La multitudinaria fiesta de la cultura

Cientos de granadinos y visitantes se agolpan en el entorno de la Capilla Real para entrar en la Catedral y escuchar al coro Manuel de Falla. /Alfredo Aguilar
Cientos de granadinos y visitantes se agolpan en el entorno de la Capilla Real para entrar en la Catedral y escuchar al coro Manuel de Falla. / Alfredo Aguilar

Los granadinos inundaron ayer las calles para disfrutar de una nueva edición de la Noche en Blanco

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZGRANADA

En la roja colina de la Alhambra, colas. En la Capilla Real, con los Reyes Católicos como testigos, colas. En el Centro Federico García Lorca -frótese los ojos, sí-, más colas. Un granadino tras otro, así, hasta el mismo centro de La Romanilla. Fue la constante de una jornada en la que Granada se convirtió por unas horas en una multitudinaria fiesta de la cultura y demostró que puede contar con la gente para el sueño de la capitalidad cultural europea.

Desde primera hora de la mañana miles de granadinos y visitantes se lanzaron a la calle espoleados por el buen tiempo. Hasta 250 actividades distintas, según los organizadores, había previstas en varios puntos del Centro, el Realejo o el Albaicín.

La Bóveda, la tienda que la Universidad de Granada posee junto a la plaza Isabel la Católica, era uno de ellos. Allí la institución organizó a las 11 de la mañana una doble cata de aceite y pan de Alfacar en la que participó una decena de personas. Impartida por la jefa de panel del Seminario de Estudios Gastronómicos y Enológicos, María Luisa Lorenzo Tovar, la profesora de Fisiología Vegetal y subdirectora del Centro Mediterráneo, Vanessa Martos Nuñez, y la técnica de Aceite Amarga y Pica de Granada, Laura Valverde Spínola, los asistentes pudieron conocer las características del aceite de oliva virgen extra.

Los museos también tenían su cuota de protagonismo en la sesión matinal. En el Centro Guerrero, por ejemplos, los visitantes podían disfrutar una exposición inaugurada apenas 24 horas antes y dedicad a los lazos entre literatura y artes gráficas. La Casa de los Tiros, por otra parte, ponía a disposición del público todas sus salas, incluida la que acoge estos días la muestra sobre Manuel Ángeles Ortiz. Sus dibujos y grabados, reunidos bajo una 'Ciudad de prodigios' que homenajea a Juan de Loxa, atraían la mirada curiosa de una cantidad creciente de granadinos y foráneos visitantes.

Con la llegada de la tarde se desbordaron todas las previsiones. Auténticas riadas de personas recorrían las calles hasta el punto de tener que cortar Reyes Católicos. En el Centro Federico García Lorca, por ejemplo, la cola llegaba hasta la mitad de la Romanilla. El público aguardaba pacientemente la entrada -que se realizó en cuotas que rozaban el centenar- mientras el cuarteto musical 'Dos por dos' amenizaba la espera con obras de Manuel de Falla. Dentro, técnicos y vigilantes sonreían. «Vamos a rozar el millar de visitantes... si no lo superamos, claro», comentaba uno de ellos.

En Bib Rambla, la plaza se desbordaba a ritmo de música contemporánea. Los integrantes de la escuela Basmove tenían que hacerse sitio con contorsiones y saltos sin perder la sonrisa. «¿Has visto la cantidad de gente que hay?», le decía atónito uno de los bailarines a otro. Y así era. El anillo de espectadores casi se colaba en las casetas que la Cruz Roja había preparado para los más pequeños. Allí también había saltos y contorsiones y sonrisas atónitas. Niños y niñas se transformaban en leones, mariposas, piratas... «Han pasado por aquí tantos que he perdido la cuenta», decía Ángel Pérez, uno de los voluntarios.

Tampoco era posible hacer cuentas en Pasiegas. Allí el Consistorio había preparado un concierto de la Banda Municipal para hacer oficial esta edición de la Noche en Blanco. Representantes del Ayuntamiento de Granada, con el alcalde Francisco Cuenca a la cabeza, se personaron para disfrutar de un recital de que contó con la colaboración de Osvaldo Jiménez. El cantor fue ovacionado por la masa tras una excepcional interpretación del mítico tango 'Volver'.

Duelo de coros

Se escapaba la tarde y llegaba la noche a la Noche en Blanco cuando a los balcones de La Madraza se asomó el Coro Manuel de Falla. Dirigidos por Jorge Rodríguez Morata, los integrantes de la formación bordaron un programa dedicado a la música renacentista en el que destacaban piezas del genial Juan del Encina. Sus voces, empujadas por una deliciosa brisa, sobrevolaban las numerosísimas cabezas de los espectadores y se iban calle abajo hasta conectar con las del Coro de los Centros de Participación Activa de Personas Mayores, que cantaban en la puerta de la Capilla Real. No estaba previsto, pero la mezcla funcionó. Ágil y divertido, Rodríguez Morata se sirvió de ella para introducir la última canción de su grupo, de tiempos de los Reyes Católicos. «Estas cosas -dijo- también pasaban en la Granada de entonces».

La oscuridad no detuvo a los granadinos, que llenaron salas y locales hasta bien entrada la noche. Por ejemplo, el de las Niñas Nobles, donde el público podía ver imágenes antiguas relacionadas con Lorca, o un Condes de Gabia en el que el público se trasladaba en el tiempo para conocer cómo era un colegio de los antiguos. Fue una noche larguísima, la más larga del año para una Granada que demostró anoche que su candidatura para la capitalidad cultural es cosa seria.

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