José Manuel Jiménez: «La literatura es uno de los últimos territorios salvajes»

José Manuel Jiménez./
José Manuel Jiménez.

'Hombre sin fin' es la primera novela del activo gestor cultural y director de 'marketing' del diario 'La Verdad'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Todo ser humano necesita un relato a través del cual trata de comprender lo que le rodea». Sobre esta certeza ha construido José Manuel Jiménez Romera (Murcia, 1971) su primera novela, 'Hombre son fin' (Ed. Balduque). Habla también del duelo, la culpa, el machismo, la manipulación, el dominio y la sumisión social. De la impunidad en las redes y arbitrariedad en nuestros juicios, sus consecuencias y responsabilidad. Una panoplia de temas inquietantes para Jiménez, activo gestor cultural y director de 'marketing' del diario 'La Verdad' de Murcia, que escribe casi desde que tiene uso de razón, pero hasta ahora no había vencido el pudor para citarse cara a cara con el lector.

Jiménez se deja llevar de «una necesidad casi física» de «traducir los hechos incomprensibles a una narración». «A un relato con buenos y malos, y sin zonas grises ni desconocidas», explica. Eligió esa fórmula «porque me reconocí preso de esa necesidad al analizar las preguntas que me martilleaban acerca de una experiencia del pasado de la que no tenía explicación», precisa. «'Je suis Emma Bovary', decía Gustave Flaubert. Y cuentan que en el momento en que su personaje, Madame Bovary, tomaba el arsénico que acabaría con su vida, Flaubert vomitó», evoca el autor cuando se le pregunta si escribir es explicarse la propia o vivir otras vidas.

«Para entender a los demás es preciso entenderse primero a uno mismo», reitera. «La novela es una excelente herramienta para pensar el mundo, para plantear problemas y analizarlos a través del comportamiento de los personajes» dice Jiménez, que roba horas al sueño y la familia para tratar de solventar con la literatura estas cuestiones.

No hace concesiones al lector, convencido como está de que «La gran literatura siempre incomoda e inquieta». «Incluso las novelas de aventuras, las memorables, que podrían parecer más complacientes, tienen varios niveles de lectura. 'Los viajes de Gulliver' son, por ejemplo, una sátira de la política inglesa de la época», destaca un autor cuya máxima es «no engañarme y no engañar al lector».

«La literatura que me interesa es la que interpela al lector sobre los hechos y temas que le inquietan y lo sitúan frente al espejo», dice. «En una sociedad polarizada, cada vez más buscamos rodearnos únicamente de quienes se asemejan a nosotros, de seres afines que nos reafirman», asegura el escritor murciano. Un fenómeno visible, a su juicio, «en las relaciones sociales, en unos círculos intelectualmente endogámicos en las redes sociales, y con los medios de información que consumimos...». «La literatura es, por fortuna, una gloriosa excepción a todo eso. Uno de los últimos territorios salvajes en el que adentrarnos», plantea.

Quizá para dejar claro en territorio en el que su adentra, su novela se abre con una cita del Nobel sudafricano J.M Coetzee. «De él me interesa todo, pero, especialmente, sus planteamientos éticos», asegura. «En la narrativa de Coetzee hay toda una galería de protagonistas que no persiguen los ideales con los que se conforma un orden social: la justicia, el amor... Son personajes desconcertantes para el lector por no perseguir lo que podríamos catalogar como 'el bien', o, más en concreto, que no se dejan doblegar a cambio de la aceptación social. Que se enfrentan valientemente a su singularidad, la admiten, y no luchan por corregirla» explica. «Digamos que optan por autoexcluirse de lo social y el protagonista de 'Hombre sin fin' podría englobarse dentro de esa categoría», admite.

Irredento viajero como su admirado Gulliver, solitario vagabundo por el Tíbet o el Japón al que se apresta a volver, cree que «el viaje interior es tan necesario y revelador como el físico». «La literatura, claro está, también va de eso, de la necesidad transformadora del viaje. Esa sería, también, la diferencia sustancial entre viajar y hacer turismo. El viajero, que no el turista, incorpora siempre ese viaje interior que le trasforma». Lo dice alguien para quien viajar es como escribir, «una necesidad fisiológica y un ejercicio de escapismo».

Escritor nocturno «para robarle a los míos el menor tiempo posible», hace malabares para batallar con la página en blanco «entre la felicidad y la extrañeza». «Cuando se trabaja en jornada partida y además se tiene familia, el secreto está en no dormir. Y en tener una libreta sobre la mesilla de noche. Repetirse mil veces la misma frase por no levantarse no es un buen plan», dice risueño.

Desde hace más de una década Jiménez Romera viene desarrollando diversos proyectos de gestión cultural en su región, en la que ha producido y dirigido numerosos espectáculos artísticos en eventos culturales. Creó y se encarga de la dirección artística del Festival de Artes Rendibú y está al frente de iniciativas de dinamización cultural como la promoción de artistas a través del programa 'Apoya Tu Escena'.

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