En tándem a Marruecos

Juanma y Sergio Aznárez pedalean durante el viaje que les llevó desde Cuenca hasta el Atlas marroquí./R.C.
Juanma y Sergio Aznárez pedalean durante el viaje que les llevó desde Cuenca hasta el Atlas marroquí. / R.C.

Juanma y Sergio Aznárez, que nació ciego y es autista, plasman en un libro su viaje desde Cuenca a las faldas del Atlas

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Juanma quería hacerle un regalo a su hermano Sergio. Un regalo muy particular. Una locura. De esas locuras que se hacen cuando uno es joven: ir en bicicleta desde Cuenca hasta Marruecos. El motivo era ver a Mati. Una amiga de Sergio. La chica de las pulseras que hacía sonar cuando se acercaba a Sergio siendo un niño. Y siempre lo hacía con una sonrisa y diciendo cosas bonitas. Siempre alegre para ese pequeño tan especial. El primero que nació sin globos oculares en ese hospital madrileño durante 1986. Pero además, Sergio es autista. Se lo diagnosticaron cuando apenas tenía seis años.

«Cuando era un bebé, me lo imaginaba de mayor sentado en un sillón, en su mundo. Pero ahora tiene una vida propia. Es un privilegio tenerlo en mi vida», dice Mari Ros Rosado, madre orgullosa de Sergio y de Juanma, que dio forma de libro a la aventura de sus dos retoños. Ese manuscrito se presentó al premio Feel Good organizado por Plataforma Editorial y la obra social de La Caixa. Y venció entre 510 trabajos presentados para impulsar el optimismo. Un libro que cuenta dos viajes. El primero, el que hicieron Juanma y Sergio a través de más de 1.300 kilómetros hasta la recóndita aldea de Tunerhir. El cineasta Juan Rayos plasmó esta experiencia en un documental que ha viajado por medio mundo (Rusia, Brasil, China, Filipinas, Polonia, Colombia, Egipto, Estados Unidos o Argentina) desde que se estrenó en el Festival de Málaga hace dos años.

El segundo trayecto es más introspectivo. «Es el de Sergio, un bebé que nace sin ver y que se enfrenta a un mundo desconcertante», añade la madre, que decidió escribir este proyecto vital como si fuera Sergio, para expresar lo que su hijo mayor no puede explicar. Porque si es por hacer, Sergio no para quieto. Nada, asiste a clases de yoga, recibe clases de piano y percusión y es capaz de recitar algún poema de Pessoa. «Soy feliz», dice con una sonrisa y pensando, tal vez, en nuevos viajes.

Porque la aventura no termina en el tándem por Marruecos. Los dos Aznárez han regresado hace poco de Estados Unidos, donde han recorrido parte del gigantesco país en bicicleta disfrutando de cada pedalada, de cada momento.

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