"La literatura molesta porque hace al hombre más valiente"

JUAN DE LOXA POETA

Entrevista publicada en IDEAL el 3 de abril de 2016 en la sección 'Entre libros'

Loxa, en su biblioteca./GONZÁLEZ MOLERO
Loxa, en su biblioteca. / GONZÁLEZ MOLERO
JOSÉ ANTONIO MUÑOZGranada

El céntrico piso donde habita Juan de Loxa cuando a Granada llega es un auténtico museo de los honores. Porque su vida ha sido un honor continuo: honor de compartir mesa, mantel y confidencias con lo más granado de la literatura del 27 y del 50; honor de haber tenido a genios como Dalí muy cerca; honor de haber defendido a capa y espada, o a letra y palabra, la memoria y la vida de Federico García Lorca, porque una no se entiende sin la otra.

Arribar a su biblioteca es sumergirse en un ecosistema donde las artes se entrelazan, interactúan e irradian modernidad. Aquí, un paragüero lleno de bastones con cabezas zoomorfas. Allá, una dedicatoria de Alberti: "Azul y verde / rosa y morado / el aire que te lleva / no me ha olvidado", que escribió el marinero en tierra sobre una figura de bailaora con un talle de avispa. Loxa es incansablemente innovador, y sus armarios de libros lo proclaman.

Comenzó a leer en su Loja natal –la biblioteca se llamaba, cómo no, Francisco Franco– gracias al bibliotecario, José Arenas, padre del hoy cronista oficial, "que me dejaba llevarme los libros a casa, aun los más valiosos". "Mi primer libro fue "El Quijote", pero leído como el "Ulises" de Joyce, sin saber que existía Joyce ni el "Ulises". Un Quijote sin pastas, que abría por cualquier sitio. Es un tópico decir que fue mi primera lectura, pero ¿qué culpa tengo yo?", comenta.

Piensa que los libros, a veces, escogen a sus lectores. "Cuando vamos a una librería de viejo y buceamos entre sus anaqueles, algunos oímos a veces una voz que nos dice: "Llévame", o nos paramos en el volumen chiquito, humilde, que intenta abrirse paso entre dos gigantes, y que muchas veces, como Hércules, o como Sansón, es capaz de tirar abajo esas columnas y abandonar ese rincón oscuro para ver la luz".

De Loxa afirma que los libros "te hacen, te diseñan, te modelan", y echa buena parte de culpa de lo que hoy es a lecturas como "Alondra de verdad", de Gerardo Diego; a los escritos de "Clarín" y de Gabriel Miró, y por supuesto, a aquella primera edición en "papel biblia" de las obras completas de Lorca, alumbrada por Aguilar en 1955, y que tuvo prestada más de un año en casa.

Adopción animal

El poeta vuelve a caer en el tópico, y a refocilarse incluso gozosamente en él, al afirmar que el primer libro que conformó su colección fue un ejemplar de "Platero y yo" que le regaló su abuela, descendiente del general Narváez. Y fue su otra abuela, Dorotea Écija, la que proveyó su primer mueble-biblioteca, y por el que pagó un saco de garbanzos. Mucho más de lo que Esaú recibió por ceder su primogenitura a Jacob.

Ya crecido, pasó al otro lado del espejo para convertirse en bibliotecario del Sacromonte. Recuerda con cierta sorna la visita de Manuel Fraga y José Antonio Girón, y su búsqueda en las librerías de D. José, donde Falla recogía la correspondencia ("le compraba con mi paga libros primorosos"), y en la del señor Tarifa, en la calle Elvira, que le daba ejemplares raros, y que en una cuartilla que aún conserva le decía: "El joven Juan García es un buen muchacho que viene vivaracho por nuestra librería. Yo auguro a Juan de Loxa García que será persona de valía".

La música de estas letras nos devuelve al presente, mientras en el reproductor de discos compactos, que comparte espacio con el Revox donde aún escucha cintas de "Poesía 70", suena Carlos Cano y su "No me llames Dolores" entre fotos de Malena, Imperio Argentina en el siglo, que fue una de las grandes amigas del poeta.

Para Loxa, no hay una literatura, sino muchas. "Hay libros como cuerpos, y libros como hombres, y seres humanos que son un libro abierto, mientras que otros necesitan un señalador para marcarles las páginas". Por eso, afirma, "los libros guían a tantas personas. Por eso, la quema de libros de caballerías de "El Quijote", la del cardenal Cisneros en la plaza de Bibrrambla, o la de "Farenheit 451", no son muerte sino renacimiento. A veces, la literatura molesta porque hace al hombre más valiente".

Duelo al sol

Aprecia De Loxa las letras de José Mallorquí o Marcial Lafuente Estefanía porque "para quienes se subían al andamio con ellas en el bolsillo trasero de su pantalón significaban libertad y un asidero". Como eran la libertad "Roberto Alcázar y Pedrín" o "Pancho dinamita", a pesar de ser diseñadas para glosar al Régimen, o aquellas películas folletinescas de Cifesa, que tanta curiosidad despertaron. Y que tienen su reflejo en series como "Isabel" o "Carlos, rey emperador", "que nos están haciendo preguntarnos por el papel histórico que ambos personajes tuvieron, y eso lo estamos encontrando en la letra impresa".

Afirma que libros como "El buscón" de Quevedo; "Rinconete y Cortadillo" de Cervantes; "La Celestina" –pecar con ella sigue siendo un lujo seis siglos después, dice– o la "Rayuela" de Julio Cortázar, no deben faltar en ninguna biblioteca, y tampoco las letras de 091 o las "Navidades radiactivas" de TNT. Él es así. Un libro en vida, o una vida de libro.

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