Así fue la primera visita de Wolfe a España en 2013

Tom Wolfe, durante su visita a Barcelona./Vicens Gimenez
Tom Wolfe, durante su visita a Barcelona. / Vicens Gimenez

El escritor viajó a nuestro país para presentar la novela 'Bloody Miami'| «El mundo se divide el entre los que mandan en el patio y los que pringan, como los periodistas», decía en 2013

CRISTIAN REINOBarcelona

En 2013, Tom Wolfe (Richmond, 1931), escritor, padre del nuevo periodismo, gentleman y sarcástico cronista de EE UU, visitaba España por primera vez para presentar su nueva novela. Esta fue la crónica:

Comparece ante la prensa mientras el mundo despide a Nelson Mandela. «Es un símbolo que va más allá de la libertad de Sudáfrica, un icono de los cambios que vive el mundo», afirma. «Por primera vez la sociedad está liderada por quienes hace años ni hubiéramos imaginado», señala. Ahí están Barack Obama, primer presidente negro de su país, o el recién escogido alcalde de Nueva York, que como recuerda Wolfe, es blanco, casado con una mujer negra que reconoció ser lesbiana en el pasado y con dos hijos de estética 'afro'. «Es perfecto; el mundo está cambiando y también os pasará a vosotros», advierte a los europeos, a quienes considera -sobre todo a monarquías parlamentarias como la española o la británica- sociedades que no han superado el sistema de clases y que «nunca han votado a alguien que va contra el grupo dominante». Vestido de blanco impoluto, como siempre, con su aire aristocrático y su acerado sentido del humor, juega con la prensa, a la que devuelve preguntas y augura un difícil futuro. Desde su experiencia como relator en primera persona de acontecimientos clave del siglo XX como la revolución cubana, Wolfe pone a la ciudad de Miami como ejemplo de los cambios que vienen, y que Europa se encontrará de bruces.

Es la única urbe de América, y quizá del mundo, según Wolfe, donde una población llegada de otro país, con otra cultura y otra lengua, se ha adueñado del territorio en sólo una generación. Y lo demuestra en las urnas y ejerciendo el poder. Los cubanos de Miami ya no son solo los Tony Montana que retrata Brian de Palma en 'El precio del poder'. Ahora pisan moqueta, como el alcalde Tomás Regalado, nacido en La Habana. Esta urbe en la que impera el poder latino es el escenario de su última novela, 'Bloody Miami' (Anagrama). Narra la historia de Ed Topping, periodista enviado a reconvertir el 'Miami Herald' en un periódico digital, sin edición en papel, y lanzar 'El Nuevo Herald' para el público latino. Se topará con John Smith, joven periodista que persigue la exclusiva de su vida -alter ego de Wolfe-, y Néstor Camacho, joven policía cubano-americano nacido en Miami, que se expresa mucho mejor en inglés que en español, y protagonizará la exclusiva de John.

Periodismo clásico, corrupción, mafia y escándalos políticos arman la novela, fiel al mordaz y despiadado estilo Wolfe, que traza su retrato de Miami y de la inmigración cubana. Y eso que quiso retratar otra comunidad, la vietnamita, muy numerosa en California, pero se lo impidió no hablar ni leer su idioma. Así que desempolvó el español aprendido en La Habana revolucionaria para firmar su crónica de la América de hoy, como hizo con 'La Hoguera de las vanidades' y la ciudad de Nueva York.

La primera visita del maestro Wolfe a España dio para mucho. En casi hora y media ante los medios exhibió un humor fino, desgranó anécdotas y habló de la salud del periodismo, cuyo futuro será una sorpresa, que juzga mas oscura que esperanzadora. También de sus dudas sobre la Unión Europea, de su particular visión de la vida y de Thomas Jefferson, tercer presidente de EE UU.

El escritor, que de joven fue jugador de béisbol y apoyó a George W. Bush, divide el mundo «entre los que mandan en el patio y los que pringan». Y los periodistas están, a su juicio, en el sector el de los pringados. Su teoría sobre las diferencias entre hombres y mujeres también es singular: «Los hombres se preocupan de muchas cosas. Nunca hablan, por ejemplo, con un desconocido en el baño, no vayan a pensar que es gay y quiere ligar. Las mujeres en cambio son todo lo contrario; en un lavabo hablan como locas», afirma el siempre provocador Wolfe.

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