Los universos opuestos de Javier Reverte

Javier Reverte presenta su nueva novela. /EP
Javier Reverte presenta su nueva novela. / EP

El escritor viaja hasta el Ártico y Tierra de Fuego para plasmar en 'Confines' la vida de estos lugares «tan distintos»

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Hay sitios todavía misteriosos y donde el tiempo pasa de largo. Como las islas noruegas de Svalbard, situadas en el círculo ártico. Allí, cuatro meses después de que se suicidara Adolf Hitler, una unidad del ejército alemán se rendía a un pesquero. Habían estado durante un año recopilando información meteorológico y no se habían enterado de la rendición. Siete décadas después, ese lugar mantiene un aire misterioso que atrae a los curiosos y a los científicos.

Javier Reverte (Madrid, 1944) lo quiso comprobar y se enroló con un grupo hispano-noruego de investigación para viajar por esas latitudes próximas al Polo Norte. Después, deambuló por Tierra de Fuego. Unas experiencias que Reverte ha plasmado en 'Confines' (Plaza & Janés), un libro sobre dos universos diferentes. «Las diferencias son enormes. En el sur nunca ha habido vida humana y en el Ártico están los inuit desde hace más de mil años», señala.

Reverte también destaca que hasta en la exploración hay más literatura de la Antártida -Scott o Shackleton- que del norte. Pero en los dos sitios, la huella del hombre comienza a hacer estragos. En Tierra de Fuego, con los castores. «Alguien en los años 40 pensó que era buena idea introducir el animal para vender sus pieles. Pero no hay ningún depredador que acabe con ellos y se han multiplicado por miles. Están arrasando con todo»,explica el autor, que apreció los estragos del cambio climático y la contaminación de los mares en su viaje en el buque noruego. «No me explico la acción de los políticos. No tiene corazón ni tampoco cerebro. Soy muy pesimista con el futuro del planeta», recalca Reverte, que reconoce que vivir viajando relativiza los problemas caseros. «Importa poco si Puigdemont quiere ser presidente o no», señala con humor. «Es más importante la tortilla de patata», añade. «El himno nacional debería ser a la tortilla de patata», dice entre risas.

El autor reconoce tener ganas de viajar, una sensación que le ocurre siempre que está un tiempo quieto. Y para patearse el planeta, es necesario «viajar como un local». «Te gastas en tres meses lo mismo que un mes en Benidorm», destaca. Y da un truco para dormir en algunos lugares donde la higiene, como la entendemos, brilla por su ausencia: «Junta la cama a una pared y deja en la otra punta de la habitación la comida. Los bichos irán allí».

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