Una 'Bohème' para 'voyeurs' llega al Real

El director musical de 'La Bohéme' Paolo Carignani, y Julia Burbach, responsable de la producción en Madrid./Mariscal (Efe)
El director musical de 'La Bohéme' Paolo Carignani, y Julia Burbach, responsable de la producción en Madrid. / Mariscal (Efe)

La escenografía de Richard James deja ver «las tripas» del teatro madrileño y convierte al espectador en un mirón

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Pretender hacer realismo en la ópera es una estupidez». Así lo sostiene Joan Matabosch, responsable artístico del Teatro Real, que se apresta a recibir 'La bohème', la ópera acaso más popular de Giacomo Puccini (1858-1924). Ofrece 19 representaciones de este trágico drama de amor bohemio que fue vapuleado en su estreno hace siglo y medio por una crítica ciega y brutalmente hostil con la naturalidad y belleza de su música. «Es una ópera fallida que no dará muchas vueltas», escribió un negado profeta de la crítica de una pieza que regresa al Real con una versión escénica que deja ver «las tripas del teatro» y convierte al espectador en «voyeur».

Es hoy una de las óperas más programadas y aclamadas en todo el mundo. Lleva 313 representaciones en todo el globo solo esta temporada, con 66 producciones distintas. Una estadística a la que suman las que ofrecerá el Real entre el 11 de diciembre y 8 de enero, en una coproducción con la Royal Opera House y la Lyric Opera de Chicago estrenada en Londres en septiembre. Se ofrecerá gratis a través de Facebook el 29 de diciembre. Un canal que busca un público más joven y que no hace más que dar satisfacciones al teatro. Casi un millón de personas se conectó para disfrutar de 'I puritani', 'El holandés errante' o 'Madama Butterfly' en el ultimo año.

A la batuta, el italiano Paolo Carignani, que debuta en el Real con dos repartos encabezados por las sopranos Anita Hartig y Yolanda Auyanet (Mimì) y los tenores Stephen Costello y Piero Pretti (Rodolfo). La puesta en escena es del británico Richard Jones, pero la dirige Julia Burbach.

Ambientada en su tiempo, 1855, deja ver los entresijos y las bambalinas del teatro, sin ocultar al público cómo se cambian los decorados, cómo son los trabajos de los técnicos tras el escenario para lograr efectos teatrales y cómo los elementos escenográficos «se amontonan en las bambalinas como retazos de vida apiñados en la memoria», según Burbach. «Este montaje supera la la presentación tontamente realista con la que se suele presentar 'La bohéme' y convierte al espectador en un 'voyeur'», asegura Matabosch. Para él, «hacer realismo en la ópera es estúpido y lleva a algo ridículo». «¿Cómo ser realista en un medio en el que los actores se expresan cantando? Se ha hecho infinitud de veces, pero funciona sólo cuando se hace con inteligencia», aseguró.

«Es el drama perfecto», afirma Burbach, que dirige un montaje «aparentemente sencillo, pero complejo, rico en detalles y muy apegado a los cambios musicales». A una partitura también «muy compleja», según Carignano, «pese a su aparente sencillez». «La crítica la vapuleó al considerarla peligrosa, quizá porque la música de Puccini llega al alma directamente y nos pone la carne de gallina, sin filtros ni barreras intelectuales», dice el director italiano.

A partir de 'Escenas de la vida bohemia', de Henri Murger (1882-1861), una serie de relatos autobiográficos publicados en forma de folletín, los dos libretistas y Puccini construyeron un libreto coral en el que cuatro jóvenes artistas bohemios sortean las dificultades económicas y las inclemencias del tiempo con humor e ilusión, buscando su lugar en un París efervescente, bullicioso e invernal.

«Aquellos bohemios sería hoy estudiantes de Erasmus que comparten piso, se enamoran, tiene proyectos y sueños, se enfrentan a la dureza vida con la pérdida de un amigo», dice el director italiano. «Rodolfo podría ser hoy un ingeniero de software en lugar de un poeta o un pintor», plantea Carignani, cambiando los roles en la trágica historia de amor entre Rodolfo y la modistilla Mimì, cuya muerte, inexorable, sorprende a todos y marca el doloroso paso a la vida adulta, con su implacable crudeza y transcendencia.

La génesis y el desarrollo del proceso creativo hasta el estreno de 'La bohème' en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1896 están minuciosamente documentados en la abundante correspondencia entre Giacomo Puccini, su editor y mentor Giulio Ricordi, y los libretistas Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, que iniciaron con esta ópera una tormentosa y fructífera colaboración de la que surgirían también 'Tosca' y 'Madama Butterfly'.

Desde su reapertura en 1997, el Real ha ofrecido 60 funciones de 'La bohème', siempre con la célebre producción dirigida por Giancarlo del Monaco, con escenografía de Michael Scott, estrenada en diciembre de 1998, repuesta en las temporadas 1999-2000 y 2005-2006 y grabada en DVD, con dirección musical de Jesús López Cobos.

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