Vargas Llosa, del estalinismo al liberalismo

Mario Vargas Llosa./Javier Lizón (Efe)
Mario Vargas Llosa. / Javier Lizón (Efe)

«Prohibir libros y cuadros es antidemocrático», denuncia el Premio Nobel que condena cualquier forma de censura | «La doctrina liberal es el motor de la democracia», dice el escritor, que traza su autobiografía intelectual y política en 'La llamada de la tribu'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Con 18 años fue un comunista de raíz estalinista, convencido de que era la mejor vía para luchar contra la dictadura en Perú. A punto de cumplir 81, es un liberal igualmente seguro de que esta denostada doctrina «es el gran motor de la democracia». Este es el viaje ideológico de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), premio Nobel de Literatura, en 'La llamada de la tribu' (Alfaguara), que muestra el mapa de sus ideas a través de sus máximos referentes del liberalismo. Homenajea y desagravia a los 'siete magníficos' de esta doctrina que defiende con furia la libertad de expresión y condena la censura. «Prohibir libros y cuadros es antidemocrático», denuncia el escritor al ofrecer las claves de su pensamiento.

«El liberalismo no es ideología, que es una religión laica. Es una doctrina que parte de pocas y muy firmes convicciones», plantea. Entre las más destacables para el escritor peruano-español está «la tolerancia, un principio básico liberal que supone aceptar el error propio y el acierto del otro». También la libertad de expresión, cuestionada con el secuestro del libro 'Fariña' o la retirada de ARCO de 'Presos politicos', la obra de Santiago Sierra.

«Prohibir libros y cuadros es profundamente antidemocrático y hay que combatirlo. La cultura debe manifestarse con toda libertad, nos guste o no», es la receta del liberal Vargas Llosa, que combate con ardor cualquier asomo de censura. «La obra de ARCO era una estupidez. Una provocación. Pero retirarla ha sido una locura, un gravísimo error que dio una publicidad extraordinaria a un adefesio», lamentó. «Estoy contra la prohibición de cualquier libro. No debe haber censura», dijo, aclarando que no ha leído 'Fariña', pero que es partidario de que «en democracia, abramos las puertas al pseudoarte y la pseudoliteratura».

Monstruo nacionalista

Con el mismo ardor condena Vargas Llosa la imposición del nacionalismo, una ideología «caduca y dañina» que aún hace estragos. En especial en una Cataluña que «no reconozco» y en la que el Nobel pasó «los mejores años» de su vida. «El monstruo del nacionalismo es antidemocrático, genera un racismo profundo y es fuente de violencia», lamenta. Un «monstruo» que, a juicio de Vargas Llosa, «se ha alimentado en Cataluña, donde se ha inoculado la ideología tóxica de que los catalanes son víctimas de España y que estarían mejor fuera de ella».

Orgulloso de haber encabezado la marcha que dijo 'basta' y plantó cara al avance independentista, cree el escritor que las aguas volverán a su cauce. «Mi esperanza es que haya vuelta atrás, que se imponga el 'seny' y se perciba que el nacionalismo es un anacronismo, sin razón de ser en España y en Europa». Espera que Cataluña vuelva «a encabezar la vanguardia cultural» y que «se combata al monstruo que han creado». A «ese brote insensato, ciego, incierto, inculto y primario que es el nacionalismso». «Basta de de estupideces y de regresiones idelógicas», reclamó.

Antes de hacer estas consideraciones, el escritor y académico repasó su largo viaje ideológico guiándose por la cartografía de los pensadores liberales que arman su nuevo ideario liberal tras el trauma ideológico por el desencanto con la Revolución Cubana y el distanciamiento de las ideas existenciales de Sartre, «el autor que más me inspiró en mi juventud», asegura.

Sus siete amarres liberales son Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel. Todos fueron de «enorme ayuda» para mostrarle «otra tradición de pensamiento» que «privilegia al individuo frente a la tribu, la nación, la clase o el partido», y que «defiende la libertad de expresión como valor fundamental para el ejercicio de la democracia».

«El liberalismo es el verdadero motor de la democracia y de sus grandes logros», sostiene con entusiasmo. «Le debemos las mayores transformaciones y avances en ámbitos como los Derechos Humanos, la igualdad de oportunidades, la separación de Iglesia y Estado, la libertad de prensa, expresión y opinión, el reconocimiento de la mujer, el derecho del individuo a elegir su destino», enumeró.

Lamenta que «la izquierda lo caricaturice como neoliberalismo, que no sé lo que es, y lo presente como conservador y reaccionario». Ha escrito este ensayo «para defender al liberalismo de las calumnias y las mentiras» que demonizan «una de las formas más extremas y radicales de contribuir a que la democracia signifique civilización». También «para homenajear a pensadores que me han ayudado mucho a ver claro dónde se veía confuso y a situarme», aseveró.

«Es mi autobiografía intelectual e ideológica, desde el marxismo y el socialismo, del entusiasmo por la Revolución en Cuba al desencanto con Fidel, la confusión y la incertidumbre, a la revalorización de la democracia y el gran entusiasmo por la doctrina liberal», explicó quien fuera militante estalinista «en una célula en la que éramos pocos, pero bien sectarios».

Margaret Thatcher le descubrió a Hayek y le condujo a Popper en los años 70, que pasó en Londres. En plena revolución thacherista leyó «con entusiasmo y deslumbrado» 'La sociedad abierta y sus enemigos' de Popper, «el libro de un sabio, el que más me marcó, erudito, claro y asequible». Comprendió «que se puede aprender del error y corregirlo, que es una idea liberal». «Esa es la historia de la democracia, algo que no permiten los autoritarismos, posible con las reformas liberales que han hecho avanzar la democracia desde el siglo XVIII al XXI», insistió.

«Me convertí en un liberal y lo que defiendo y crítico desde entonces tiene que ver con esta doctrina que admite muchas discrepancias y defiende las ideas fundamentales para que la sociedad avance», reiteró un Nobel que no quiere etiquetas. «No llevo un cartelito diciendo qué soy y qué no soy. Me pronuncio a través de mis actos, mis artículos y unas opiniones que me definen. Pero, vamos, soy un demócrata, liberal y antinacionalista en contra de las dictaduras».

Recaditos a Rajoy, Zapatero y Rivera

Evidenció su simpatía por Albert Rivera y se mostró irónico con el PP. «¿Hay liberales en España? ¿Están seguros?», se preguntó. «Ciudadanos se declara liberal y es un gran progreso, pero en el poder no hay ningún partido liberal ni nadie que actúe cómo tal», 'regaló' los oídos de Mariano Rajoy.

«Trump no es un liberal -advierte-, los liberales de verdad están contra el 'brexit'». «Sería catastrófico que el payaso de Berlusconi volviera a triunfar en Italia, para echarse a llorar, como las elecciones en Venezuela, que serán una farsa, un fraude monumental que solo puede defender gente tan ingenua como José Luis Rodríguez Zapatero», dijo, repasando otras realidades políticas.

Vargas Llosa cree que el artículo que le ha dedicado The New York Times es «justo en lo político», pero lamenta, y mucho, «que haya chismografía». «Es la prueba de que los periódicos más serios se abren a la chismografía porque hay demanda en la sociedad. Me resigno protestando contra la civilización del espectáculo», concluye este habitual de las portada de 'Hola' desde que es pareja de Isabel Preysler.

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