Lecturas subterráneas

El sistema de transporte lleva más de un siglo inspirando a autores de todos los países del mundo | Ezra Pound, Alexander Kaletski, Raymond Queneau, Dmitri Glujovski o Donato Ndongo son algunos de los que han escrito sobre el metro

Poesía, novela, teatro... No hay género literario que no se haya acercado al metro como fuente de inspiración./RAMÓN L. PÉREZ
Poesía, novela, teatro... No hay género literario que no se haya acercado al metro como fuente de inspiración. / RAMÓN L. PÉREZ
PABLO RODRÍGUEZGranada

El metro lleva más de 150 años ejerciendo fascinación sobre todos aquellos que se han cruzado en su camino. Desde que por primera vez viera la luz en Londres, el misterio de su viaje, oculto en las entrañas de la tierra, y su imagen como símbolo de cambio en las ciudades se han convertido en fuente de inspiración para creadores de todo tipo.

Aunque es el cine el arte en el que la presencia del metro como escenario e incluso como personaje mejor ha sido tratado, es en el ámbito literario donde más huellas ha dejado el sistema de transporte que ahora acaba de implantarse en Granada. Poesía, novela, teatro... Prácticamente no existe género que, de alguna manera u otra, no se haya subido a los vagones con la esperanza de transformar la realidad del lector.

Son numerosos los autores que se han inspirado en este sistema de transporte. Entre los más famosos hay candidatos al Nobel como Ezra Pound, que escenificó uno de sus trabajos tempranos en una estación de metro, o figuras de actualidad como Dmitri Glujovski, autor de la saga 'Metro' que tanto impacto ha tenido en la literatura 'mainstream' y que ha logrado dar el salto al mundo de los videojuegos gracias a la portentosa adaptación del estudio ucraniano 4A Games.

En muchos casos, el metro es más que un escenario literario; es símbolo, metáfora

Ambos, Pound y Glujovski, conforman el 'alfa' y el 'omega' de una lista larguísima en la que figuran también novelistas como Alexander Kaletski, que enterró en 'Metro' algunos aspectos de su propia biografía y que permite a los lectores recorrer el universo moribundo de la Unión Soviética de los años 80 del pasado siglo, o Raymond Queneau, que rindió honores al surrealismo parisino de comienzos del siglo XX en un 'Zazie en el metro' desternillante y loco que llevó a los lectores por una París de posguerra antes de dar el salto a las pantallas de cine.

Otra de esas figuras es Donato Ndongo, uno de los autores africanos más relevantes de las últimas décadas. Con 'El Metro' , un título que fue reeditado recientemente tras conquistar las listas de éxito a comienzos del presente sigo, el autor hace una invitación novelada a ponerse en la piel del otro, a interesarse por la vida de aquellos que se han jugado el tipo por cruzar el Estrecho de Gibraltar para huir de lo terrible. Y está Federico Abad, que propuso en 'Metro' un poemario lleno de movimiento, que respiraba vida y que logró conquistar al jurado del premio Eladio Cabañero de poesía en el año 2011.

Más que un escenario

En todas las historias, y en muchas otras que quedan en el tintero, el vagón se convierte en algo más que un escenario. Es un símbolo. Para Ndongo, por ejemplo, es el lugar en el que los personajes, pertenezcan al estrato que pertenezcan, se encuentran. Es el espacio en el que las miradas se encuentran y donde toman cuerpo las ideas que subyacen: la incomprensión, la insolidaridad, el desinterés... Un espacio en el que el ser humano es máquina y viceversa.

Glujovski a su vez emplea el sistema de Moscú como último refugio, escenario en el que se muestran las pasiones y la verdadera esencia de lo humano: el enfrentamiento entre iguales, la avaricia, el ansia de poder, la codicia... Es la vida misma, una imagen apocalíptica de la existencia en la que los mutantes también tienen un papel metafórico dentro de la obra.

También para Queneau el vagón subterráneo es símbolo. En la novela, que se adentra en la necesidad de la protagonista de recorrer las entrañas de la capital francesa, el metro es metáfora del deseo insatisfecho, de la fragilidad de la felicidad, de lo fugaz de su presencia. Porque, como bien planteó el autor galo, al final ella solo recorrerá los túneles del metro una sola ocasión, al final del libro, con los ojos cerrados por el peso del sueño.

Bibliotecas en movimiento

Los vagones del subterráneo no son solo protagonistas de historias; también a lo largo del tiempo se han transformado en bibliotecas improvisadas. Aunque lógicamente el metro de Granada no haya protagonizado aún ninguna actividad literaria de este tipo, los subterráneos de Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Málaga o Sevilla sí han sido escenario de sueltas de libros y han permitido a sus usuarios encontrarse cara a cara con las palabras de poetas y novelistas. En otras ocasiones, los propios muros y paradas se han convertido en soporte literario para los creadores. El caso más cercano, por la selección, es el del metro de Milán, que hace tan solo unos meses iniciaba un proyecto para llevar los poemas de Federico García Lorca a las estaciones.

Sin embargo, si por algo destacan los vagones es por su facilidad para erigirse como nuevos puntos de lectura. El tiempo gastado cotidianamente en el transporte puede ser usado para encontrarse con una buena historia y muchos ven en este motivo una de las causas, aunque no la más importante, del despegue en los últimos tiempos de géneros como el aforismo o el relato corto. La cuestión ha alcanzado el punto en que existen publicaciones específicamente creadas para ser leídas en este medio de transporte. La más conocida, quizá, la de la editorial Navona: 'Cuentos breves para leer en el metro'.

Granada se suma ahora a la lista de ciudades con metro, una posición que no solo transforma el transporte metropolitano. Es también la puerta de entrada, quien sabe, a la producción de nuevas historias en una urbe especialmente literaria.

La distopía futurista de Dmitri Glujovski 'Metro 2033'

Probablemente la saga 'Metro' de Dmitri Glujovski sea la más famosa de todas las obras inspiradas por el subterráneo en la actualidad. Los tres libros -'Metro 2033', 'Metro 2034' y 'Metro 2035- han logrado dar el salto desde el papel a las pantallas y se han convertido en videojuegos con enorme éxito. Ideados por el novelista ruso, la serie se construye en un futuro distópico y apocalíptico resultado de un terrible conflicto nuclear de escala global. Los supervivientes de Moscú deciden resguardarse del ambiente tóxico en las estaciones del Metro, donde configuran unas estructuras de poder propias y diferenciadas que asemeja cada parada a una taifa o 'ciudad-estado'. Facciones de uno y otro lugar se enfrentan por la dominación del sistema de transporte mientras ponen freno a una raza mutante que pretende la exterminación de la humanidad. Con cierta resonancia a 'Soy leyenda', el terrorífico mundo creado por Glujovski ha logrado fascinar a millones de lectores y jugadores de todo el mundo.

Un viaje por Moscú 'Metro', o la transformación vital de Alexander Kaletski

Para Sasha, el protagonista de 'Metro', todo empieza y termina en el subterráneo. Un viaje por la gran red de Moscú, gloria y orgullo de la construcción comunista, es el regalo al cumplir siete años, un paseo por las entrañas de la capital de la Unión Soviética y que le sirve para descubrir el fin último de su vida: triunfar como actor. Con un punto autobiográfico que no puede eludirse, 'Metro' es la gran obra de Alexander Kaletski, una novela que sumerge al lector en los claroscuros del sueño soviético a través de la trayectoria escénica de Sasha. El autor confecciona una trama en la que participan personajes que tienen a la vez un punto surrealista y trágico: Toiling, un héroe de guerra soviético reconvertido en disidente comunista; Stas, un pícaro bromista homosexual; Andrewlka, estraperlista e informante del KGB; y Youssef, un delirante estudiante de intercambio con extrañas obsesiones. Y Lena, el gran amor de Sasha y la mejor compañera imaginable para viajar en metro.

El haiku subterráneo de Pound 'In a Station of the Metro'

Las pasiones fagocitaron a Ezra Pound y, con él, desgraciadamente, también su obra. El poeta norteamericano, una de las figuras más relevantes de las letras del siglo XX, es quizás el escritor que mejor trabajo haya dejado sobre el sistema de transporte subterráneo. Y curiosamente es el más breve; apenas un poema con catorce palabras en el que el autor muestra su capacidad para sintetizar emociones. 'In a station of the Metro' -'En una estación de metro'- es el nombre del poema, un trabajo en el que el estadounidense pone el objetivo sobre las multitudes del metropolitano con las que se cruza. Los usuarios son confrontados con la imagen de unos pétalos sobre una rama oscura y húmeda. Es una tremenda metáfora en pequeño formato, elaborada sobre una estructura que se asemeja al haiku japonés, que con el tiempo se ha convertido en una de las joyas más conocidas de la producción de Pound. Escrito en 1913 y publicado en el volumen 'Poesías II' del autor, hoy sigue sonando como nuevo.

Lo que esconde la mirada de Donato Ndongo 'El metro'

¿Qué esconde la mirada del inmigrante con el que muchos se cruzan a diario en el metro? Esta es la pregunta que trata de responder 'El metro', una de las novelas más conocidas de Donato Ndongo. El escritor guineoecuatoriano desarrolla una trama en la que el protagonista es Obama Ondo, un solitario vendedor ambulante que recorre a diario las diferentes líneas del metro de Madrid. En la novela, soledad vital aparte, el autor despierta los fantasmas de la violencia -que a tantos empuja a subirse en un cayuco- o la pobreza endémica -hija de las circunstancias que Occidente propone aún hoy en África-. A través de Ondo, el autor pone el objetivo también en la miseria del paraíso español: la herida de la trata de blanca, la distancia con la raíz, el desprecio de las miradas ajenas, la invisibilidad del inmigrante. 'El metro', de Donato Ndongo, es quizá una comprometida llamada de atención sobre los migrados y una invitación magnífica a respetar y valorar a las personas con las que nos cruzamos a diario.

El viaje con los ojos cerrados de Queneau 'Zazie en el Metro'

«No veo por qué la gente de la estación de Austerlitz va a oler peor que la de la estación de Lyon. No, no hay motivo. Y, sin embargo, ¡qué olor!». Son las primeras líneas de 'Zazie en el metro', un viaje fascinante y surrealista que encumbró al éxito a Raymond Queneau. El autor francés, más conocido por el gran público por la novela 'Los últimos días', fue otro de los que cayeron cautivados por el subterráneo. Con los vagones parisinos como telón de fondo, el escritor retrata la París de medios del siglo XX, una urbe cosmopolita, delirante y absurda en la que Queneau pone en acción a una serie de personajes divertidos y deformados a lo Valle Inclán. Escrita con un sentido del humor ilimitado, la novela destaca también por el uso de giros y juegos de palabras que la han convertido en uno de esos libros malditos para los traductores. En cualquier caso, es una invitación a sumergirse en las entrañas de la capital francesa y soñar con recorrerlas, aunque sea con los ojos cerrados.

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