Art Spiegelman: «El cómic ya no es el hijo bastardo del arte»

'Autorretrato', obra del artista estadounidense Art Spiegelman. /
'Autorretrato', obra del artista estadounidense Art Spiegelman.

El llamado «padre de la novela gráfica», creador de 'Maus', reclama a los críticos que pongan al cómic «a la altura de Picasso»

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Cuenta Art Spiegelman (Estocolmo, 1948) que los cómics han sido el eje de todo lo que ha aprendido en la vida. «Aprendí a leer con 'Batman', aprendí de sexo con 'Archi', aprendí feminismo con 'La pequeña Lulú' y aprendí filosofía con 'Snoopy'», dijo el miércoles ante un nutrido auditorio del madrileño Museo Reina Sofía. Pero desde su infancia ha tenido una revista como guía de su vocación de dibujante. Se llama 'MAD' y la estudiaba «como otros niños estudian el 'Talmud', porque siempre ha reivindicado a la historieta como algo de identidad propia, con derecho a codearse con el arte de primer nivel. Por ella hoy soy lo que soy».

Art Spiegelman trabajó en los años sesenta del siglo pasado bajo el seudónimo de Skeer Grant. A finales del otoño de 1968 se vio aquejado de una breve, aunque grave, crisis nerviosa que le llevó al psiquiátrico. Aunque recobró la salud ese mismo año, poco después del alta se produjo el suicidio de su madre y Spiegelman, quizá por razones de tipo terapéutico, empezó una febril producción de tebeos en una línea vanguardista e introspectiva, que publicó en la prensa alternativa. De esa época son sus obras 'Funny Animals', 'Bizarre Sex 'y 'Roxy Funnies'. En 1980 fundó junto a su esposa, la francesa Françoise Mouly, la revista 'Raw', en la que participaron historietistas de vanguardia americanos y europeos, y ahí publicó por entregas la obra que le reportó fama mundial, 'Maus'. Esta obra atrajo una atención inusitada en el mundo del cómic, llegando a ser expuesta en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). En 2004 realizó 'Sin la Sombra de las Torres', donde ofrece su particular visión del ataque terrorista a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y las secuelas psicológicas que acarreó el atentado.

La conferencia del autor de 'Maus', donde pinta a los nazis como gatos y a los judíos como ratones, fue un recorrido por la historia del cómic y la «tortuosa» relación de ilustradores con los museos. «Hasta hace poco, los cómics sólo pasaban breves temporadas dentro de los recintos artísticos y enseguida se marchaban. Desde hace poco, por fortuna, están cada vez más presentes. Lo único que falta es que los críticos de arte pongan al cómic a la altura de Picasso», expresó el autor, que combina imágenes y texto en sus libros.

El libro que elevó la historieta a novela gráfica fue también el que restableció la comunicación entre Art Spiegelman y su padre, Vladek, el preso número 175113 de Auschwitz. «Ya había hecho lo más difícil, que era reunirme con él, antes no nos hablábamos, pero en las entrevistas teníamos un micrófono que nos protegía. Pensaba que me iba a llevar dos años y tardé 13 y tampoco sabía el desgaste emocional que me iba a suponer», recordó. «Fue una forma de recuperar la relación. Su muerte me acercó a él y Maus, también».

Spiegelman habló desde un atril mientras una sucesión de viñetas transcurría en una pantalla gigante. Hizo hincapié en que los tebeos están destinados un público inteligente. «Son el nexo entre la edad infantil y la adultez. Antes se pensaba que eran obras para niños y para adultos tontos. Pero desde que en 1985 se les bautizó como 'novela gráfica' se convirtieron en algo 'cool'. Hace casi 30 años empezaron a llamarme 'el padre de la novela gráfica', pero yo exijo una prueba de paternidad», subrayó al tiempo que provocó risas entre el auditorio.

El dibujante definió su trabajo como «un mix» porque «así queda claro que mezclo imágenes y texto. He echado mano de Picasso, por ejemplo. De su 'mujer fatal' y del 'Guernika'. Así combiné el gran arte con el arte popular. Y los párrafos con los diálogos, claro», precisó el hombre que obtuvo el Premio Pulitzer en 1992 por su viaje artístico al horror del Holocausto.

Art Spiegelman es un asiduo portadista de la revista estadounidense 'The New Yorker'. Su primera vez en el mítico semanario fue en febrero de 1993. Dibujó a un hombre judío besando a una mujer negra y la polémica se desató. «Con esa viñeta mi intención era unir a ambas minorías, pero no tuve mucho éxito. Los judíos dijeron que el hombre tenía unos labios muy lascivos. Y los negros lo interpretaron en plan 'otra vez un blanco propasándose con una negra'. Hubo alguien que pensó que, en realidad, el judío, con su barba y su sombrero, era Abraham Lincoln besando a una esclava. En fin, buena parte de la riqueza del arte reside en sus múltiples interpretaciones», narró para deleite de las cientos de personas que lo escuchaban.

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