Más de 10.000 personas disfrutan esta edición del festival Jazz en la Costa

Cierre del Festival de Jazz, repleto de público. / J. J. GARCÍA

El cantante Myles Sanko despidió la trigésima edición del festival sexitano con un concierto de soul sudoroso y espiritual

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

Los treinta años del Festival Jazz en la Costa se culminaron el pasado fin de semana con una apoteósica -por el grado de participación del público-, sesión de soul a cargo del cantante Myles Sanko. Para este concierto hubo que ampliar el aforo del Parque El Majuelo por la demanda de entradas ya que el músico angloghanés cotiza al alza en la Bolsa de la música, tanto que es muy probable que en breve ningún Festival granadino (salvo el de MYD) pueda pagar su futuro caché. No es la primera vez que pasa.

Cerca de 2.000 personas no pararon de bailar y corear los estribillos con este elegante artista al frente de un notable septeto, coros en su mayoría que hacen bueno el nombre de 'alma' del género, por su tono espiritual, de misal pentecostal (se le conoce por 'the lovechild of soul music') y con ese punto góspel de las llamadas y las respuestas. Sanko no paró de interactuar con el respetable con su vozarrón de masculinidad Axe, logrando una alto grado de comunicación, lo que favorecía que cada rato la audiencia se levantara para bailar, y lo terminara haciendo ya completamente en la segunda parte, non-stop, de su concierto.

Como un nuevo Marvin Gaye (al que homenajeó con el mix 'Mercy, mercy me' y 'What's going on') resume toda la tradición de las factorías Motown-Atlantic-Stax; recuerda a los clásicos y con los años podría (en graves) emular a Barry White incluso. Un festín de baile -con pista de lento y de rápido- bajo la luz de una bola de espejos imaginaria de espejos y las bendiciones del cielo. Claro que a la sombra de la barbaridad de concierto de Hiromi y Castañeda, pongas a quien pongas se queda pequeño.

Según los datos de los responsables de Jazz en la Costa, esta edición, reducida a seis conciertos con sus trasnoches (recordemos en los tiempos de bonanza llegó a durar 15 días) ha rozado el total de ocupación, con apenas unas decenas de entradas para el concierto de Tolliver & Farao por encontrar dueño; todos los abonos, en cambio, se han agotado y todas las entradas se vendieron para cinco de los seis conciertos.

Atractivo turístico

Según la contabilidad del festival más de 10.000 personas han asistido a los conciertos del programa central, trasnoches y actividades paralelas. La ampliación de aforo ocurrida con Sanko se tuvo que hacer también para los de Hiromi y Charles Lloyd. Y recuerdan desde Jazz en la Costa que los conciertos de estos mismos artistas en otros festivales españoles son a unos precios sensiblemente más altos (Hiromi en San Sebastián costaba 32 euros y en Almuñécar 18).

Aseguran los organizadores también que el festival contribuye que esta quincena estén los hoteles sexitanos llenos ya que «más del 70% del público que asiste al festival procede de fuera de la provincia de Granada, y este año ha habido solicitud de abonos y entradas desde puntos tan distantes de Almuñécar como los Países Nórdicos o Estados Unidos».

Por último, el director de Jazz en la Costa, Jesús Villalba, destacó la «progresiva proyección de Jazz en la Costa, a pesar de haber tenido que recortar dos días de programación, y la notable difusión que tiene a nivel internacional, manteniendo como señas de identidad una impronta eminentemente jazzística y sobre todo, el apoyo de un público fiel e incondicional, que reserva con un año de antelación sus vacaciones para asistir al Festival».

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