mal tiempo buenas risas

Mientras en el telediario daban el pronóstico del tiempo, y en el Bull se miraba al cielo esperando que no se confirmara, Antilopez, ese dúo onubense de 'chiripop' cambió completamente el tono de la tarde echándole risas a los que se toman la música muy en serio. Se estrenaron en el Bull en formato 'rockband' (¡con Tony Moreno, del grupo progresivo de Jorge Pardo, entre sus acompañantes). En sus delirantes alocuciones en estéreo, llenas de gags, chistes, ironía y verdades como puños la hilaridad brota como maná por rastrojos. Curiosamente cuando cantan, como sucede en algunas murgas carnavalescas, gaditanas y uruguayas, se nos ponen muy serios y rigurosos y hasta filosóficos: «tener es el principio del final del ser»; es la parte cantautora de su «chiripop» tragicómico, «absurdo y depresivo» que en formato supertalla no pierde la capacidad de comunicación.

Amenazaban nubes y lluvia como había asegurado la chica del tiempo, pero a media tarde pasaban por los lados dejando el festival bien soleado en el hueco, y con el sol de cara a Antonio Arco, con su banda nueva… (Pero esa es otra copla). Pegados a los de Huelva y en horario 'on time', Arco hacía una buena pareja con Félix y Miguel Ángel. Ambos llevan el gen sureño y les gusta hablar al público de tú a tú. En el caso del de Huétor «hablando del querer y el cariño de una forma diferente», como dijo. Sus canciones son casi de autoayuda y eso se notaba en la cara de la gente. Material sensible que se queda justo donde empieza la sensiblería y que expone con el poderío de la Fender de Gonzalo Vereda, un tipo que es todo feeling, la habilidad octópoda de Zeke Olmo y Papai Garcia Mario Rodríguez bombeando graves. Un lujo de banda. Y sin solución de continuidad los gaditanos despedían el turno de tarde con su bulla tan bailona como reividicativa, y sin 'na' puesto: «hoy no traemos de na y no hemos visto ningún control en la carretera».

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