«Se me han tirado al cuello»

Javier Moro, con el libro de la polémica, 'Mi pecado', entre sus manos./EFE
Javier Moro, con el libro de la polémica, 'Mi pecado', entre sus manos. / EFE
Javier Moro

El escritor niega que 'Mi pecado', su novela sobre la vida de Conchita Montenegro, sea «un robo»

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Javier Moro asegura, con resignación, que está acostumbrado a las polémicas. Cuando publicó la novela 'El sari rojo', sobre la vida de la dirigente política indio-italiana Sonia Gandhi, vio en televisión cómo se quemaban carteles con su cara en Nueva Delhi al grito de 'Muerte a Moro', aunque cuando por fin llegó al mercado, la novela fue un éxito. «Pero a mí me gustan las polémicas cachondas, la de esta vez ha sido cutre», cuenta el escritor madrileño (1955).

La polémica «esta vez» ha saltado con 'Mi pecado', ganador del Premio Primavera 2018 y publicado por Espasa. Su nueva obra cuenta la historia de la actriz española Conchita Montenegro, que se convirtió en una estrella en el Hollywod de la primera mitad de la década de los 30 y cuya vida estuvo llena de avatares. Hasta hace unos meses, solo un libro, 'El vuelo del Ibis', escrito por José Rey Ximena, había contado esta historia. Pero ahora coinciden dos: el de Moro y uno publicado unos meses antes, 'Mientras tú no estabas', de Carmen Ro.

La «coincidencia», dice Moro, ha aventado acusaciones de «robo». «¿Que he robado qué? ¡Qué gilipollez! Ese libro salió cuando me quedaban 25 páginas para acabar el mío y yo no lo leí porque existe un axioma: nunca leas algo parecido a lo que tú estás escribiendo porque te puedes contaminar, puede que una frase te salga parecida y hay que evitar eso. No lo leí, para mí fue un libro inexistente», se defiende el escritor. «A mí me contó la historia mi amigo José Rey Ximena en 2006, yo dejé que decantara porque estaba con otros proyectos, y tiempo después, Cristina Morató, que estaba escribiendo 'Divina Lola', me volvió a hablar de Conchita Montenegro. Entonces me puse con mi libro», continúa.

Moro reconoce que su error fue afirmar, en la rueda de prensa en la que el jurado hizo público el veredicto del Premio Primavera, que no había ningún libro sobre Montenegro. «A partir de ahí se me han tirado al cuello, me han puesto verde, y no veo razón. Si no usé ese libro, no tenía que citarlo, pero decir que le he quitado el tema a alguien me parece tan pueril», insiste el escritor, que no cree que la controversia vaya a perjudicar, o a ayudar, a su novela. «Lo que importa es que a la gente le guste y si le gusta y la historia está bien contada, funcionará», agrega Moro.

La protagonista de 'Mi pecado', Conchita Montenegro', fue una actriz española que se fue a hacer las Américas a finales de la década de los 20. El Hollywood de aquella época era «la nueva Babilonia», explica Moro, por la cantidad de gente diversa que pululaba por los estudios de cine. «Se hacían rodajes múltiples para los múltiples mercados: una misma escena la grababan primero actores norteamericanos; después, con la misma ropa y el mismo escenario, iban los franceses, luego los italianos, los polacos, los alemanes y los españoles», cuenta el escritor. Fue la primera etapa dorada de Hollywood: con el 'crack del 29', el cine proporcionaba un lugar barato para que las familias olvidaran sus penurias. La ciudad californiana se convirtió en una «fábrica» que necesitaba mano de obra, así que la capital del cine reclutó a artistas de todo el mundo, incluyendo españoles: junto a Conchita Montenegro llegaron Edgar Neville, Jardiel Poncela, Xavier Cugat o Luis Buñuel, entre otros muchos.

«Se adaptaron al cachondeo, pero no al trabajo», bromea Moro. «Buñuel, por ejemplo, estuvo un año y no hizo nada. Pero eso sí, crearon un círculo de españoles que se reunía en el bar Henry's y que se codeaba con lo mejor del cine», añade. Por las páginas de Moro pasan John Houston, Clark Gable, Greta Garbo o Leslie Howard, el actor más conocido de la época, amante y gran amor de Conchita Montenegro y protagonista, también, de la «Historia con mayúscula», como Moro llama al momento de la trama en que lo grande y lo pequeño se unen. «En 1942, el primer ministro británico, Winston Churchill, envió a Howard a España para transmitirle un mensaje a Franco: 'Alemania va a perder la guerra y cuando esto acabe, tu régimen va a necesitar aliados'», narra el escritor.

Unos años antes, en 1935, apareció el doblaje, y los actores extranjeros ya no fueron necesarios. Los españoles, al volver, encontraron un país en llamas, con la guerra a punto de estallar. Algunos se exiliaron, otros se adaptaron al régimen. Entre 1942 y 1943, Montenegro fue, junto con Imperio Argentina, la gran actriz española: rodó cuatro películas, con el favor del público. Un éxito que choca con las circunstancias de su muerte. Falleció en 2007 en una residencia y a su entierro asistieron solo doce personas. «Pero su vida fue apasionante», culmina Moro.

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